Campeche

Palabras campechanas que todavía usamos: el maya sigue vivo en nuestra forma de hablar

Desde “chichí” y “tuch” hasta “ko’ox”, numerosas palabras de origen maya permanecen en las conversaciones de las familias campechanas, aunque muchas veces las pronunciamos sin conocer su historia.

¿Hablas maya sin saberlo? Estas palabras siguen vivas en Campeche
¿Hablas maya sin saberlo? Estas palabras siguen vivas en Campeche

“¡A su mecha!”, “¿tu chichí?”, “me duele el tuch”, “está chokó” o simplemente “¡ko’ox!” . Para cualquier persona que haya crecido en Campeche, algunas de estas palabras pueden resultar tan familiares que pocas veces se detiene a pensar de dónde vienen. Sin embargo, detrás de la manera cotidiana de hablar de los campechanos hay siglos de convivencia entre el español y la lengua maya.

El español que se habla en Campeche no es exactamente igual al utilizado en otras partes del país. La historia, la cultura maya y el contacto entre distintas poblaciones de la Península de Yucatán dejaron huellas en el vocabulario, la pronunciación y hasta en la construcción de algunas expresiones.

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Y aunque muchas veces se les llama simplemente “palabras campechanas”, no todas nacieron exclusivamente en Campeche. Buena parte pertenece al español regional de la Península de Yucatán y se comparte con habitantes de Yucatán y Quintana Roo. Otras expresiones populares no tienen origen maya, pero se han arraigado de tal manera en las conversaciones locales que forman parte de la identidad lingüística campechana.

Del “tuch” al “bobox”: palabras mayas que siguen presentes

Una de las características más interesantes del habla peninsular es la permanencia de vocablos provenientes directamente del maya.

Tuch es quizá uno de los ejemplos más conocidos. Se utiliza para referirse al ombligo y todavía puede escucharse en conversaciones familiares, especialmente entre adultos mayores, aunque también ha pasado a generaciones más jóvenes.

Algo parecido ocurre con bobox, palabra empleada para referirse a la rabadilla o parte posterior del cuerpo. Su uso está documentado desde hace décadas entre las voces mayas incorporadas al español regional.

Otra palabra difícil de separar de las familias de la Península es chichí, utilizada cariñosamente para hablar de la abuela. Para muchos niños campechanos, la “chichí” simplemente es la abuela, sin preguntarse siquiera si la palabra pertenece al español o procede del maya.

También aparece chokó, relacionado con algo caliente, especialmente cuando se habla de alimentos, bebidas o incluso del ambiente.

A ellas se suman voces como puuch’, asociada con algo aplastado o machacado, y sats’ o zatz, expresión que puede utilizarse cuando algo que debería estar crujiente se ha suavizado o perdido esa consistencia por efecto de la humedad.

¡ko’ox!: una palabra que hasta llegó al transporte público

Pocas palabras muestran mejor la supervivencia del maya en la vida diaria que ko’ox, pronunciada aproximadamente como “cosh” y utilizada con el sentido de “vamos” o “vámonos”.

Su presencia es tan reconocible en Campeche que actualmente el sistema de transporte público de la capital lleva precisamente el nombre de Ko’ox, convirtiendo una expresión procedente del maya en una palabra visible diariamente para miles de usuarios.

Pero desde mucho antes de aparecer en autobuses y tarjetas, la expresión ya formaba parte de la comunicación cotidiana de numerosas familias de la Península.

“Chichí”, “tuch” y otras palabras que pasan de abuelos a nietos

El hogar ha sido uno de los principales espacios donde estas palabras han logrado permanecer.

Expresiones relacionadas con el cuerpo, la comida, los animales, las plantas y los integrantes de la familia han sobrevivido porque se aprenden mediante la conversación y no necesariamente en un salón de clases.

De esta manera, un niño puede crecer escuchando hablar de su chichí, del tuch o del bobox sin hablar maya de manera fluida.

Ahí se encuentra una de las particularidades de estos vocablos: la lengua maya puede permanecer presente incluso dentro de conversaciones desarrolladas completamente en español.

“¡A su mecha!”: no todo es maya

Pero hablar “a lo campechano” no significa utilizar únicamente palabras provenientes del maya.

También existen expresiones populares que con el paso de los años se han asociado con la manera de conversar de los habitantes del estado. Una de las más reconocibles es “¡A su mecha!”, utilizada para manifestar sorpresa, asombro o impresión.

También pueden escucharse expresiones como “ta bueno”, cuyo significado cambia dependiendo del tono y el contexto, o el muy característico “¿cómo va ser?”, utilizado ante una noticia inesperada o para expresar incredulidad.

Estas expresiones forman parte del español coloquial local, pero sería incorrecto asegurar que todas tienen raíces mayas. La forma de hablar de Campeche es resultado de diferentes influencias y de la transformación natural del idioma durante generaciones.

Campeche tampoco habla igual en todo Campeche

Incluso dentro del estado existen diferencias.

La manera de hablar de una familia del Camino Real, donde históricamente existe una fuerte presencia de la cultura maya, puede ser distinta a la de habitantes de Ciudad del Carmen o municipios cercanos a Tabasco.

Estudios sobre el español regional señalan precisamente esa diversidad: hacia Escárcega y Carmen aparecen semejanzas con las hablas tabasqueñas, mientras que desde Champotón, Campeche y hacia el Camino Real existen mayores coincidencias con las formas lingüísticas de Yucatán.

Por ello, elaborar un “diccionario campechano” absoluto resulta complicado. Una palabra muy común en Calkiní o Hecelchakán podría escucharse poco en Carmen, mientras que una expresión habitual en el sur del estado quizá resulte extraña para alguien del norte.

Una herencia que sigue en la conversación cotidiana

La influencia maya en el español de la Península no es reciente. Investigaciones lingüísticas han documentado durante siglos la incorporación de voces indígenas al castellano hablado en esta región.

Palabras relacionadas con alimentos, plantas, animales, partes del cuerpo, actividades domésticas y relaciones familiares fueron incorporándose a las conversaciones hasta convertirse, en muchos casos, en expresiones cotidianas.

Por eso el maya no solamente permanece en libros, zonas arqueológicas, nombres de comunidades o ceremonias tradicionales. También aparece cuando alguien llama chichí a su abuela, habla de su tuch, dice que algo está chokó o invita a los demás con un sencillo co’ox.

Son pequeñas palabras que pueden pasar inadvertidas, pero que cargan siglos de historia.

Y quizá ahí está una de las mayores riquezas del habla campechana: cada conversación puede guardar un pedacito de la lengua maya, incluso cuando quien pronuncia esas palabras no sabe que está hablando parte de ella.