Los edificios departamentales de Colares están en riesgo de colapso, y ante esto, Protección Civil exhortó a los vecinos de 10 inmuebles a evacuar estos, que después de 30 años alcanzaron un estado tan precario que se caen a pedazos. El pasado 24 de mayo, una mujer resultó lesionada tras caerse de una escalera que se derrumbó a su paso.
Pese a esfuerzos hechos por colonos para reparar sus edificios, hay otros que no hacen caso, y arriesgan su patrimonio y lo más caro que poseen, la vida misma al ser sujetos a un posible derrumbe mayor. Colonos mencionan que las autoridades como Protección Civil y la secretaria de Ecología y Desarrollo Urbano solo colocaron notificaciones en las puertas de los domicilios, sin mencionar si se diera algún apoyo, refugio temporal o facilidad.
Carolina Gómez es una adulta mayor de más de 60 años quien vive sola, subsistiendo del apoyo de sus hijos y de su pensión del Bienestar, que mensualmente vendría disponiendo de 4 mil pesos para sus gastos. Hace 30 años vive en Corales rentando su departamento en el edificio 2 del lote 4.
Las escaleras de este edificio están muy dañadas, con trozos que ya se han caído, pero que afortunadamente no han lastimado a nadie. Este mismo edificio presenta daños en las fachadas, balcones y según algunos vecinos, paredes internas, techos y plafones se están “soplando”.
“Entre vecinos nos estamos organizando para hacer un fondo entre todos los inquilinos del edificio, pero hay algunos como yo que tendremos dificultades para pagar, y créanos que nos urge porque aquí vivimos, pero solo dios me puede ayudar porque con mi apoyo de la pensión, más lo que me dan mis hijos, si diese mi cooperación, me quedaba sin dinero un mes completo”, mencionaba la abuelita.
En el edificio 1 del lote 4, la situación es un poco más optimista. Aquí vive la familia de la señora Isabel Santos, compuesta por su esposo y dos niños. Ya comienzan las obras de remodelación, de la mano del maestro albañil Cesar, que está picando las partes más dañadas de los balcones y descansos de las escaleras, que presentan daños muy graves, con ello evitando la posibilidad de un colapso cono en días pasados.
Se menciona que las varillas si bien tienen corrosión, aún siguen siendo vigentes y pueden soportar la reparación con el tratamiento adecuado, sobre todo acoplándose al presupuesto de los inquilinos.
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“Todos los inquilinos del edificio 1 hemos cooperado, alrededor de entre 4 mil a 4 mil 500 pesos, un poco más si algún inquilino quiere mayores detalles, pero en un cálculo estaríamos hablando de unos 80 mil pesos reparar las escaleras, pero cada edificio en lo particular tiene sus situaciones y ya serán quienes viven en él, responsables de su organización. Mi fachada la he arreglado, resanando lo soplado, limpiando mi pequeño jardín y pintando”, menciona la señora Santos.
Un panorama más desalentador enfrenta un edificio que no pudo ser identificado su número y lote, asentado sobre la calle 76, donde desafortunadamente no se ha llegado a un mínimo consenso u organización entre vecinos para tomar medidas ante los riesgos presentes. Las escaleras de este edificio lucen muy dañadas, con escalones que literalmente ya no existen, tramos parchados con herrera, las áreas verdes están en mal estado, hay una fuga de aguas negras en el estacionamiento, y un panorama poco alentador en él.
El señor Víctor Dávalos, es un adulto mayor que vive solo, acompañado de dos perritos, que como él menciona, cuida de ellos y ellos cuidan de él. Adquirió su departamento en primer piso por 800 mil pesos, el cual estaba en buen estado de mantenimiento, siéndole cómodo por su avanzada edad.
Para su desgracia, no contó con la precariedad del resto de la estructura, donde las escaleras, paredes y fachadas están en mal estado. Le parece alarmante, negligente y criminal que las autoridades municipales, pese a que desde hace más de una década se presenten estos problemas en los edificios de la Supermanzana 77, aún permitan que se vendan, renten y habiten.
“Lo tengo todo perdido. A estas alturas de mi vida no tengo otro sitio a donde ir. No tuve mejor opción porque era para lo que me alcanzaba. Tuve derecho a un estacionamiento para mi viejo Sentra, para poder ir al IMSS a mis consultas, mi medicina, y al supermercado, nada más. El día que esto se caiga, y ojalá, Dios me salvaguarde y no esté dentro, ¿A dónde iremos los ancianos que vivimos aquí? No puede ser que las autoridades permitan la venta, renta y que las familias vivan en estos viejos edificios”, mencionaba el señor Davalos preocupado.
Al cuestionar a las familias, mencionan que las autoridades no les facilitaron ni un albergue, apoyo económico, opciones para poder cumplir con las medidas impuestas o asesoría técnica. Solo se limitaron a colocar unas notificaciones que en síntesis se señalaba los trabajos necesarios a realizar para renovar los edificios, y que deja a los vecinos entre la espada y la pared con la incertidumbre de sus viviendas.