Un fragmento de un cohete Falcon 9 que llevaba más de un año desplazándose sin control por el espacio terminó su recorrido contra la cara oculta de la Luna, donde produjo un nuevo cráter y volvió a poner sobre la mesa los riesgos que representa la basura espacial para las futuras misiones humanas.
La colisión ocurrió el pasado 5 de agosto, cuando la etapa superior del vehículo de SpaceX golpeó la superficie lunar a una velocidad cercana a los 8,700 kilómetros por hora. El impacto dejó una cavidad estimada en 18 metros de diámetro y alrededor de tres metros de profundidad.
El objeto, identificado como 2025-010D, tenía una masa cercana a las cuatro toneladas y permanecía a la deriva desde enero de 2025. Su trayectoria terminó en una región situada entre los cráteres Bell y Einstein, en una zona de la Luna que no puede observarse directamente desde la Tierra.
La localización exacta del impacto requirió la participación de astrónomos profesionales y aficionados, quienes colaboraron para calcular la ruta final del objeto. Gracias a estas estimaciones fue posible anticipar el choque y posteriormente documentar sus consecuencias sobre el suelo lunar.
La NASA localizó el nuevo cráter
Después de la colisión, la sonda Lunar Reconnaissance Orbiter (LRO) de la NASA consiguió fotografiar el sitio y confirmar la aparición del nuevo cráter sobre la superficie.
La captura exigió una maniobra extremadamente precisa debido a que la nave se encontraba aproximadamente a 100 kilómetros de altura. Según la NASA, una diferencia de apenas 10 segundos en el momento de tomar la fotografía habría desplazado el objetivo alrededor de 16 kilómetros respecto al centro de la imagen.
Estas observaciones permitieron comparar imágenes anteriores y posteriores al choque, además de estudiar las características físicas del impacto hiperveloz producido por la etapa del cohete.
El Falcon 9 mostró una rotación inesperada
Antes de alcanzar la Luna, el objeto también llamó la atención de los investigadores por una anomalía en su movimiento. Durante los 19 meses que permaneció a la deriva, la etapa del Falcon 9 experimentó cambios inesperados en su velocidad de rotación.
Entre enero y febrero de 2026, los astrónomos detectaron que su periodo de rotación, cercano a siete minutos, se redujo en más de ocho segundos. Este comportamiento resultó llamativo debido a que un objeto inactivo normalmente debería perder gradualmente parte de su movimiento por diferentes efectos físicos.
Los investigadores consideran que la modificación pudo estar relacionada con la radiación solar o con posibles escapes residuales de combustible, aunque los estudios continúan analizando las causas exactas de la aceleración.
Detectan litio después del impacto
La colisión también permitió observar cambios químicos sobre la superficie lunar. El Very Large Telescope, ubicado en Chile, y el Lowell Discovery Telescope de Arizona consiguieron captar durante varios minutos la firma generada por el choque.
Las observaciones identificaron sodio, un elemento presente naturalmente en el suelo de la Luna, así como litio, que habría estado asociado con los restos del vehículo espacial.
Los datos convirtieron el accidente en una oportunidad para estudiar cómo los materiales fabricados por el ser humano pueden mezclarse con el polvo lunar tras una colisión de alta velocidad.
La basura espacial preocupa ante futuras bases humanas
Más allá de los datos científicos obtenidos, el accidente también representa una advertencia para los futuros proyectos de exploración lunar, entre ellos el programa Artemis de la NASA y los planes que otros países desarrollan para establecer instalaciones permanentes sobre la Luna.
A diferencia de la Tierra, la Luna no posee una atmósfera suficientemente densa capaz de frenar pequeños fragmentos. Por ello, cuando un objeto golpea su superficie a gran velocidad puede expulsar polvo, rocas y piezas metálicas capaces de recorrer grandes distancias.
Un estudio realizado antes del impacto calculó que la cortina de escombros generada por la colisión podía alcanzar entre 15 y 20 kilómetros de altura, lo que demuestra la magnitud que pueden tener estos eventos incluso cuando involucran estructuras relativamente pequeñas.
Para una futura colonia humana, estos fragmentos podrían convertirse en un riesgo para hábitats, vehículos y astronautas, especialmente si aumenta el número de naves y componentes abandonados alrededor de la Luna.
Científicos piden mejorar la vigilancia cislunar
Los especialistas advierten que identificar la procedencia y las características de estos objetos será cada vez más importante conforme aumente la presencia humana en el entorno lunar.
La acumulación de vehículos fuera de servicio podría reproducir alrededor de la Luna algunos de los problemas que actualmente existen en la órbita terrestre baja, donde miles de fragmentos de basura espacial obligan a vigilar continuamente posibles colisiones.
Por esta razón, los investigadores consideran necesario desarrollar mejores sistemas de seguimiento del espacio cislunar, tanto mediante observatorios instalados en la Tierra como con instrumentos colocados directamente en el espacio.
El impacto del Falcon 9 demuestra que la basura espacial ya no constituye únicamente un problema alrededor de nuestro planeta. Con el avance de los programas que buscan establecer presencia humana permanente en la Luna, controlar los restos de misiones anteriores podría convertirse en una parte fundamental de la seguridad de la exploración espacial.