Yucatán

Enfermedades cerebrovasculares crecen 28.1% en la Península; Yucatán suma más de mil registros este año

Yucatán acumula 1,069 registros cerebrovasculares en el 2026; la atención inmediata puede evitar muertes y discapacidades.

Yucatán acumula 1,069 registros cerebrovasculares en el 2026
Yucatán acumula 1,069 registros cerebrovasculares en el 2026 / Especial

La pérdida repentina de fuerza en un brazo, una sonrisa que se desvía hacia un lado o la dificultad para pronunciar palabras pueden ser las primeras señales de una emergencia capaz de cambiar una vida en cuestión de minutos. Un accidente cerebrovascular puede comenzar sin dolor y sin una advertencia previa, pero sus consecuencias pueden acompañar al paciente y a su familia durante años.

En Yucatán, las estadísticas muestran la dimensión de esta amenaza. Entre el 1 de enero y el 10 de octubre del 2026 se contabilizaron 1,069 registros de enfermedades cerebrovasculares, según el desglose de los datos de vigilancia epidemiológica de la Secretaría de Salud. De ellos, 579 correspondieron a hombres y 490 a mujeres.

La cifra representa un promedio cercano a cuatro registros diarios y coloca nuevamente bajo atención un problema sanitario que puede provocar muerte, parálisis, dificultades para hablar, alteraciones de la memoria y pérdida de autonomía.

El panorama se extiende a toda la Península. Durante las primeras 40 semanas del año, Yucatán, Campeche y Quintana Roo acumularon 1,841 casos, frente a 1,437 del mismo periodo del 2025. La diferencia es de 404 registros, equivalente a un incremento de 28.1%.

A escala nacional, el comportamiento también fue ascendente: de 49,906 notificaciones en el 2025 se pasó a 55,742 durante el periodo equivalente del 2026, un aumento de 11.7%.

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Los resultados, obtenidos del sistema de vigilancia epidemiológica, reflejan una mayor cantidad de registros, aunque no permiten determinar por sí solos si aumentó en la misma proporción el número de nuevos accidentes cerebrovasculares. La clasificación utilizada comprende distintas enfermedades y secuelas, por lo que requiere distinguir los episodios agudos de otros diagnósticos.

Cuando el cerebro deja de recibir sangre

Un accidente cerebrovascular, conocido también como ictus, ocurre cuando se interrumpe el suministro de sangre a una parte del cerebro o se rompe un vaso sanguíneo dentro de él. En el primer caso, denominado isquémico, una obstrucción impide que el oxígeno llegue adecuadamente al tejido cerebral. En el segundo, llamado hemorrágico, se produce un sangrado que lesiona estructuras del cerebro.

Ambos representan emergencias médicas. La diferencia es fundamental porque sus tratamientos no son iguales y una intervención incorrecta puede agravar el daño.

Por eso, cuando una persona llega al hospital con síntomas compatibles con un ictus, el personal médico necesita identificar rápidamente qué está ocurriendo. Estudios de imagen, como la tomografía, permiten distinguir una obstrucción de una hemorragia y orientar las decisiones terapéuticas.

En determinados pacientes con obstrucciones, es posible administrar medicamentos para disolver coágulos o realizar procedimientos especializados para retirarlos. Sin embargo, estas opciones dependen de las condiciones clínicas, el tiempo transcurrido y los resultados de los estudios.

La atención inmediata no garantiza una recuperación completa, pero puede reducir la extensión de las lesiones y las posibilidades de discapacidad permanente.

Una amenaza que puede prevenirse

La Organización Mundial de la Salud (OMS) identifica a la hipertensión arterial como uno de los principales factores de riesgo de accidente cerebrovascular. A ella se suman la diabetes, el tabaquismo, el colesterol elevado, la obesidad, la alimentación poco saludable, la inactividad física y el consumo perjudicial de alcohol.

Muchas de estas condiciones se desarrollan silenciosamente durante años. Una persona puede sentirse aparentemente bien mientras la presión arterial elevada deteriora sus vasos sanguíneos o una alteración del ritmo cardiaco favorece la formación de coágulos.

La Organización Mundial del Ictus advierte que una de cada cuatro personas podría experimentar un accidente cerebrovascular a lo largo de su vida. También destaca que gran parte del riesgo está relacionado con factores que pueden modificarse mediante prevención, tratamiento y seguimiento médico.

Esto convierte el problema en algo más amplio que la atención hospitalaria. La detección de hipertensión y diabetes, el acceso a consultas, la disponibilidad de medicamentos y el control regular de los pacientes también forman parte de las medidas necesarias para reducir sus consecuencias.

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En Yucatán, estas consideraciones adquieren importancia tanto para la población urbana como para las comunidades del interior, donde la oportunidad de recibir atención especializada debe analizarse a partir de los servicios realmente disponibles.

El peso de las defunciones

La estadística de mortalidad permite observar otra dimensión.

De acuerdo con las cifras preliminares del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) utilizadas en el material analizado, Yucatán registró 661 defunciones por enfermedades cerebrovasculares durante el 2025.

Ese total equivale, en promedio, a una muerte cada 13 horas y cuarto.

Aunque representa una reducción frente a las 960 defunciones contabilizadas en el 2024, el número mantiene a este grupo de padecimientos como una causa relevante de mortalidad en la entidad.

El comportamiento peninsular no fue uniforme. Campeche pasó de 238 fallecimientos en 2024 a 92 en el 2025, mientras Quintana Roo registró un incremento de 393 a 407 durante el mismo periodo.

Estas cifras deben interpretarse con cautela por su carácter preliminar y porque proceden de registros de defunciones, distintos de las notificaciones semanales de enfermedad.

Tampoco permiten establecer directamente qué proporción de los pacientes diagnosticados durante el 2026 falleció por esta causa. Para ello sería necesario contar con información clínica y seguimiento individual de los enfermos, además de estadísticas hospitalarias sobre ingresos, tratamientos y evolución.

Sobrevivir también cambia la vida

La muerte no es la única consecuencia de un accidente cerebrovascular.

Entre quienes sobreviven pueden persistir dificultades para caminar, mover una extremidad, tragar alimentos, comprender conversaciones o expresar ideas. Otros enfrentan alteraciones de concentración, memoria y equilibrio.

La recuperación depende de la gravedad de la lesión, las condiciones previas del paciente y el acceso oportuno a rehabilitación.

Fisioterapia, terapia del lenguaje, atención psicológica y acompañamiento familiar pueden formar parte de un proceso que se prolonga durante meses o años.

En ese periodo, las consecuencias también alcanzan al hogar. Una persona que pierde autonomía puede necesitar ayuda para bañarse, alimentarse o desplazarse. La atención cotidiana puede modificar la organización familiar y reducir las posibilidades laborales tanto del paciente como de quienes lo cuidan.

Las cifras disponibles muestran la importancia de las enfermedades cerebrovasculares en Yucatán, pero todavía dejan preguntas esenciales: cuántos pacientes reciben tratamiento a tiempo, dónde se encuentran los servicios especializados y qué sucede con quienes sobreviven.

Responderlas permitiría conocer no sólo cuántas personas enferman o mueren, sino también qué oportunidades tienen de recuperar su vida cotidiana.

Porque, frente a un accidente cerebrovascular, reconocer el peligro es apenas el primer paso. El siguiente es conseguir atención cuando todavía existe la posibilidad de evitar un daño mayor.