En Yucatán, más de la mitad de la población se asume como indígena, pero apenas dos de cada diez personas hablan una lengua originaria. La brecha, que ya existía, se ensanchó en los últimos cinco años, de acuerdo con los resultados de la Encuesta Intercensal (EIC) 2025 que el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) dio a conocer ayer.
Según el organismo, 1.4 millones de yucatecos –56.5% de la población total– se consideran indígenas. Sin embargo, sólo 520,119 personas de tres años y más hablan alguna lengua indígena, lo que equivale a 21.4% de ese rango de edad. En el 2020, la proporción de hablantes era de 23.7 por ciento. La caída de 2.3 puntos porcentuales en un lustro confirma una tendencia que académicos y activistas mayahablantes han señalado dura.
El peso de los números
El retrato completo de la EIC 2025 ubica a Yucatán con 2 millones 502 mil 326 habitantes viviendo en 775 mil 331 viviendas particulares –2.5 millones de personas, en números redondos–, más 4,100 personas que residen en viviendas colectivas como asilos, internados o cuarteles. La muestra que levantó el Inegi entre el 6 de octubre y el 14 de noviembre del 2025 incluyó a 204,400 viviendas de la entidad, dentro de un ejercicio nacional que cubrió las 32 entidades y los 2,478 municipios del país.
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Pero el crecimiento poblacional perdió fuerza. Entre el Censo de Población y Vivienda 2020 y la actual encuesta, la población yucateca aumentó a un ritmo promedio de 1.4% anual, muy por debajo del 2.0% que se había registrado entre el 2015 y el 2020. Es la desaceleración más pronunciada que ha documentado el Inegi en la entidad en los últimos lustros, y coincide con un cambio en la forma en que se organizan los hogares: mientras la población crece más despacio, el número de viviendas particulares habitadas sigue expandiéndose con fuerza, lo que refleja hogares cada vez más pequeños.
Una población que envejece
La estructura poblacional también envejece. La edad mediana pasó de 30 a 32 años en cinco años: la mitad de los yucatecos tiene 32 años o menos, y la otra mitad, más. De la población total, 51.4% son mujeres y 48.6%, hombres, según la pirámide poblacional que construyó el Inegi para el 2025. En el mismo periodo analizado por el Inegi, el número de viviendas particulares habitadas pasó de 658.1 mil a 775.3 mil, una tasa de crecimiento anual de 3.0%, más del doble del ritmo al que crece la población. La lectura es clara: los hogares yucatecos se multiplican más rápido que sus habitantes, y cada vivienda alberga en promedio a menos personas que hace un lustro.
El freno en la natalidad acompaña ese envejecimiento. El promedio de hijas e hijos nacidos vivos por cada mujer de 12 años y más bajó de 2.0 a 1.8 entre el 2020 y el 2025. En sentido contrario, la mortalidad infantil retrocedió: el porcentaje de hijas e hijos fallecidos respecto al total de nacidos vivos pasó de 5.0 a 4.7 por cada 100, una mejora que coincide con la ampliación de la cobertura de salud en el estado durante el mismo periodo.
Migración interna y externa
La movilidad de los yucatecos hacia fuera de la entidad sigue siendo baja. De los 2.5 millones de habitantes, 86.1% nació en Yucatán, 12.9% nació en otro estado y 0.8% nació en el extranjero. Los datos de residencia reciente confirman esa estabilidad territorial: de 2.4 millones de personas de cinco años y más, 94.1% vivía en el mismo municipio en octubre del 2020, mientras que apenas 1.5% radicaba entonces en otro municipio de la entidad, 4.0% en otro estado y 0.3% en otro país.
La migración internacional, sin embargo, sí dejó huella medible.
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Entre el 2020 y el 2025, un estimado de 10 mil 558 personas que residían en Yucatán cambiaron su domicilio a otro país, de acuerdo con la EIC 2025. De ese total, 2,341 ya habían regresado a México y volvían a vivir en la entidad al momento del levantamiento –una tasa de retorno de poco más de 22 por ciento–. El Inegi clasifica a este grupo como “migrantes de retorno”.
Discapacidad y afrodescendencia
En materia de salud, 72.1% de la población yucateca cuenta con afiliación a alguna institución. El Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) concentra a la mayoría de esa cobertura, con 60.9 por ciento. Le siguen los centros de salud, hospitales e institutos públicos, con 20.7%, y los seguros privados, con 7.9 por ciento. El Issste cubre a 7.1% de la población y el programa IMSS-Bienestar, a 3.2 por ciento; la afiliación al Issste estatal es apenas de 0.1% y a los servicios médicos de Pemex, de 1.0 por ciento. Un 2.5% adicional se concentra en otras instituciones.
En sentido inverso, esto significa que 27.9% de la población yucateca –más de 690 mil personas– no cuenta con ningún tipo de afiliación a servicios de salud y, en caso de enfermedad, debe recurrir a atención privada de bolsillo o a servicios públicos sin garantía de cobertura previa.
El 5.3% de la población yucateca –cerca de 133 mil personas, según la proporción que reportó el Inegi– vive con alguna discapacidad. Además, 1.5% de los habitantes declaró tener algún problema o condición mental, y el trastorno del espectro autista fue el diagnóstico que se reportó con mayor frecuencia dentro de ese grupo, aunque el organismo no desglosó qué proporción exacta corresponde a cada padecimiento.
La encuesta también captó a 51,800 personas que se autoidentifican como afromexicanas o afrodescendientes en Yucatán, equivalentes a 2.1% de la población total, un grupo étnico que las estadísticas oficiales apenas comienzan a dimensionar con precisión en la entidad.
El retrato que deja la EIC 2025 es el de una entidad que crece más lento que hace una década, envejece de forma sostenida, mantiene una fuerte identidad indígena que ya no se traduce en el uso cotidiano de la lengua maya, y donde siete de cada diez habitantes dependen del sistema público de salud —principalmente del IMSS— para atenderse.
Son los primeros datos duros que el Inegi entrega sobre cómo cambió la población yucateca en el lustro más reciente, y sientan la base de comparación para el próximo Censo de Población y Vivienda.