El mar campechano volvió a convertirse en escenario de fe, tradición y devoción durante el tradicional Paseo por Mar del Cristo Negro Señor de San Román, que este año por primera vez en la historia fue reemplazado por el 'hermano' o 'peregrino', para conmemorar los 461 años de la llegada de la sagrada imagen a tierras campechanas y que, por cuestiones de seguridad, ya no podrá salir del santuario.
Desde temprano, el barrio de San Román comenzó a llenarse de fieles, en medio de un ambiente donde convivieron la solemnidad religiosa y la alegría de una tradición que permanece viva entre las y los campechanos.
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El Cristo Negro, cubierto con un sudario que acentuó la solemnidad de la celebración, salió del santuario que durante siglos ha sido su morada, acompañado por la imagen de San Francisco de Asís, que este 2026 cumple su octavo centenario de fallecido, y por lo que se efectúa un Año Jubilar que inició en enero de este año y concluirá en enero de 2027.
Entre estandartes, rezos y cánticos, cientos de devotos siguieron la procesión rumbo al Malecón. Bajo el intenso sol caminaron familias completas, adultos mayores que han heredado la devoción de generación en generación y pequeños que apenas comienzan a conocer el significado de esta celebración. Cada paso estuvo acompañado por peticiones, agradecimientos y, para algunos, lágrimas que reflejaban la emoción de volver a cumplir con una cita que forma parte de su vida.
En el muelle de San Román, los pescadores campechanos esperaban con respeto, como guardianes de un ritual que desde hace generaciones une la fe con el mar. Con sumo cuidado, la imagen fue subida al catamarán, que partió entre aplausos y gritos de ¡qué viva el Cristo Negro Señor de San Román! A su alrededor navegaron las embarcaciones que lo escoltaron, algunas adornadas con flores y globos de colores, mientras desde tierra cientos de campechanos seguían la travesía con la mirada y el corazón puestos en el santo patrono.
El Cristo Negro surcó las mismas aguas por las que, de acuerdo con la tradición, llegó en 1565, para permanecer en este rincón del Golfo y encontrar en San Román su morada. El aire marino se mezcló con las plegarias mientras la imagen bendecía las aguas, fuente de sustento y vida para numerosas familias campechanas.
Hubo aplausos, rezos silenciosos y rostros emocionados de quienes agradecieron favores recibidos o elevaron nuevas peticiones. A su regreso, la procesión continuó hacia el corazón del Centro Histórico, pasando frente a la Parroquia de Nuestra Señora de la Inmaculada Concepción, Santa Iglesia Catedral, y regresando por la Calle 10 con rumbo al Santuario de San Román.
Bajo los intensos rayos solares, los fieles acompañaron nuevamente al Cristo Negro hasta su morada, donde se realizó la Solemne Subida al altar mayor. Entre incienso, campanas y el murmullo de la multitud, la imagen volvió a su sitio de honor, cerrando una jornada en la que Campeche volvió a demostrar que, después de más de cuatro siglos y medio, su fe también navega.