El canibalismo entre animales de granja, el cual se da cuando individuos de una misma especie se atacan o consumen entre sí, es un fenómeno más frecuente de lo que se piensa. Aunque suele relacionarse con situaciones extremas, desde el punto de vista biológico se trata de una conducta que puede surgir por estrés, competencia por recursos o desequilibrios en los sistemas de producción.
Especialistas en etología y producción animal han documentado este comportamiento tanto en especies terrestres, como gallinas, cerdos y conejos, como en especies acuáticas cultivadas en acuicultura, entre ellas peces y crustáceos. En todos los casos, el origen está relacionado con la forma en que los animales responden a su entorno.
El biólogo especialista de la Universidad Autónoma de Yucatán Isaías Dzul explicó a POR ESTO! que en la naturaleza el canibalismo no siempre es considerado una conducta anormal. Desde la biología evolutiva se entiende como una estrategia oportunista de supervivencia que puede aparecer cuando el acceso a alimento o espacio es limitado.
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“Al consumir individuos de su misma especie, el animal obtiene proteínas y energía disponibles de manera inmediata. En algunos ecosistemas naturales esta conducta también cumple una función reguladora al reducir la competencia por recursos”, señaló.
No obstante, en sistemas de producción intensiva los factores que detonan este comportamiento pueden multiplicarse. Uno de los más estudiados es el estrés provocado por la alta densidad poblacional. Cuando demasiados animales comparten un espacio reducido, aumenta la agresividad y la competencia por alimento, agua o refugio.
En aves de corral, por ejemplo, el fenómeno conocido como picaje puede escalar hasta el canibalismo cuando las gallinas atacan heridas o zonas sensibles de otros individuos. En cerdos ocurre algo similar con el mordisqueo de colas, conducta que puede derivar en lesiones graves entre los animales.
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Desde el punto de vista fisiológico, el estrés genera cambios hormonales que elevan los niveles de cortisol y alteran los patrones normales de comportamiento, lo que incrementa la agresividad dentro del grupo.
El especialista también señaló que la alimentación influye de forma importante en la aparición de este comportamiento. Cuando los animales presentan deficiencias de proteínas, minerales o aminoácidos esenciales, pueden desarrollar conductas anómalas como mecanismo para compensar esas carencias nutricionales.
En granjas avícolas se ha observado que dietas con bajo contenido de proteínas o sodio incrementan el picaje entre gallinas. De manera similar, en peces cultivados la falta de alimento suficiente o de buena calidad puede provocar ataques entre individuos.
Desde la perspectiva biológica y productiva, el canibalismo suele interpretarse como una señal de desequilibrio en el sistema de manejo. Por ello, las estrategias para prevenirlo incluyen controlar la densidad de animales por área, garantizar dietas equilibradas, separar individuos por tamaño en sistemas de acuicultura, mejorar las condiciones ambientales y reducir fuentes de estrés.
Para los especialistas, comprender las causas biológicas de este comportamiento permite diseñar sistemas de producción más estables y sostenibles. Aunque el canibalismo tiene raíces naturales en la evolución de muchas especies, su aparición dentro de las granjas suele indicar que el entorno en el que viven los animales requiere ajustes en su manejo.