Más de 2 mil 700 adultos mayores del municipio enfrentan condiciones de vulnerabilidad, pobreza y abandono. De ellos, 826 están inscritos en el programa de asistencia alimentaria del Sistema para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF) en la cabecera municipal; sin embargo, únicamente dos mujeres han sido canalizadas al área de psicología. La cifra evidencia las dificultades para atender la salud emocional de una población afectada por carencias económicas, aislamiento y falta de servicios especializados.
En Lázaro Cárdenas, la escasez de consultorios psicológicos públicos, el costo de las consultas privadas y la resistencia de algunos adultos mayores a buscar ayuda dificultan la detección de depresión y ansiedad.
Detrás de estas condiciones hay historias de incertidumbre económica, pérdida de autonomía, conflictos familiares y soledad.
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Soledad y precariedad en la vida diaria
María, nombre utilizado para proteger la identidad de una mujer de edad avanzada que vive en la cabecera, relata que la incertidumbre económica es uno de los principales detonantes de su ansiedad.
Desde que quedó viuda, la falta de un ingreso fijo la mantiene preocupada. El pago de electricidad y agua, así como la compra de alimentos, representan dificultades cotidianas. Aunque recibe los apoyos gubernamentales para adultos mayores, asegura que son insuficientes cuando enfrenta problemas de salud y necesita comprar medicamentos.
Vicente, habitante de una comunidad cercana a la cabecera, enfrenta una situación similar por la pérdida de su capacidad para trabajar. Durante años se dedicó al campo, pero la edad y el desgaste físico ya no le permiten cortar leña.
Una mujer adulta mayor relata que pueden pasar semanas sin que sus hijos o nietos la visiten. Permanece sola gran parte del día y siente que para el mundo exterior ha dejado de existir.
La falta de contacto familiar la lleva a preguntarse si sus parientes todavía la quieren o si la consideran una carga económica. Por su edad tampoco encuentra oportunidades laborales para recuperar su independencia, lo que profundiza su tristeza e incertidumbre.
Un adulto mayor que trabajaba a bordo de un triciclo relata que ya no tiene fuerzas para desempeñarse como antes y tampoco encuentra empleo. Ante la necesidad de obtener ingresos, busca trabajos informales o pequeños encargos.
Sin embargo, las labores que le ofrecen, como la limpieza profunda o el chapeo de terrenos, exigen un esfuerzo físico que ya no puede realizar. Al preguntarle si por las noches le preocupa cuánto ganará al día siguiente, responde que la inquietud no lo deja dormir.
Explica que sus ingresos no alcanzan para cubrir la alimentación y los servicios básicos. Cada noche se pregunta cómo conseguirá el sustento. Aunque algunas personas del poblado le brindan ayuda o pequeños trabajos, reconoce que sus limitaciones físicas reducen sus posibilidades de sobrevivir por cuenta propia.
Sin cobertura suficiente
La falta de servicios especializados es mayor en las comunidades rurales. Manuel Jesús Hoil, presidente de “Nuevas Generaciones”, explicó que en la zona sur de Lázaro Cárdenas hay pocos centros de salud y algunas comunidades sólo cuentan con médicos generales, lo que dificulta el acceso a atención psicológica y especialistas en salud mental.
Señaló que suele prevalecer la idea de que las familias rurales permanecen más unidas y los hijos están pendientes de sus padres y abuelos; sin embargo, esa cercanía no evita la depresión ni otros problemas emocionales. Los síntomas pueden pasar inadvertidos cuando los familiares desconocen cómo identificarlos o los consideran parte del envejecimiento.
La directora del DIF Municipal, Giselle Angulo, explicó que durante las convocatorias para entregar canastas alimentarias se actualizaron los padrones, con un registro de 826 adultos mayores en la cabecera.
En las comunidades rurales también se aplican los padrones de programas federales y estatales de atención a la vulnerabilidad, mediante los cuales se entregan apoyos alimentarios a personas con discapacidad y adultos mayores en condiciones de marginación.
Sobre la Casa del Adulto Mayor, aclaró que permanece inactiva, aunque cuenta con infraestructura utilizada en administraciones anteriores. El Ayuntamiento gestiona su reactivación ante instancias estatales y federales, pero debe cumplir requisitos operativos y jurídicos, entre ellos disponer de psicólogos, asesores jurídicos y elementos de seguridad ciudadana de tiempo completo.
Reconoció que el Ayuntamiento carece de recursos y personal presupuestado para sostener un proyecto en las personas mayores.
El DIF municipal mantiene programas de integración social, como el grupo “Años Dorados”, integrado por mujeres adultas mayores que representan al municipio en actividades culturales, escoltas, danza, poesía y jornadas recreativas.
También opera la Coordinación del Adulto Mayor, que brinda asistencia social básica, aunque carece de áreas exclusivas de atención jurídica y psicológica.
Para atender estos casos, trabaja con la Procuraduría de Protección de Niñas, Niños, Adolescentes y la Familia, C-Mujeres, el Geavig y la Dirección de Seguridad Ciudadana. Cuando una persona mayor se encuentra en situación de extrema vulnerabilidad, abandono o postrada en cama, el personal realiza visitas domiciliarias y entrega despensas, pañales y medicamentos.
En cuanto a las denuncias por abandono o maltrato, Angulo explicó que ahora se requiere mayor formalidad para intervenir. Antes bastaba con que un vecino acudiera a las oficinas o enviara una fotografía para que el DIF realizara una visita. Actualmente, para activar un protocolo de rescate u orden de protección, se debe presentar un reporte al 911 o comparecer ante Seguridad Ciudadana.
Aclaró que los mensajes, comentarios o etiquetas en redes sociales no constituyen denuncias formales, pues algunas publicaciones pueden derivar de conflictos familiares o acusaciones sin sustento.
Añadió que muchos ciudadanos desisten cuando se les solicitan datos personales o testigos que ratifiquen las denuncias ante las fiscalías de Cancún o Chetumal, por miedo o desinterés, lo que puede frenar las intervenciones.
Sobre la detección de depresión y ansiedad, reconoció que de los más de 800 adultos mayores inscritos en la cabecera municipal únicamente dos mujeres han sido canalizadas a psicología. Ambos casos se identificaron durante talleres y actividades grupales, donde las participantes encontraron un espacio de confianza para hablar de sus problemas familiares y expresar sus emociones.
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Cambios a tomar en cuenta
La psicóloga Jocelyn Sinai Dzul Chan, adscrita a la Procuraduría de Protección del DIF, explicó que a partir de los 60 años los cambios físicos, sociales y emocionales pueden afectar el bienestar, especialmente cuando las personas pierden vitalidad, actividades habituales o sienten que han dejado de ser útiles.
Para prevenir la depresión y la ansiedad, recomendó que las familias integren a los adultos mayores en las actividades cotidianas, de acuerdo con sus capacidades. Ante estas situaciones, sugirió incorporar actividades como jardinería, manualidades, bordado o preparación de alimentos, en lugar de mantenerlos inactivos o apartarlos.
Dzul Chan identificó como señales de alerta el desánimo constante, la falta de voluntad para levantarse de la cama o de la hamaca y expresiones como “ya no sirvo para nada”, “solo soy una carga” o “ya me quiero morir”. También pidió prestar atención al aislamiento durante las reuniones familiares y al rechazo persistente de la atención médica o psicológica.
Recordó que algunas personas mayores crecieron en entornos donde el cuidado emocional no era habitual y todavía relacionan la atención psicológica con la locura o la debilidad, lo que dificulta que acepten ayuda profesional. Por ello, pidió a las familias actuar con paciencia y empatía.
La psicóloga Dalia Osorio Chimal explicó que la depresión en la vejez puede relacionarse con la acumulación de pérdidas, como las capacidades físicas, el trabajo, las amistades y la pareja. A ello se suma la necesidad de continuar trabajando en condiciones precarias cuando no existe respaldo económico.
Osorio señaló que la falta de espacios públicos recreativos, deportivos y de convivencia también agrava el problema. Añadió que algunos pacientes requieren, además de terapia psicológica, tratamiento farmacológico o atención psiquiátrica.
Sin embargo, en el municipio y la región el acceso a especialistas en neurología y psiquiatría es limitado, por lo que la atención depende de la capacidad económica para pagar consultas y medicamentos en ciudades vecinas.
La psicóloga clínica Rosina Cab coincidió en que existe un subregistro de problemas de salud mental entre los adultos mayores que acuden a consultas privadas. Explicó que pocas veces buscan atención por iniciativa propia; generalmente son sus hijos quienes los llevan después de notar cambios de conducta o episodios de irritabilidad.
Señaló que la depresión y la ansiedad también pueden relacionarse con la muerte del cónyuge, la partida de los hijos, la pérdida de solvencia económica y las enfermedades crónicas.
Como ejemplo, relató el caso de una paciente viuda que presentaba episodios agudos de ansiedad por temor a ser juzgada por sus hijos al intentar rehacer su vida sentimental. Durante meses guardó silencio y enfrentó el conflicto en soledad.
Advirtió que normalizar el sufrimiento emocional como parte de la vejez y las dificultades para acceder a atención privada contribuyen a que numerosos casos permanezcan sin diagnóstico ni tratamiento.