Las historias sobre sucesos inexplicables forman parte del imaginario que rodea a la zona arqueológica de Chichén Itzá.
José Antonio Keb Cetina comparte una experiencia que asegura haber vivido junto con su hijo durante la llegada del huracán Beryl, en julio de 2024.
Recuerda que, a principios de ese mes, el sitio permanecía cerrado al público debido a la amenaza del ciclón. Aunque el fenómeno retrasó su llegada al disminuir su velocidad, él y su hijo acudieron por la noche para resguardar y alimentar a los perros que permanecían en la entrada principal de la zona arqueológica.
Noticia Destacada
Inglaterra vs Argentina: conoce las Zonas Fan de Yucatán para ver la semifinal del Mundial 2026
Alrededor de las 9 de la noche, después de atender a los animales, revisaron las noticias y confirmaron que Beryl ya afectaba a Tulum, Quintana Roo. Decidieron retirarse de inmediato, pero antes recorrieron los alrededores para asegurarse de que no hubiera otro animal que necesitara refugio.
Cuando caminaban detrás de los baños cercanos a la pirámide, el hijo de José Antonio notó que algo salía del monte. Por el sonido de las ramas y hojas secas al romperse, ambos pensaron que se trataba de un animal de gran tamaño.
Sin embargo, en medio de la oscuridad aparecieron dos ojos de color rojo intenso que parecían acercarse poco a poco, mientras los pasos continuaban escuchándose cada vez más cerca. Padre e hijo quedaron inmóviles por unos instantes, sin poder identificar de qué se trataba.
Noticia Destacada
Sinanché honra a San Buenaventura con una fiesta que preserva su patrimonio cultural
"Mi hijo reaccionó primero y me gritó: '¡Vamos, pa!'. Entonces salimos corriendo hasta la entrada principal sin voltear atrás", relata José Antonio Keb Cetina.
Hasta la fecha, asegura que nunca supieron qué era aquella presencia que encontraron esa noche. Para él, la experiencia sigue siendo uno de los episodios más inquietantes que ha vivido en Chichén Itzá y un relato que alimenta las historias paranormales que rodean al antiguo sitio maya.