El sargazo provocó severas afectaciones a la economía de esta ciudad durante el 2026, al grado de dañar 60 embarcaciones que quedaron varadas entre el lodo generado por las algas. Ahora, sus propietarios requieren entre 10 mil y 20 mil pesos para darles mantenimiento, recursos que no tienen para cubrir esos gastos, señaló José Gómez Burgos, presidente de las cooperativas turísticas “Mar Caribe” y “Haman-Há”.
El lanchero Juan Cervando consideró que el impacto de la macroalga durante este año fue histórico, debido a los grandes volúmenes registrados en comparación con el 2025. Advirtió que desde años anteriores se alertó por el agravamiento del problema, pero el Gobierno municipal no tomó previsiones para proteger el destino.
Las actividades turísticas de snorkel, paseos en alta mar, buceo en cuevas y pesca deportiva disminuyeron durante el 2026, debido a que la acumulación de algas dificultaba internarse en el mar, principalmente por los malos olores que generaban.
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“Los compañeros han salido adelante con la captura de productos del mar para alimentar a sus familias y comercializar una parte, a fin de afrontar esta complicada situación económica. Soy músico, pero este año, al caer el turismo, que afectó a todos, como lanchero hago lo posible por ganarme el día y recaudar al menos unos 600 pesos para sostener a mi familia, principalmente para la comida, porque vivimos al día y no hay dinero para otras cosas que necesitamos”, dijo Cervando.
Añadió que las playas 72 y 88, así como Punta Esmeralda, resultaron más afectadas que en el 2025. Aunque las condiciones de los litorales han mejorado y ya no hay algas en descomposición, las costas no lucen como en el 2020 y el 2022. Atribuyó parte del deterioro a que la mayoría de los hoteles incumplieron los límites costeros y construyeron sobre la duna. Actualmente, se observan piedras filosas que representan un riesgo para los bañistas.
En el 2024 también hubo recales de sargazo, pero de menor magnitud que los registrados en el 2026. El problema se agravó porque el Gobierno no implementó estrategias preventivas y permitió que las algas permanecieran durante más tiempo en los litorales, hasta descomponerse. Esta situación provocó una disminución de visitantes y cancelaciones de estancias hoteleras debido a los olores insoportables, opinó Santos Cat Chan, representante legal de los lancheros “Playa del Carmen”.
Las actividades náuticas llegaron a paralizarse y las operaciones cayeron hasta el cinco por ciento. Cat Chan refirió que sus compañeros atravesaron una etapa de estrés por la falta de ingresos para mantener a sus familias, luego de agotar sus ahorros. Agregó que el periodo de baja actividad no se presentó como en otros años y que todavía carecen de un pronóstico para las próximas vacaciones de invierno, debido a la inestabilidad de las condiciones climatológicas.
Pese a las fuertes pérdidas económicas, los trabajadores del sector desconocen cómo cumplirán con el pago del impuesto predial. “No tenemos dinero y el Gobierno municipal no nos ayudó durante esta difícil etapa”, señaló.
La caída del turismo también se atribuyó a las condiciones de las playas, cubiertas de sargazo en descomposición. Los visitantes pagan por viajar y disfrutar de las costas, pero al llegar se decepcionaron al encontrar un destino con condiciones que consideraron un riesgo para la salud.
Las autoridades municipales omitieron priorizar la recolección y el retiro de las algas antes de que se descompusieran, pues esperaron que las fuertes marejadas limpiaran las costas. La falta de coordinación entre dependencias también contribuyó al colapso económico, relató Cat Chan.
Juan Velázquez, buzo, agregó que este destino turístico vivió una de sus peores etapas por los grandes volúmenes del residuo marino que llegó al litoral. La brigada de la Zona Federal Marítimo Terrestre (Zofemat) resultó insuficiente para atender la contingencia y, pese a su magnitud, el Gobierno municipal no contrató cuadrillas externas, como ocurrió en administraciones anteriores.
Los prestadores de servicios turísticos acuáticos, quienes durante los últimos tres años obtenían ingresos diarios de entre 2 mil y 3 mil pesos, en el 2026 apenas recaudaban 500, cantidad insuficiente para cubrir las necesidades familiares, debido al alto costo de vida en Playa del Carmen, refirió.
Los entrevistados comentaron que el sargazo se ha disipado, pero el daño está hecho y todavía están en el hoyo, porque ahora no hay playas ni arenales. Las fuertes marejadas, al golpear las estructuras hoteleras, han deteriorado la franja costera; el oleaje regresó para recuperar su espacio.
Gómez Burgos relató que, de las 60 embarcaciones afectadas, algunas presentan daños menores, mientras que otras tienen los motores deteriorados. Sus propietarios no han invertido en reparaciones por falta de recursos, derivada de la caída del turismo y el desplome económico.
La reducción del flujo de visitantes también repercutió en los pequeños hoteles de Playa del Carmen, cuya ocupación descendió hasta el 10 por ciento. Esta situación generó perjuicios generalizados que no solo afectaron a los lancheros.
Los principales mercados emisores de viajeros, entre ellos Estados Unidos, Canadá y México, redujeron su participación en Playa del Carmen. El segmento de alto poder adquisitivo comenzó a disminuir paulatinamente desde el 2024 y en el 2026 sufrió un desplome considerable, describió.
Señaló que el turismo es una actividad frágil que, si no se protege, decae. Aunque Playa del Carmen depende económicamente de este sector, las autoridades no han comprendido que deben darle prioridad, pues no existe otra industria que genere ingresos para la población.
José Gómez destacó que el sargazo comenzó a afectar la zona costera de manera más evidente alrededor del 2013, aunque en aquel momento los volúmenes todavía no representaban una amenaza para el destino.
Ese mismo año, el panorama cambió con el vertido de arena y la llegada de las primeras cargas de algas. La maquinaria comenzó a sepultarlas directamente en la playa, pese a que entonces existían arenales de gran amplitud.
La práctica de abrir fosas en las dunas, depositar el sargazo y cubrirlo con más arena provocó que la franja costera perdiera consistencia. La estructura del terreno se debilitó, lo que facilitó la erosión por efecto de la humedad y las mareas. Aunque actualmente el litoral luce libre de algas, el problema más grave es la pérdida de arena.
El deterioro avanzó de manera gradual. El volumen de la talofita aumentó considerablemente entre el 2015 y el 2018, perjudicando la economía local y rebasando la capacidad de respuesta de las autoridades municipales de Playa del Carmen.
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“Los pescadores o lancheros tenemos inversiones en redes de al menos 10 mil pesos cada uno, que también se van dañando. En temporada alta invertimos en mantenimiento, pero este año salimos perdiendo; estamos en ceros. Si las costas se mantienen en buenas condiciones para las próximas vacaciones de invierno, podríamos recuperarnos e invertir en nuestros equipos”, relató Gómez Burgos.
Actualmente, mediante la captura de distintas especies marinas, los pescadores obtienen 500 pesos al día, cantidad que apenas alcanza para alimentar a una familia de tres o cuatro integrantes, debido al alto costo de vida. Durante la temporada alta de turismo, cada trabajador conseguía hasta 2 mil diarios, relató.
Señaló que, por el momento, el gremio continuará con la pesca ante la falta de visitantes. La temporada de captura concluye hasta diciembre próximo. Entre las variedades disponibles se encuentran la liseta, chacchí y pargo; además, se aproxima otro periodo favorable por los nortes, fenómeno que podría ayudar a mantener cierta actividad.
Debido a las condiciones críticas provocadas por la macroalga, los trabajadores del mar se concentraron en la pesca para subsistir durante septiembre y octubre. Esta labor les permitió conseguir algunos ingresos y mantenerse ocupados.
Aunque en la zona costera conocida como El Recodo desapareció el sargazo que había regresado durante la primera semana de octubre, el agua conserva una tonalidad chocolate. El problema más grave ahora es la erosión, que ha causado daños severos en más de 500 metros del litoral.
José Gómez relató que en el 2006 presentó ante las autoridades municipales y estatales una propuesta para construir un muro de contención a 500 metros de la primera ola del mar, a partir de la Playa El Recodo, con el propósito de proteger la franja costera. Sin embargo, aseguró que los funcionarios se burlaron de la iniciativa y le dijeron que estaba loco.
Explicó que el planteamiento surgió de la experiencia de quienes trabajan en el mar y conocen el comportamiento de las marejadas. Afirmó que los primeros recales de sargazo fueron una advertencia sobre los fuertes impactos que se avecinaban. “No nos creyeron, pensaron que estábamos locos, pero este 2026 quedó demostrado que no”, manifestó.
El biólogo Gabriel Robles señaló que recuperar la franja erosionada requiere tiempo para realizar investigaciones de campo. Un plan integral no puede elaborarse en unos días, sino que necesita meses, pues es indispensable recopilar información, efectuar evaluaciones y análisis, además de consultar a académicos, universidades y científicos antes de presentarlo ante la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), instancia encargada de revisar y aprobar la Manifestación de Impacto Ambiental (MIA).
Debido al tiempo que resta a la actual administración municipal de Playa del Carmen, ya no sería posible concluir el proyecto de recuperación de playas, pues el plazo para obtener la resolución de la Dirección General de Impacto y Riesgo Ambiental de la Semarnat oscila entre cinco y nueve meses, explicó.