Yucatán

Mérida vuelve a estar en riesgo de inundaciones ante nuevas lluvias y posible Ciclón en el Golfo

Tras las inundaciones registradas en mayo, Mérida vuelve a enfrentar una prueba para su infraestructura pluvial, con el suelo saturado y nuevas precipitaciones en el pronóstico.

Las condiciones del terreno podrían favorecer nuevos encharcamientos e inundaciones en Mérida
Las condiciones del terreno podrían favorecer nuevos encharcamientos e inundaciones en Mérida / Por Esto!

Ciento cincuenta litros de agua por cada metro cuadrado: es la lluvia máxima que el Servicio Meteorológico Nacional (SMN) pronostica para el poniente de Yucatán mañana miércoles 7 de octubre, y para el norte y el poniente del estado el jueves 8. Mérida conoce de sobra lo que ocurre cuando el cielo se descarga: en el episodio extraordinario de finales de mayo, el Ayuntamiento de Mérida contabilizó 221 calles inundadas en 159 colonias y fraccionamientos.

Frente a eso, la posible formación de un ciclón tropical en el Golfo de México mantiene bajo vigilancia a las autoridades de Yucatán, aunque hasta ahora los pronósticos no muestran una trayectoria directa hacia la Península.

El sistema, identificado como AL92, y que podría transformarse en el ciclón Isaias, se encuentra sobre el suroeste del Golfo y aumentó rápidamente su potencial de desarrollo. El Centro Nacional de Huracanes de Estados Unidos reportó ayer una probabilidad de formación de 60 por ciento durante las próximas 48 horas y de 80 por ciento en siete días. 

La previsión más reciente establece que una depresión tropical podría formarse hacia la parte media de esta semana, conforme la perturbación adquiera mayor organización. Por ahora genera lluvias y tormentas eléctricas dispersas y las condiciones atmosféricas son apenas favorables para su fortalecimiento.

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Los modelos contemplados por el Centro Nacional de Huracanes indican que el sistema tenderá a moverse lentamente hacia el este durante los próximos días y posteriormente giraría hacia el norte. Ese escenario alejaría gradualmente el centro de la perturbación de la Península, aunque la trayectoria todavía puede modificarse mientras el fenómeno permanezca poco organizado.

Por ello, no existe hasta ahora una amenaza de impacto directo para Yucatán, pero eso no significa que el estado quede fuera de sus efectos, los cuales se sentirían hacia el fin de semana.

Suelo ya empapado

La lluvia llega, además, sobre suelo ya empapado. Entre la noche del viernes y el fin de semana; en Tizimín, una tormenta de unas tres horas dejó calles anegadas, una camioneta atrapada y cortes de luz en varias colonias; y en Mérida las tormentas siguieron el domingo sobre el poniente, el centro y el norte. El arquitecto Fernando José Alcocer Ávila, presidente del Colegio de Arquitectos de la Zona Metropolitana de Mérida, explica por qué importa: tras dos días de lluvia intensa, el subsuelo y el manto freático se saturan, la absorción se reduce y los encharcamientos se prolongan.

Ahí está el nudo de fondo. Mérida no tiene ríos ni escurrimientos superficiales: el agua de lluvia se desaloja por rejillas, zanjas y pozos que la infiltran al subsuelo. Si el terreno no traga, la calle se llena. La norma municipal exige un pozo por cada 350 metros cuadrados de área tributaria, pero esa capacidad se rebasa cuando muchos predios sacan su agua a la vía pública y cuando la ciudad pierde superficie permeable. Como referencia, datos de 2018 ubican a Mérida en 6.3 metros cuadrados de áreas verdes por habitante, frente a los nueve que recomienda la Organización Mundial de la Salud.

Inundaciones urbanas

El riesgo, por otra parte, no era una sorpresa. El Programa Especial de Protección Civil para la temporada 2026, fechado el 1 de abril, fijó como escenario base de planeación lluvias intensas de corta duración, con inundaciones urbanas, encharcamientos severos y saturación del drenaje pluvial, sobre todo en zonas metropolitanas como Mérida. El 27 de mayo, la propia Coordinación Estatal de Protección Civil advirtió de inundaciones urbanas rápidas en Mérida, Umán, Kanasín, Progreso y Hunucmá por la limitada capacidad de drenaje en algunas zonas. Días después, el balance del Ayuntamiento confirmó la advertencia.

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Ese balance incluye 667 reportes ciudadanos, 159 colonias y fraccionamientos afectados, 221 calles con agua y más de 3.1 millones de litros retirados con diez cuadrillas, ocho desazolvadoras, seis pipas y más de 500 trabajadores municipales. Entre los asentamientos atendidos figuraron Estrellas del Sur, Santa Teresa, Las Palmas, partes de Emiliano Zapata Sur y San Antonio Xluch, en el sur de la ciudad; se abrieron refugios en Emiliano Zapata Sur II y San José Tecoh, donde se resguardó a 27 personas.

La respuesta del episodio de mayo fue bombeo y limpieza cuando el agua ya estaba en la calle.

Avances graduales

¿Qué se ha construido desde entonces? Los informes municipales muestran un avance gradual: de 2,276 sistemas de drenaje pluvial y 16 aljibes en el balance de diciembre de 2025, a más de 2,386 sistemas y 19 aljibes, de hasta 40 mil litros cada uno, en el de junio. A esa fecha se reportaban además 6,486 rejillas limpiadas, 4,184 pozos desazolvados, 85 pozos en perforación y 60 más anunciados.

El 30 de junio, el Ayuntamiento presentó una estrategia con jardines de lluvia y biosistemas, cinco puntos prioritarios —la glorieta de Ciudad Caucel, Residencial del Norte, la colonia Miguel Hidalgo, Mérida 2000 y Juan Pablo II— y la meta de concluir 120 pozos pluviales en zonas de alto riesgo. La actualización del mapa de zonas de riesgo quedó entre las acciones de largo plazo. Los reportes consultados no precisan cuántas de estas obras estaban terminadas al llegar el temporal.

A la infraestructura se suma un enemigo conocido: la basura. Carlos Estrella Escalante, expresidente del Colegio de Ingenieros Civiles de Yucatán, atribuyó los encharcamientos del Centro Histórico, sobre todo, a residuos que tapan rejillas y pozos, y que vuelven a ensuciarse a los pocos días de limpiarse.

Alcocer va más lejos. Sostiene que el esquema actual inyecta al acuífero, sin filtro, el agua que arrastra de las calles basura, heces y lubricantes, y propone sumar campos de captación o aguadas con filtros, así como cisternas que reutilicen el agua para riego de camellones y jardines. Es el debate de fondo: no solo cuántos pozos se perforan, sino si un modelo que confía todo su desagüe al subsuelo alcanza —y es seguro— para el acuífero del que se abastece la ciudad.

Fuera de la capital, el programa estatal identifica tres tipos de zonas con inundación recurrente: la franja costera, el Cono Sur y los encharcamientos urbanos en depresiones kársticas o calles pavimentadas. Para auxiliar a la población, el estado reporta 1,240 refugios municipales y 31 estatales. Sin embargo, el sistema de alertamiento escalonado por colores que detalla el programa está diseñado para ciclones tropicales, y la amenaza de esta semana es, ante todo, de lluvia.

Protección Civil recomienda no cruzar calles inundadas, no tirar basura en la vía pública, mantener limpios desagües, alcantarillas y azoteas, alejarse de cables caídos y reportar emergencias al 911. En Mérida, los reportes por encharcamientos pueden hacerse al 999 924 4000 o al 070.

Lo que ocurra en las calles el miércoles y el jueves será la primera prueba, con este temporal, de si las obras anunciadas en junio alcanzan. La segunda, de si la ciudad puede seguir confiando todo su desagüe al subsuelo.