Desde las cuatro y media de la mañana, cuando la ciudad aún duerme, comienza la jornada para los vendedores de mariscos que diariamente se instalan en la Casa del Pueblo, en el Centro de Mérida.
Procedentes de Hunucmá, transportan producto fresco del puerto de Celestún, con la esperanza de que el día rinda lo suficiente para sostener a sus familias. Sin embargo, esta temporada, reconocen, las ventas han sido más bajas de lo esperado.
Javier C., uno de los principales vendedores de mariscos en la zona, dijo que el cierre de diciembre y los primeros días de enero no registraron el movimiento habitual, situación que atribuye a las celebraciones decembrinas y a la dinámica económica posterior a las fiestas.
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Aun así, afirmó que el ánimo se mantiene firme, confiando en que el resto del año permita una mejor recuperación. “Nosotros ofrecemos producto fresco, recién pescado; eso es lo que nos distingue”, aseguró.
El comerciante señaló que, aunque cumplen puntualmente con su jornada, de lunes a jueves de cinco de la mañana a doce del día, y de viernes a domingo de cinco de la mañana a dos de la tarde, el espacio donde laboran presenta carencias que dificultan su actividad.
En particular, mencionó la falta de alumbrado público durante las primeras horas del día, lo que representa un riesgo y una incomodidad, tanto para vendedores como para clientes. Indicó que, si bien aún no han presentado formalmente una solicitud de mejora ante el Ayuntamiento, consideran hacerlo en el transcurso del año.
El comerciante explicó que los fines de semana suelen registrar mayor afluencia de compradores, por lo que amplían su horario con la expectativa de cumplir sus metas diarias. “Aquí hay varios vendedores que todos los días venimos con la ilusión de regresar a casa habiendo vendido todo”, comentó y subrayó que el ingreso depende completamente de lo que logren comercializar cada jornada.
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“De lo que vendamos, de eso sobrevivimos día a día”, afirmó Javier, al hacer un llamado a la ciudadanía para consumir producto local en el Centro de la ciudad. Recordó que detrás de cada puesto hay un esfuerzo que inicia desde la madrugada, con el traslado cuidadoso del marisco para garantizar su frescura y calidad.
En sus mesas se ofrece camarón cocido, camarón crudo, camarón con pimienta, pocillo y otros productos, disponibles por pieza o en paquetes, a precios accesibles.
Finalmente, el testimonio de estos vendedores pone en evidencia que el comercio local y estatal es la base que sostiene la economía de numerosos hogares. Conocer la realidad de quienes madrugan, trabajan y resisten para acercar productos frescos a la ciudad resulta esencial para dimensionar el valor social de los oficios tradicionales y la importancia de fortalecer las condiciones en las que se desarrollan.