Habitantes de la cabecera municipal de Lázaro Cárdenas han comenzado a solicitar con urgencia la realización del Loj Kaaj, ceremonia sagrada de territorialidad y purificación destinada a alejar enfermedades, “malos vientos” y muertes trágicas. La petición surge tras el incremento de accidentes viales, fallecimientos por distintas causas y una preocupante ola de suicidios que ha generado inquietud entre la población.
Ante este panorama y el profundo arraigo de las tradiciones mayas, Donaciano Poot Chan, presidente del Consejo Supremo Maya, informó que se consultará a un Jmeen (sacerdote maya), quien realizará una evaluación espiritual para determinar si es necesario repetir el ritual completo o únicamente reforzar los trabajos ceremoniales hechos anteriormente.
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La preocupación aumenta debido a que el último Loj Kaaj oficial se celebró en enero de 2024. Aunque algunos consideran que este resguardo espiritual debe renovarse cada cuatro años, la gravedad de los hechos recientes ha llevado a numerosos habitantes a pensar que la protección del pueblo se ha debilitado y requiere renovarse antes del plazo previsto.
De acuerdo con los usos y costumbres de la región, sucesos como los suicidios de jóvenes por ahorcamiento y el aumento de accidentes en motocicleta, muchos relacionados con el consumo excesivo de alcohol, no son interpretados solo como problemas sociales, sino también como señales de un desequilibrio espiritual y de la presencia de los llamados k’ak’as iik’ o “malos aires”, capaces de alterar la armonía comunitaria.
Dentro de la cosmovisión maya, cuando el territorio pierde su resguardo espiritual, las energías negativas afectan principalmente a las personas más vulnerables. Sin embargo, las autoridades tradicionales subrayan que la respuesta debe ser integral: fortalecer el diálogo familiar, brindar orientación a la juventud, impulsar actividades deportivas como el basquetbol y el voleibol, además de restaurar el equilibrio espiritual mediante las ceremonias correspondientes.
El Loj Kaaj, cuyo significado se relaciona con la protección del pueblo, es una práctica ancestral transmitida por generaciones desde hace más de un siglo. Su propósito es solicitar la protección de los Yumtsilo’ob (señores del monte) y los Báalamo’ob, guardianes invisibles de los cuatro puntos cardinales, para establecer un cerco espiritual alrededor de la comunidad.
El antecedente más reciente ocurrió en enero del 2024, cuando integrantes del Consejo Supremo Maya realizaron la ceremonia recorriendo los principales accesos de Kantunilkín. Los trabajos comenzaron en el Centro Ceremonial Maya, ubicado en la colonia Miguel Borge Martín, desde donde los dignatarios, encabezados por el rezandero tradicional Secundino Pat, visitaron los cuatro puntos cardinales del poblado: la salida hacia Chiquilá, la carretera rumbo a Quintana, el camino hacia El Ideal y el acceso oriental cercano al centro ceremonial. El quinto punto correspondió al propio recinto ceremonial, considerado el núcleo espiritual de la comunidad.
En cada sitio se levanta una cruz de madera que representa a un Balam protector. Durante la ceremonia se ofreció copal, oraciones en lengua maya y español, así como sak’a, bebida preparada con masa de maíz y agua, para pedir salud, protección de los viajeros, bienestar para los animales y abundancia en las cosechas.
Las actividades concluyeron al día siguiente con la preparación del choco’ob, platillo tradicional de pollo, y del noh huaj o hoh huaj, pan ceremonial de maíz horneado en un pib, horno subterráneo utilizado en la tradición maya. Como parte del ritual, los hombres elaboran y hornean el pan sagrado, mientras las mujeres preparan los alimentos en espacios separados, respetando las normas ancestrales. Posteriormente, los alimentos son bendecidos con vino de balché y compartidos por toda la comunidad como símbolo de unión.
Pese a la importancia del ritual celebrado en el 2024, los dignatarios reconocen que no se realizó conforme a la tradición completa, ya que únicamente se acudió a las cuatro entradas principales sin recorrer toda la periferia del poblado. Además, señalan que tampoco se dio seguimiento a la costumbre de acudir cada cuatro meses a encender veladoras en las cruces limítrofes para mantener activo el resguardo espiritual.
Según testimonios de habitantes de las zonas periféricas, desde entonces han vuelto a escucharse lamentos, silbidos y sonidos extraños durante las noches. Dentro de la tradición local, estas manifestaciones son interpretadas como advertencias de la presencia del “mal aire”, asociado con enfermedades, desgracias y luto.
Ante la preocupación de las familias por detener la pérdida de vidas, Donaciano Poot Chan reiteró que en los próximos días se consultará formalmente al Jmeen, quien determinará si la protección establecida en 2024 mantiene su fuerza o si resulta indispensable organizar un nuevo Loj Kaaj. En caso de ser necesario, se iniciará la recolección de insumos, flores, aves y demás elementos ceremoniales para realizar nuevamente el ritual con el propósito de devolver la paz, la armonía y la tranquilidad a las familias de Kantunilkín.