Soy un Ba Uxul que vive en Lacamhá,
donde existen 9 arroyos,
relato en piedra para no olvidar
la gloria de esta ciudad.
Fui testigo con la señora Sak K´uk,
poderosa madre de Pacal II,
como entregó el poder a su hijo
para convertirlo en rey.
Soy un Ba Uxul…
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Katunes fueron y otros vinieron,
Lahun Ahau castigó mucho al pueblo.
De pronto el Rostro de la Muerte surgió
envolviendo la casa del Rey.
Soy un Ba Uxul…
Jinich Janab Pacal,
gobernante sabio,
construyó el Bolon Eb
Naab
para la posteridad.
Tu ciudad te espera ya.
Nueve guerreros te
guardan.
Liberarte han de poder
de las fauces que te
llevaron,
mientras renaces Divino
en presencia de Hu´unal
y K´awiil.
Soy un Ba Uxul que vive en Lacamhá.
Letra y música de Carlos E. Caballero Guerrero
La señora Sak K'uk y su hijo
La canción se inicia cuando un Ba Uxul (primer escultor) alegremente canta un estribillo que se repite en la canción y en el que menciona donde vive y también sobre su ciudad Lacamhá, la cual está rodeada por nueve arroyos perennes que fueron manipulados para aprovechar su caudal en los distintos complejos arquitectónicos. Al mismo tiempo, relata acerca del trabajo que hace: grabar en piedra para no olvidar la gloria de Lacamhá.
Luego nos relata que fue testigo cuando la madre de Pacal II lo convirtió en rey, entregándole la diadema señorial que lo caracteriza como nuevo gobernante a la edad de 12 años. Lo anterior se encuentra en la Lápida Oval, Casa E del Palacio y muestra la entronización de K’inich Janaab’ Pakal, quien recibe el tocado señorial de manos de su madre, la señora Sak K’uk.
El 6 de febrero de 644 N. E. el señor Balam Ahau accedió al trono de Tortuguero y empezó un período de conflictos, ya que atacó a Comalcalco y Moyoob, que eran aliados de Lacamhá, pues Pacal II seguramente forjó este vínculo provocando la reacción de Tortuguero.
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Nuestros antepasados se pintaban la piel de color negro, que es el de la guerra y, al mismo tiempo, del dios K´awiil. En el Katún 10 Ahau (Katún Lahun Ahau) se enseñoreó la deidad regente del período, Ich Cham Ahau Señor del Rostro de la Muerte en comparación con las condiciones benévolas y de abundancia del Katún anterior.
El dios de la muerte impuso condiciones adversas: un intervalo de intensas sequías, y numerosos decesos.
También hubo guerras generalizadas y es en ese período donde el Rostro de la Muerte llegó a la casa del rey: falleció su esposa, la señora Tz’ak b’u Ahau, y fue sepultada en la cámara central del templo XIII-sub o de la Reina Roja.
Kinich Janab Pacal erigió el B’olon Yej Teʼ Naah (La casa de los nueve acompañantes), hoy conocido como el Templo de las Inscripciones.
En la lápida de su sarcófago, Pacal fue representado como el dios K’awiil emergiendo de las descarnadas fauces de un ofidio sobrenatural llamado Sak B’aak Naah Way, entidad que representa al mundo subterráneo.
Imbuido con las cualidades de K’awiil, el gobernante regresa a la tierra junto con un árbol sagrado, cuyo tronco se eleva vigoroso hasta las alturas celestes, donde se posa el dios Itzamná, representando bajo el aspecto de ave (Itzam Yeh).
Mediante esta metamorfosis visual, Pacal se convierte en un ser divino capaz de transitar por los niveles del cosmos, de comunicarse con las entidades sagradas y de servir de enlace entre éstas y sus descendientes vivos.
Hu’unal y K’awiil son las deidades del Linaje Divino, impelan y atestiguan el inminente proceso de transformación de Janab Pacal al trascender los diferentes planos a tráves del árbol del mundo.