Con motivo de los 56 años de la fundación de la ciudad, grupos de pioneros y el Ayuntamiento de Benito Juárez invitaron a la ciudadanía a participar en el que es promocionado como “El Picnic más Grande de Cancún”. La expectativa era alta: familias compartiendo alimentos, conviviendo y fortaleciendo la identidad de una ciudad que ha crecido de manera vertiginosa; sin embargo, lo que encontró la mayoría de los asistentes fue algo muy distinto: un tianguis de artistas plásticos con poca participación real de familias cancunenses.
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El evento se realizó en el parque Fonatur, un espacio que podría haber sido ideal para un verdadero picnic comunitario, pero en lugar de mantas extendidas en el pasto, canastas con comida casera y niños jugando, predominaron los stands de pintura, artesanías y artículos holísticos. Aunque hubo un escenario con música y presentaciones de danza, el ambiente se sintió más como una feria comercial que como una celebración de integración social.
Entre los pocos asistentes que sí llegaron con la idea de un picnic familiar se encontraban dos parejas. Ángel y Lucy, jóvenes veinteañeros, comentaron con desilusión que esperaban convivir con otras familias de fundadores y nuevos habitantes. “Pensamos que sería un evento de integración, para sentirnos más parte de Cancún, pero llegamos y nos encontramos con un mercado de arte”, relataron.
Por su parte, Manuel e Isabel, treintañeros, se acomodaron bajo la sombra de un árbol, lejos del bullicio de la música y los expositores. Isabel, nacida en Cancún, había insistido en asistir porque nunca había estado en un picnic y quería compartir con otros residentes. “Escuchamos que habría familias compartiendo comida y conviviendo. Vinimos preparados con sándwiches, pero esto parece más un evento para gente pudiente que un picnic popular”, expresaron con evidente decepción.
Entre los artistas cancunenses presentes destacaron figuras reconocidas como León Alba y Horacio Cárdenas, quienes expusieron sus obras. También participó un grupo de damas de la Asociación de Fundadores de Cancún, aunque en menor número del esperado. El resto de los asistentes eran principalmente familiares y amigos de los expositores.
El evento generó opiniones divididas. Mientras algunos valoraron la oportunidad de exponer y vender arte local, otros lamentaron que se haya perdido la oportunidad de crear un espacio real de integración para una ciudad que sigue buscando consolidar su identidad entre miles de migrantes que llegan cada año.
La experiencia deja una reflexión importante: en una ciudad tan heterogénea como Cancún, los eventos de integración social deben ser planeados con mayor sensibilidad hacia las necesidades reales de la población. No basta con poner un escenario y stands; se requiere crear condiciones para que las familias se sientan parte de algo colectivo y no solo espectadores de un tianguis cultural.
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JGH