En la isla Floreana de las Galápagos, archipiélago volcánico ubicado en la Océano Pacífico, a unos mil kilómetros de la costa de Ecuador, se está gestado un proyecto de conservación sin precedentes que suma los esfuerzos de la Dirección del Parque Nacional Galápagos y la organización Galápagos Conservancy.
El trabajo no solo contempla la reintroducción de las emblemáticas tortugas gigantes de las Galápagos, sino que sistemáticamente busca restaurar un ambiente en donde el reptil, erradicado en dicha isla a mediados del siglo XIX, representa la piedra angular del ecosistema debido a su capacidad para moldear el paisaje al pastar, abrir caminos y transportar semillas.
El 20 de febrero de 2026, marcó una fecha clave para la conservación de la especie, ya que 158 tortugas gigantes fueron liberadas en dos sitios de Floreana. Y aunque parezca extraño, se cree que los balleneros, a quienes se acusa de cazar indiscriminadamente a la tortuga floreana y provocar su desaparición, pudieron ser responsables de trasladar sus genes a otra isla.
Esto se comprobó en el año 2000, cuando científícos descubrieron inusuales ejemplares en el volcán Wolf, el pico más alto de las Galápagos localizado al norte de la isla Isabela. Análisis de ADN practicados a huesos de las extintas tortugas floreanas, confirmaron que los quelonios ubicados cerca del mencionado volcán, contaban con ascendencía del extinto animal.
La esperanzadora situación desencadenó un programa de reproducción que tiene por objetivo devolver a los reptiles gigantes a su hogar. Sin embargo, debido a que el ambiente de cada isla es distinto, y a que las tortugas gigantes pueden vivir más de 100 años, encontrar la condiciones ideales para su liberación es un reto para los conservacionistas.
Satélites ayudan a la conservación de las tortugas
Es en este punto de la trama que los satélites de la Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio (NASA), y los de sus socios, juegan un papel clave para determinar qué sitios cuentan con las mejores condiciones para la liberación de las tortugas, tomando en cuenta que la vegetación, la humedad y la temperatura pueden cambiar con el paso del tiempo.
Para encontrar los mejores puntos de liberación, los responsables del proyecto, construyeron una herramienta que combina las mediciones satelitales del hábitat, con millones de observaciones de campo de ubicaciones de las tortugas en todo el archipiélago. De esta forma, los especialistas saben cuándo y dónde liberar a los ejemplares.