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Mal de Chagas avanza en Yucatán: hasta 60 mil personas portarían el parásito y la mayoría no lo sabe

Se ha comprobado que hay una abundancia del pic transmisor del mal de Chagas durante la estación cálida y seca en Yucatán, de abril a junio.

Yucatán se mantiene entre los estados con presencia constante de la Enfermedad de Chagas
Yucatán se mantiene entre los estados con presencia constante de la Enfermedad de Chagas / Especial

Sesenta mil personas. Esa es la estimación de cuántos yucatecos cargan hoy el parásito Trypanosoma cruzi en su cuerpo. La mayoría no lo sabe. No tienen síntomas, no han sido buscadas por el sistema de salud y probablemente no lo sabrán hasta que un banco de sangre, una cirugía o un infarto inesperado los delate.

Ayer, 14 de abril, Día Mundial de la Enfermedad de Chagas, Yucatán no tuvo mucho qué celebrar: figura entre los siete estados con mayor incidencia en el país, sus casos confirmados se triplicaron en un año y representa casi el 10% del total nacional. Y aun así, no existe en México un programa obligatorio que salga a buscar a los infectados.

El culpable tiene nombre en maya: el pic. Una chinche café, nocturna, que vive en las grietas de las paredes, pica en la cara mientras se duerme y defeca sobre la herida para completar el contagio. No duele. No despierta a nadie. Y en Yucatán, con su vegetación tropical y sus veranos de 40 grados, se reproduce con una eficiencia que alarma a investigadores.

Lo más grave no es el insecto. Es el silencio que viene después: el parásito puede vivir décadas en el organismo sin dar señales, agazapado en el músculo cardíaco, hasta que el corazón sencillamente falla. Para entonces, el tratamiento ya no cura. Sólo contiene. Yucatán tiene el problema, tiene los investigadores que lo documentan y tiene el medicamento gratuito en sus clínicas. Lo que no tiene es la urgencia institucional para encontrar a quienes lo necesitan.

El enemigo que nadie ve venir

En Yucatán, el vector principal es el Triatoma dimidiata, conocido popularmente como pic o chinche besucona. Esta especie está ampliamente distribuida en la región tropical mexicana, desde el Golfo de México hasta la Península de Yucatán y transmite la enfermedad de Chagas.

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El mecanismo de contagio es tan mundano como perturbador: el insecto pica de noche, preferentemente en el rostro –de ahí su apodo de besucona– y al alimentarse defeca sobre la piel. Si sus heces contienen el parásito y la persona se rasca, las excreciones ingresan por la herida o las mucosas. El daño está hecho, aunque la víctima no lo sabrá quizás por décadas.

Se ha comprobado que hay una abundancia de este insecto durante la estación cálida y seca en Yucatán, de abril a junio. Precisamente la temporada en la que vivimos ahora.

Con más casos, y razones preocupantes

Los números son contundentes. Los casos del mal de Chagas se triplicaron en Yucatán en el 2023, con el registro de 18 hasta el 1 de abril de ese año (13 fueron hombres y cinco mujeres); al mismo corte del 2022 se reportaban apenas siete. En el 2024, la tendencia no cedió. En lo que iba de ese año registró 17 casos, apenas uno menos que el año anterior. Los casos en Yucatán representaron el 9.7% del total nacional de 175.

En el 2025 se confirmaron 48 casos de enfermedad de Chagas en el estado, mientras que en el actual 2026 se reportan ocho, hasta el 4 de abril. Yucatán comparte con San Luis Potosí el séptimo lugar nacional de casos acumulados en el año; encabezan la lista Oaxaca (16), Puebla y Veracruz (15 cada uno), Tamaulipas (13), Chiapas y Jalisco (11 cada uno), Hidalgo (10) y Morelos (9).

El reporte estatal de la Secretaría de Salud detalla que entre el 29 de marzo y el 4 de abril una mujer presentó el padecimiento en etapa aguda y un hombre en fase crónica. Pero detrás de estas cifras oficiales hay una verdad más inquietante: los casos confirmados son apenas la punta del iceberg. Se estima que más de 60,000 mil personas en el estado tienen el padecimiento. El contraste entre ambos números revela la profundidad del subregistro.

Etienne Waleckx, del Instituto Francés de Investigación para el Desarrollo, explicó que de 100 personas infectadas se diagnostica a 10, y de esas 100, sólo una recibe tratamiento.

La urbanización empujó el insecto a la ciudad

Durante décadas, el Chagas fue considerado una enfermedad del campo. Una dolencia de comunidades mayas, de casas con techo de huano y paredes de bajareque. Ese estigma ya no corresponde a la realidad.

Especialistas señalan que el incremento ha ido a la par con el crecimiento urbano en zonas rurales. La urbanización y las altas temperaturas hacen que migren las chinches besuconas y cada vez se ven más afectados sus depredadores.

La doctora Lilia Solís Farfán, del Issste Yucatán, lo explica con claridad: somos nosotros quienes hemos invadido el hábitat del pic. Las ranas, zarigüeyas, las lagartijas que se comían a estas chinches han retrocedido ante el avance de los fraccionamientos, y el insecto ha encontrado en las grietas de los muros nuevos y en los solares urbanos un refugio inesperado.

En marzo del 2024, una vecina de la colonia Los Héroes, en Mérida, reportó haber encontrado la chinche besucona dentro de su dormitorio. En días posteriores se reportaron avistamientos en Ciudad Caucel, Tixcacal y Kanasín.

La cardiopatía que nadie sospecha

La consecuencia más grave del Chagas es también la más tardía y la más esquiva: la cardiopatía chagásica. Entre un 20 y un 30 por ciento de las personas infectadas desarrollarán complicaciones cardíacas. El corazón se va dilatando sin avisar, los ritmos se alteran, y cuando la persona finalmente llega a urgencias, el daño puede ser irreversible.

No existe vacuna para la enfermedad de Chagas. El mal es casi 100% curable si se trata en sus etapas iniciales con los medicamentos Benznidazol y Nifurtimox. El problema es que, en la mayoría de los casos, cuando se diagnostica ya es tarde para curar. Sólo queda gestionar el daño.

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El costo de atender médicamente a pacientes con formas cardíacas, digestivas, neurológicas o mixtas crónicas de la enfermedad es más de un 80% superior al costo de fumigar con insecticida residual para controlar los vectores y prevenir la infección. La prevención, una vez más, es infinitamente más barata que la atención.

La carencia: el sistema que no busca

El dato más revelador sobre la respuesta institucional al Chagas en Yucatán no está en lo que se hace, sino en lo que no se hace. No hay un programa obligatorio en el país que busque Chagas en el tamizaje neonatal. Incluso en mujeres con casos confirmados, no existe un programa que busque la enfermedad en sus hijos.

La Dra. Alba Valdez Tah, investigadora de la ENES-UNAM, denuncia además que las personas diagnosticadas no reciben seguimiento: deberían tener estudios anuales de monitoreo cardíaco, y no se están realizando. El sistema de salud detecta, en el mejor de los casos, y luego pierde al paciente. El 70% de los afectados ignora que tiene la enfermedad.

En contraste con este vacío programático, en los laboratorios sí hay movimiento. El Centro de Investigaciones Regionales Dr. Hideyo Noguchi trabaja en una vacuna contra el padecimiento, aunque se encuentra en su primera fase de investigación.

Las mujeres en el corazón de la atención

Este año, el Día Mundial de Chagas tiene un enfoque particular. Bajo el lema “Las mujeres en el corazón de la atención”, la conmemoración pone en valor el rol clave que desempeñan las mujeres en las dinámicas de cuidado familiar y comunitario, así como su mayor contacto con los servicios de salud durante el embarazo. La eliminación del Chagas como problema de salud pública requiere situar a las mujeres en el centro de las estrategias de diagnóstico, tratamiento y atención.

La razón es médica y social al mismo tiempo: el Chagas puede transmitirse de madre a hijo durante el embarazo. Y las mujeres –que en Yucatán representaron 11 de los 17 casos crónicos registrados en el 2024– son tanto las más vulnerables como las más capaces de generar cambios en la conducta comunitaria.

La OPS ha incorporado el Chagas en su Iniciativa para la Eliminación de Enfermedades Transmisibles para el 2030, con el objetivo de detener su transmisión en la región, especialmente de madre a hijo.

Qué hacer si encuentras un pic

Las autoridades son precisas en sus recomendaciones: no aplastes al insecto. Si lo haces, puedes esparcir sus heces infectadas. Recomendaron poner el insecto vivo en un frasco de cristal con huecos en la tapa y llevarlo al Cinvestav. También sugirieron poner mosquiteros en las casas, sacudir las camas, mantener limpio el entorno y, si son picados, acudir al servicio médico.

El tratamiento, cuando se detecta en fase temprana, es gratuito en el sector salud.