Yucatán

Sargazo en Yucatán: hallan arsénico en algas frescas

El sargazo que invade el mar peninsular llega cargado de metales, principalmente arsénico: Cinvestav

El sargazo: entre oportunidad industrial y amenaza ambiental
El sargazo: entre oportunidad industrial y amenaza ambiental

El sargazo que llega a las costas de la Península de Yucatán no sólo representa un problema por las grandes cantidades que se acumulan en las playas: investigadores del Centro de Investigación y de Estudios Avanzados (Cinvestav), Unidad Mérida, encontraron que las algas frescas presentan una elevada concentración de metales, principalmente arsénico, lo que pone en duda su aprovechamiento para obtener compuestos de interés biotecnológico.

El hallazgo forma parte de los estudios que realizan los especialistas Reyna Cristina Collí Dulá y Héctor Peniche Pavía sobre la toxicidad ambiental y el potencial de aprovechamiento del sargazo pelágico (Sargassum spp.) que arriba al Caribe Mexicano.

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La investigación contempla el análisis de muestras tanto frescas como muertas, con el propósito de conocer cómo cambia su composición química durante el proceso de deterioro y determinar qué tan seguro puede resultar su aprovechamiento.

El trabajo cobra relevancia ante un fenómeno que dejó de ser esporádico en el Caribe. Los arribazones masivos de sargazo se han convertido desde hace años en un problema ambiental y económico para las zonas costeras, al concentrarse toneladas de biomasa en las playas y dificultar su manejo. El Cinvestav-Mérida mantiene desde 2017 líneas de investigación enfocadas en conocer la composición de esta biomasa y encontrar alternativas para su valorización.

Un alga con contaminantes

Collí Dulá, investigadora del Departamento de Recursos del Mar del Cinvestav-Mérida, explicó que el sargazo está constituido por algas pardas que permanecen flotando en el océano y son transportadas hacia el Caribe por las corrientes marinas.

Durante ese recorrido, las algas entran en contacto con distintos elementos presentes en el agua y pueden incorporarlos a su estructura. Por ello, Peniche Pavía advirtió que el sargazo puede convertirse en un acarreador de un cóctel de contaminantes.

En su estado fresco, el sargazo presenta una coloración amarillenta y una elevada presencia de metales. El arsénico es el más abundante de los identificados en las muestras, de acuerdo con los investigadores.

La presencia de este elemento representa uno de los principales obstáculos para convertir la biomasa en materia prima para productos de mayor valor, pues las algas también contienen sustancias de interés, entre ellas compuestos bioactivos con propiedades antioxidantes.

Es decir, aunque el sargazo posee componentes que podrían ser aprovechados industrialmente, primero es necesario determinar si la presencia de contaminantes permite utilizarlos de manera segura.

Cambia la composición del alga conforme se seca

El comportamiento de los contaminantes también cambia conforme avanza la descomposición. Los especialistas encontraron que el sargazo muerto, identificado por su coloración café, ya no presenta el arsénico detectado en el material fresco. Sin embargo, esto no significa que su acumulación en las playas deje de representar un problema.

Cuando enormes cantidades de algas quedan varadas comienza un proceso acelerado de descomposición. La materia orgánica consume el oxígeno disponible y genera condiciones anóxicas, es decir, ambientes donde prácticamente no existe oxígeno.

El deterioro también provoca malos olores, proliferación de organismos y la liberación de sulfuro de hidrógeno (H₂S), un gas altamente tóxico que puede representar un riesgo para quienes trabajan directamente en la recolección y manejo de las acumulaciones.

El característico olor a huevo podrido que acompaña a las grandes masas de sargazo en descomposición es precisamente una de las señales de este proceso.

Entre la contaminación y aprovechamiento

El problema adquiere una dimensión adicional porque el sargazo sí contiene sustancias con potencial industrial.

Entre sus componentes se encuentran carbohidratos como alginatos, fucoidanos, manitol y celulosa, además de compuestos bioactivos. El reto científico consiste en separar ese potencial de los elementos contaminantes que la biomasa puede acumular durante su permanencia en el mar.

La Unidad Mérida del Cinvestav ha desarrollado durante años investigaciones para conocer la composición de las arribazones y establecer ventanas de oportunidad para aprovechar la biomasa antes de que comience a degradarse. Los estudios han señalado que tanto la cantidad como la composición del sargazo varían según la temporada, el sitio y las condiciones ambientales.

Por ello, los investigadores plantean que el arribo masivo no debe observarse únicamente como un desecho que hay que retirar de las playas, sino como un recurso cuyo aprovechamiento requiere primero conocer sus riesgos.

La apuesta es encontrar una forma de utilizar sus componentes de valor sin trasladar los contaminantes a nuevos productos o procesos.

Hay que verlo como una oportunidad”, planteó Collí Dulá, al considerar que mientras avanzan las investigaciones también será necesario aprender a convivir con un fenómeno que ya forma parte de la realidad ambiental del Caribe Mexicano.

El desafío, en consecuencia, no es solamente quitar el sargazo de las playas, sino saber qué contiene, cuándo puede aprovecharse y, sobre todo, cómo evitar que los contaminantes que transporta terminen convirtiendo una posible fuente de materia prima en un nuevo problema ambiental.