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¿Se pueden predecir los terremotos? Esto dice la ciencia sobre las señales antes de un gran sismo

Los terremotos pueden ocurrir sin aviso preciso. Expertos explican por qué la ciencia todavía no puede anticipar el día, la hora y la magnitud de un sismo.

Una predicción completa tendría que determinar tres elementos: el lugar del terremoto, su magnitud y el instante en que ocurrirá
Una predicción completa tendría que determinar tres elementos: el lugar del terremoto, su magnitud y el instante en que ocurrirá / AP

Los grandes terremotos registrados recientemente en países de América Latina han reavivado una de las preguntas más frecuentes entre la población: ¿es posible saber cuándo ocurrirá un sismo antes de que comience?

La respuesta científica sigue siendo limitada. Aunque especialistas pueden identificar fallas geológicas, estudiar su comportamiento e incluso estimar qué magnitud máxima podría alcanzar un terremoto en determinadas regiones, actualmente no existe un método capaz de establecer con certeza el día, la hora y el lugar exactos de un movimiento telúrico.

El Centro Nacional de Información sobre Terremotos del Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) detecta alrededor de 20 mil terremotos cada año en todo el mundo, un promedio cercano a 55 movimientos diarios. Los registros históricos también permiten estimar que en un año pueden presentarse alrededor de 16 sismos de gran magnitud: 15 de magnitud 7 y uno de magnitud 8 o superior.

¿Por qué los terremotos no se pueden predecir con exactitud?

Los terremotos ocurren cuando la tensión acumulada por el movimiento de las placas tectónicas supera la resistencia existente en una falla y se libera de manera repentina.

Los especialistas pueden conocer dónde están algunas de las principales fallas y determinar características relacionadas con su tamaño, desplazamiento y potencial sísmico. El principal problema es identificar el momento exacto en que ocurrirá la ruptura.

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Antonio Morales Esteban, especialista en ingeniería sísmica, explica que una predicción completa tendría que determinar tres elementos: el lugar del terremoto, su magnitud y el instante en que ocurrirá. Los primeros dos pueden calcularse con cierto grado de aproximación, pero la tercera variable continúa fuera del alcance de la tecnología actual.

Además, las fallas pueden extenderse durante decenas o cientos de kilómetros y están formadas por materiales con distintas características. Para anticipar una ruptura sería necesario conocer con enorme precisión la tensión y resistencia de las rocas en múltiples puntos y a grandes profundidades.

¿Los animales pueden advertir que habrá un terremoto?

Historias sobre perros que ladran de forma inusual, aves que cambian su comportamiento o serpientes que salen de sus refugios antes de un terremoto han circulado durante décadas. Sin embargo, no existe evidencia científica consistente que permita utilizar el comportamiento de los animales como método de predicción.

También se han estudiado otros posibles indicadores, entre ellos variaciones del gas radón, cambios eléctricos y pequeños temblores previos. El problema es que estas señales no aparecen antes de todos los grandes terremotos y, en ocasiones, pueden registrarse sin que posteriormente ocurra un sismo importante.

¿La inteligencia artificial podrá predecir terremotos?

La inteligencia artificial ya se utiliza para analizar grandes cantidades de información sísmica e identificar patrones que serían difíciles de detectar mediante métodos tradicionales.

Investigadores han trabajado con redes neuronales y parámetros relacionados con la frecuencia y magnitud de los movimientos para calcular probabilidades. Sin embargo, estos sistemas todavía no permiten afirmar que en determinado lugar ocurrirá un terremoto específico en una fecha y hora concretas.

Ante estas limitaciones, los especialistas consideran que la herramienta más efectiva sigue siendo la prevención. Los sistemas de alerta temprana, las normas de construcción antisísmica y los protocolos de emergencia pueden reducir considerablemente las pérdidas humanas y los daños materiales.

En ese sentido, la vulnerabilidad de las ciudades juega un papel fundamental: aunque no pueda evitarse la liberación de energía de una falla geológica, una sociedad mejor preparada puede disminuir las consecuencias de un terremoto de gran magnitud.

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