En la ciudad de Hopelchén, la mayoría de las familias cheneras mantiene viva la tradición de recordar a sus fieles difuntos mediante la elaboración de pibipollos, con los que honran la memoria de sus seres queridos al colocarlos en los altares. En esta ocasión, la costumbre se mantuvo vigente, pese al incremento en los precios de los insumos.
En el domicilio de doña Filomena Tec Dzul, ubicado en la avenida Manuel Crescencio García Rejón y Alcalá, por la calle 15 de la colonia Tamarindo, se realizó una reunión familiar con motivo del Día de Muertos. Acompañada de su hermana María Layda y su familia, así como de sus hijas Neydi y Lorena, su hijo Sergio y demás familiares, elaboraron 12 pibipollos, en su mayoría de carne de cerdo y gallina, aunque también prepararon algunos de xpelón.
En esta ocasión, doña “Filo”, como cariñosamente se le conoce en la ciudad, comentó que tiene 70 años de edad y que desde hace 36 años honra a sus difuntos con un altar dedicado a sus seres queridos, en el que nunca falta el tradicional pibipollo.
Relató que en su altar coloca fotografías de su esposo, Luis Armando Chan Tec, quien falleció hace tres años, de su madre, Eudárica, y de otros familiares. Señaló que, desde hace casi cuatro décadas, mantiene esta tradición, pese al encarecimiento de la vida y al aumento en los precios de los insumos necesarios para elaborar los pibipollos y preparar los altares; sin embargo, destacó que lo importante es preservar la costumbre de recordar a sus fieles difuntos.
Doña “Filo” explicó que, como marca la tradición familiar, las mujeres se encargan de cocinar y elaborar los pibipollos, mientras que los hombres, entre ellos sus hijos, su cuñado y sus nietos, realizan las labores de enterrarlos y desenterrarlos.
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Por otra parte, durante un recorrido por la ciudad de Hopelchén se observó que fueron pocas las familias que elaboraron pibipollos, en comparación con el año anterior. En otras ocasiones era común observar columnas de humo gris y blanco en el cielo, señal de que las familias habían encendido sus hornos de piedra para cocer estos tradicionales alimentos; este año fueron menos los hogares que mantuvieron esa práctica.
Las fuertes lluvias del viernes y la noche del sábado impidieron que muchas familias utilizaran los hornos de tierra, debido a la humedad del suelo, por lo que algunas optaron por recurrir a hornos tradicionales de panaderías para cocinar sus pibipollos.
En contraste, en las comunidades rurales se mantiene un mayor arraigo de las tradiciones del Día de Muertos, como ocurre en El Poste, Katab y otras localidades del municipio chenero.
Por otro lado, en el cementerio de la ciudad se registró una afluencia moderada de visitantes. Desde temprana hora, autoridades municipales obsequiaron ramos de flores de cempasúchil a las personas que acudieron a visitar a sus difuntos.
Mientras tanto, en el mercado se registró una intensa actividad comercial desde las 6:00 de la mañana, principalmente en las áreas de carnes rojas, pollo fresco, frutas y verduras, debido a que numerosas familias acudieron a comprar los ingredientes necesarios para elaborar sus pibipollos y preparar sus altares.
De igual manera, las florerías del centro de la ciudad y los puestos del mercado registraron importante afluencia de compradores que acudieron a adquirir flores para llevarlas al cementerio y colocarlas en los altares en honor a sus seres queridos.
Repletos los cementerios
Los dos camposantos de la cabecera de Champotón, La Cruz y La Playa, registraron este uno de noviembre notable afluencia de deudos con motivo de la celebración del Día de Muertos. Desde temprana hora, las familias comenzaron a visitar estos espacios para llevar flores y veladoras a sus seres queridos que se adelantaron en el camino.
Otras aprovecharon la ocasión para realizar trabajos de limpieza, pintar las tumbas y elevar oraciones, además de permanecer en silencio junto a los sitios donde descansan los restos de sus familiares.
La venta de flores naturales y artesanales, elaboradas con papel o tela, así como de veladoras, registró considerable demanda. Así lo comentó Víctor Castillo Cervantes, comerciante ubicado a las afueras del cementerio La Cruz, sobre la calle Isabel la Católica, en la colonia Cañaveral.
“Las ventas han sido significativas, aunque el año pasado hubo más movimiento. Las veladoras, por ejemplo, las estamos dando a 20 pesos, mientras que los ramos de flores, ya sean de papel o de tela, tienen un precio de 60 pesos. También tenemos flores de 10 pesos. Todo aquí es artesanal”, comentó el comerciante, quien estimó que sus ventas podrían aumentar considerablemente este dos de noviembre.
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También se ofrecieron dulces tradicionales de la región y una gran variedad de flores naturales para colocar en los altares y las tumbas de los difuntos.
Tanto el cementerio La Cruz como La Playa, este último conocido como el antiguo panteón y ubicado sobre el malecón de la ciudad, contaron con la presencia de elementos de la Policía Municipal de Champotón, paramédicos de la Cruz Roja y del Servicio de Atención Médica de Urgencias (SAMU), así como personal de la Dirección local de Protección Civil.
Hasta el cierre de esta edición, los deudos continuaban llegando a ambos camposantos para visitar y recordar a sus seres queridos. Los panteones permanecerían abiertos al público durante toda la noche.
Por otro lado, algunas familias mantuvieron viva la tradición de elaborar los tradicionales pibipollos, ya sea enterrados u horneados. El primero en salir del horno o de la tierra fue destinado como ofrenda para las ánimas.
Vigilan en Escárcega
Personal de la Dirección de Protección Civil y Bomberos del municipio de Escárcega brindó apoyo y vigilancia durante las celebraciones del Día de Muertos en los dos camposantos de la ciudad: el cementerio viejo y el cementerio nuevo.
Paramédicos del Servicio de Atención Médica de Urgencias (SAMU) permanecieron atentos para atender cualquier eventualidad durante las visitas de las familias a sus fieles difuntos.
Como parte de esta tradición, los días uno y dos de noviembre las familias acuden a los cementerios para compartir un momento con sus seres queridos que ya partieron. Algunas personas llevan alimentos, mientras que otras aprovechan para convivir y realizar labores de limpieza en los espacios donde descansan los restos de sus difuntos.
Por la tarde, la Iglesia Católica celebró misas y realizó bendiciones de flores y veladoras, que los visitantes solicitaron a los sacerdotes para posteriormente colocarlas en las tumbas de sus seres queridos.