Con la participación de decenas de familias y gremios, el pueblo de Sinanché vive intensamente las festividades en honor a San Buenaventura, patrono de la comunidad, una celebración que trasciende el ámbito religioso para convertirse en un símbolo de identidad, historia y conservación del Patrimonio Cultural.
Desde la bajada de la imagen, realizada días atrás, la venerada escultura permanece al pie del presbiterio para recibir las muestras de fe de los devotos. Cada jornada, los distintos gremios integrados por familias, vecinos y grupos de amigos se encargan de adornar el altar con flores naturales, cortinajes y arreglos especiales, como parte del novenario que antecede a la fiesta principal.
Además de las celebraciones litúrgicas, procesiones y convivios, este año vuelve a despertar interés la historia de la imagen que actualmente se venera en la parroquia. La devoción a San Buenaventura tiene profundas raíces en esta población y está estrechamente ligada a la memoria del templo y de la propia comunidad.
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Una inscripción ubicada en la parte posterior de la escultura señala que la obra fue concluida el 14 de marzo de 1923 en el municipio de Yobaín por el escultor José del Rosario Canto Aguilar. El mismo registro indica que la talla fue restaurada por su autor y concluida nuevamente el 1 de julio de 1948, tras sufrir el desgaste propio del paso del tiempo.
José del Rosario Canto Aguilar perteneció a una de las familias de escultores más reconocidas de la región. Era hijo de Rafael Canto Cervera, originario de Izamal, y nieto del maestro Lucas Canto Briceño, considerado uno de los más destacados imagineros y restauradores de arte sacro en Yucatán durante los siglos XIX y XX. Gracias a esa tradición familiar, la efigie de San Buenaventura conserva una notable calidad artística.
Especialistas e investigadores consideran que la escultura elaborada en 1923 sustituyó a la imagen original del patrono, la cual habría desaparecido durante los años de persecución religiosa impulsada por el gobierno del general Salvador Alvarado, a partir de 1915, cuando numerosos templos fueron saqueados y varias efigies religiosas resultaron destruidas, ocultadas o trasladadas para protegerlas.
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Uno de los testimonios más importantes sobre este episodio fue documentado en 1981. En aquella ocasión, la señora Emilia Euán de Celis, vecina de Sinanché de 85 años de edad, recordó que la antigua imagen del patrono fue llevada a Homún décadas atrás. Según su relato, la escultura permanecía en ese municipio desde hacía muchos años, lo que ha dado pie a la hipótesis de que la imagen original de Sinanché pudo haber sido resguardada o incluso donada a esa comunidad.
Mientras tanto, la población continúa con el programa religioso y tradicional que distingue estas fiestas patronales. Cada jornada incluye rosarios, misas, gremios, procesiones, convivios y actividades culturales que reúnen tanto a habitantes como a visitantes provenientes de municipios cercanos.
Las festividades culminarán con la solemne procesión y la tradicional vaquería, eventos que cada año congregan a cientos de fieles y que reafirman la profunda devoción que Sinanché mantiene hacia San Buenaventura, una tradición que ha sobrevivido a guerras, persecuciones y al paso del tiempo, convirtiéndose en uno de los legados religiosos más importantes del Norte de Yucatán.