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Yucatán

En riesgo de desaparecer el Viacrucis más largo de Yucatán: 9 kilómetros de historia y fe olvidada

Abandono y deterioro amenazan el histórico Viacrucis entre Hunucmá y Tetiz.

Las cruces entre Hunucmá y el santuario de la Pobre de Dios son un testimonio religioso e histórico
Las cruces entre Hunucmá y el santuario de la Pobre de Dios son un testimonio religioso e histórico / Por Esto!

La Semana Santa ha sido desde siempre la ocasión para la manifestación de diversas devociones y tradiciones que muchas veces pasan inadvertidas, pero que si se pone atención revelan historias que se han olvidado y que sería bueno rescatar para las futuras generaciones, según expresaron los habitantes.

Una de ellas es la de las cruces colocadas en el camino que une a los municipios de Hunucmá y Tetiz y que representan las 14 estaciones del Viacrucis; es decir, los momentos que vivió y recorrió Jesús rumbo a la colina del Gólgota para ser crucificado.

Estas cruces, cuyo origen se remonta a varios siglos, conforman el que se considera el Viacrucis más largo de Yucatán, incluso de la Península, pues son poco más de 9 kilómetros desde la salida de Hunucmá hasta el templo parroquial de San Bernardino de Siena y santuario de la Virgen María, conocida como la Pobre de Dios, ubicado en el Centro de Tetiz.

Considerado un patrimonio religioso para la grey católica, hoy día este camino de cruces está en peligro de desaparecer pues varias de ellas están deterioradas, descuidas o, de plano, se han destruido.

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Es por ello que algunas personas opinan que se deberían recuperar estos vestigios que hablan de una fe ancestral y una devoción que surgió en el siglo XVIII.

Origen

De acuerdo con algunos cronistas, el origen de este Viacrucis se remonta al siglo XVIII, debido a la devoción pasionaria de fray Francisco de San Buenaventura Tejada y Diez de Velasco, un religioso español perteneciente a la Orden de San Francisco, nacido en Sevilla, España y muerto en Guadalajara, Nueva Galicia, Virreinato de Nueva España. Fue obispo auxiliar de Santiago de Cuba y obispo de Yucatán, fundó el Seminario Conciliar de San Ildefonso, institución educativa del siglo XVII antecesora de la Universidad Autónoma de Yucatán. Más tarde también fue obispo de Guadalajara.

De acuerdo con los relatos, todas las tardes de los viernes iba hasta el pueblo de Tetiz para pernoctar y ofrecer la misa en la mañana del sábado ante los pies de la Virgen María, conocida como Nuestra Señora de Tetiz, del que era especialmente devoto. Al parecer, las cruces que marcaban las estaciones ya estaban colocadas o quizá algunas fueron instaladas por decisión de este obispo.

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El historiador y obispo Crescencio Carrillo y Ancona en su libro Obispado de Yucatán tomo II, refiere: “Comenzaba la Cuaresma del año de 1885, cuando una mañana salimos de la villa de Hunucmá que encabeza la parroquia tomando dirección a Tetiz… A poco del camino… nos llamaron la atención acerca de la primera de las Cruces del Calvario del Sr. Tejada, las que por su orden continuaron ofreciéndose a la vista, de trecho en trecho, hasta llegar al término del viaje”.

“Algunas de ellas habían sido retocadas, pues el pueblo todo tiene particular y piadoso interés en su conservación, levantando las que se caen y renovando las que se destruyen por la acción del tiempo; pero otras varias mostraban tales indicios de secular antigüedad, que no es dudoso, que siquiera unas pocas, pertenezcan al tiempo del santo prelado que las erigió”, continúa el histórico texto.

El obispo Martínez de Tejada gobernó la diócesis de Yucatán de 1745 a 1752 y fue entonces cuando, según dicta la piadosa y solida tradición, reconoció en la Virgen de Tetiz a una humilde mendiga que un sábado de adviento le pidió una limosna en la puerta del convento de Loreto, en Sevilla, España. De ahí el nombre dado por el pueblo de la Pobre de Dios.

Dada la devoción del obispo, se rezaba el Viacrucis en la tarde del viernes, día señalado en la semana para contemplar la Pasión de Cristo y se hacía el recorrido entre las dos poblaciones con las cruces como indicadoras de da estación.

Han pasado más de dos siglos y medio desde que se instalaron aquellas en ese trayecto y los vestigios están a punto de desaparecer.

Es gracias a la religiosidad que algunas se han reinstalado, probablemente para a completar las destruidas, pero la gente opina que se deberían recuperar todas.

Cada cruz es diferente y responde al gusto o intención de quien las colocó. Las hay con nichos bien construidos y otras son tan simples como un tronco entre piedras.

La importancia de estos pequeños altares es que son vestigios del primitivo Viacrucis y dado que es la única registrada en la historia local como la más larga, es necesaria su restauración para recuperar este patrimonio de la historia regional y religiosa.