En medio de la selva y el silencio que dejó la Guerra de Castas, los muros del Templo de San Mateo resisten como pueden. Las grietas avanzan, los arcos se debilitan y las piedras –las mismas que durante siglos sostuvieron su historia– han sido arrancadas. Hoy, especialistas y promotores culturales advierten: el sitio está en riesgo real de desaparecer. El abandono, acusan, no es reciente. Pero el daño se ha acelerado.
Construido en el siglo XVIII, el Templo de San Mateo se levanta en Mopila, una antigua comunidad a dos kilómetros de Yaxcabá que fue abandonada durante la Guerra de Castas en el siglo XIX. Desde entonces, la vegetación ha reclamado el territorio, pero no ha logrado borrar su importancia simbólica. Para los habitantes de Yaxcabá, Mopila sigue viva.
Cada año, el 31 de julio, decenas de personas caminan en peregrinación hasta el templo para rendir tributo a San Mateo y a la Virgen de la Asunción. La fe mantiene el vínculo, aunque la estructura se desmorone.
“El sitio es importante para la comunidad. No es sólo una ruina, es parte de su identidad”, explica el arqueólogo Héctor Hernández, de la Universidad Autónoma de Yucatán.
Saqueo y colapso: el deterioro acelerado
El problema, sin embargo, va más allá del paso del tiempo. De acuerdo con denuncias recientes, el templo ha sido víctima de saqueos que han provocado daños estructurales severos. La extracción de monolitos y piedras labradas –elementos clave en la arquitectura del edificio– ha debilitado sus muros y causado derrumbes.
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“El saqueo consistió en retirar piezas grandes, lo que derivó en el colapso total de la parte trasera del templo”, señala el escritor y promotor cultural Leobardo Cox Tec.
Durante recorridos en la zona se observan huecos en la estructura, arcos incompletos y paredes agrietadas. La pérdida de material original no sólo afecta la estética del inmueble, también su estabilidad. Cada piedra retirada es un punto menos de equilibrio.
Un patrimonio en riesgo permanente
Especialistas coinciden en que el Templo de San Mateo enfrenta un riesgo crítico. No sólo por el saqueo, sino también por la combinación de factores que aceleran su deterioro: Falta de mantenimiento estructural, exposición a la intemperie, crecimiento de vegetación invasiva, ausencia de vigilancia y daños acumulados por intervenciones ilegales
Además, el templo fue edificado sobre una plataforma prehispánica, lo que aumenta su valor histórico, pero también su complejidad de conservación.El techo original fue destruido durante la Guerra de Castas, dejando la estructura expuesta durante más de un siglo. Hoy, cualquier intervención tardía podría ser insuficiente.
Acusan desinterés institucional
Las críticas apuntan directamente al Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), la instancia encargada de proteger el patrimonio histórico en el país.
Promotores culturales aseguran que, pese a haber documentado el saqueo con fotografías y reportes, no se han tomado acciones concretas para preservar el sitio.
“Ya tenemos evidencias y hemos hecho llamados. Necesitamos que intervengan antes de que sea demasiado tarde”, advierte Cox Tec. La percepción en la comunidad es de abandono.
Más que piedras: identidad y memoria
El caso de Mopila refleja un problema mayor: la fragilidad del patrimonio histórico en zonas rurales, donde la falta de vigilancia y recursos deja expuestos sitios de gran valor cultural. Pero también revela algo más profundo.
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El templo no es sólo una construcción colonial. Es un espacio donde convergen historia prehispánica, memoria de la Guerra de Castas y prácticas religiosas vivas. Es, en esencia, un testimonio de resistencia.
El tiempo se agota
Mientras las denuncias continúan, el deterioro no se detiene. Cada temporada de lluvias, cada piedra extraída, cada grieta que se abre acerca al Templo de San Mateo a un punto de no retorno.
La comunidad lo sabe. Por eso insiste. Porque si el templo cae, no sólo se pierde un edificio. Se pierde una parte de la historia de Yucatán.