Mientras la mayor parte de los habitantes dormía, en algunos hogares la madrugada transcurrió entre rezos, veladoras encendidas y ofrendas preparadas con amor y devoción para recibir, según las creencias, a las ánimas de los difuntos que regresan al mundo terrenal para reencontrarse con sus familiares durante las celebraciones del Janal Pixán.
Detrás de cada altar hay recuerdos, momentos compartidos y ausencias que permanecen en la memoria. Por ello, preparar los alimentos, encender las velas y dedicar un rosario se convierte en una manera de demostrar que quienes partieron continúan ocupando un lugar importante en la vida de sus seres queridos.
De acuerdo con las creencias de las familias que conservan esta costumbre, los rezos se realizan durante la madrugada porque es el momento en que las ánimas pueden tener la gracia de las ofrendas y recorrer sus antiguos hogares sin ser molestadas, mientras sus familiares permanecen despiertos para recibirlas mediante oraciones.
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En el silencio de la noche, entre plegarias, recuerdos y aromas de la comida tradicional, varios hogares de la ciudad se convierten en espacios de encuentro espiritual, donde la ausencia física de los difuntos da paso a la esperanza de sentirlos cerca una vez más.
Una de las familias que mantiene viva esta tradición es la Pech Dzul, cuyos integrantes comenzaron sus rezos a las 4:30 horas como parte de las actividades que cada año realizan para recibir a sus difuntos.
El pasado sábado dedicaron sus oraciones a los niños fallecidos, mientras que el amanecer de ayer correspondió el turno a los adultos.
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Héctor y Martha Pech compartieron que esta práctica forma parte de la herencia cultural recibida de sus antepasados y que procuran conservarla mediante la preparación de los altares y la realización de los rezos.
Esta tradición también permanece vigente en el hogar de la familia Pech Martín, cuyos integrantes prepararon un altar sencillo, pero lleno de significado, con panes, chocolate y otros alimentos dedicados a sus difuntos.