Yucatán

Madres yucatecas apenas consiguen sostener a sus familias con un salario mínimo; seis de cada diez carecen de seguridad social

Aunque cada vez más mujeres participan en el mercado laboral, convertirse en madres supone aún una penalización en términos de salario, condiciones y oportunidades de crecimiento laboral.

Yucatán tiene más mujeres ocupadas que la media nacional, pero la maternidad sigue siendo una penalización
Yucatán tiene más mujeres ocupadas que la media nacional, pero la maternidad sigue siendo una penalización / Por Esto!

Cada 10 de mayo, las flores y los mensajes de felicitación inundan Mérida. Pero detrás de la celebración hay un retrato estadístico que el Inegi acaba de publicar y que habla de algo distinto: de mujeres que trabajan jornadas completas fuera de casa y regresan a una segunda jornada que nadie paga, que acumulan más de 37 horas semanales en tareas domésticas y de cuidado no remunerado, y que en casi la mitad de los casos perciben a lo mucho un salario mínimo por su trabajo formal.

En Yucatán, ese retrato tiene sus propios matices: un mercado laboral femenino más activo que el promedio nacional, pero atravesado por las mismas desigualdades estructurales que definen a las madres trabajadoras en todo el país.

Las cifras de fondo

De acuerdo con el comunicado del Inegi, presentado con datos de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) del cuarto trimestre de 2025, en México residen 54.9 millones de mujeres de 15 años y más. De ellas, 71.5% ha tenido al menos una hija o hijo nacido vivo a lo largo de su vida. La proporción sube con la edad: desde 5.2% entre adolescentes de 15 a 19 años hasta 93.7% entre las mujeres de 60 años y más.

El dato más revelador no está en quiénes son madres, sino en cómo viven las que trabajan. De las madres ocupadas, 45.6% trabajó entre 35 y 48 horas semanales en su empleo. Es decir, jornada completa. Pero eso es solo la mitad del cuadro.

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Las mismas mujeres dedicaron, en promedio, 20.5 horas semanales a quehaceres del hogar y otras 17.3 horas al cuidado sin pago de niños, personas enfermas o adultos mayores. Sumadas, esas dos actividades no remuneradas representan casi 38 horas adicionales de trabajo invisible a la semana, una segunda jornada laboral completa que no genera ingreso, no acumula derechos laborales y no aparece en ningún recibo de nómina.

Mayor participación, misma desigualdad

En ese contexto nacional, Yucatán presenta un perfil particular. En el cuarto trimestre de 2025, el estado se ubicó como la quinta entidad con mayor tasa de participación laboral del país, con 65.49% de la población en edad de trabajar incorporada al mercado laboral, porcentaje superior a la media nacional de 59.28%. Es una buena noticia parcial: más yucatecas trabajan. Pero trabajar más no significa trabajar mejor.

En el primer trimestre de 2025, la fuerza laboral ocupada en Yucatán alcanzó 1.22 millones de personas, con 42.2% de mujeres, y un salario promedio mensual de 7,370 pesos.

Para referencia, el salario mínimo general en México en 2025 fue de aproximadamente 8,364 pesos mensuales. Es decir, el promedio salarial en el estado está por debajo incluso del mínimo nacional, y una proporción importante de las madres ocupadas en todo el país -casi la mitad, según el Inegi- gana exactamente ese piso o menos.

El perfil educativo de las madres yucatecas más jóvenes ha mejorado notablemente en las últimas décadas, lo que en teoría debería traducirse en mejores oportunidades laborales. Según los datos del Inegi, entre las madres de 30 a 34 años a nivel nacional, casi la mitad (49.5%) contaba con estudios de nivel medio superior o superior en 2025.

En contraste, entre las de 60 años y más, un tercio (34.6%) declaró primaria incompleta. La brecha generacional en escolaridad es enorme. Sin embargo, esa mayor educación no ha logrado traducirse todavía en una reducción equivalente de la carga de cuidados ni en mejores ingresos para las madres.

La penalización silenciosa

El fenómeno tiene nombre en la literatura económica: la “penalización por maternidad”. Las mujeres con hijas o hijos suelen ganar menos tras reincorporarse a la vida laboral, mientras que los hombres que trabajan y son padres no son afectados en sus ingresos y, de hecho, pueden experimentar mayores oportunidades profesionales.

Aunque cada vez más mujeres participan en el mercado laboral, convertirse en madres supone aún una penalización en términos de salario, condiciones y oportunidades de crecimiento laboral. Esto responde a la distribución desigual de los cuidados y a dinámicas del mercado laboral que no han evolucionado al mismo ritmo.

En Yucatán, las ocupaciones con mayor concentración de trabajadoras se ubican precisamente en los sectores más expuestos a la informalidad y los salarios bajos: empleadas de ventas y dependientes en comercios (83,200), trabajadoras domésticas (46,700) y comerciantes en establecimientos (43,800). Son empleos que raramente ofrecen guarderías, horarios flexibles o licencias de maternidad remuneradas más allá de lo que marca la ley.

Las yucatecas que más trabajan

Los datos del Inegi muestran que la participación económica de las madres en México alcanza su pico entre los 35 y 44 años: 61.8% y 61.4%, respectivamente. Son precisamente los años en que los hijos están en edad escolar, cuando la demanda de cuidados es intensa pero no tan absorbente como en la primera infancia. Ese pico revela también una realidad: la entrada plena al mercado laboral muchas veces se retrasa o se interrumpe durante los años reproductivos más tempranos.

La situación conyugal es otro factor que moldea el panorama. Según los datos de 2025, 45.7% de las madres estaban casadas, 23.6% alguna vez unidas (separadas, divorciadas o viudas), 20.1% en unión libre y 10.6% solteras. Este último grupo, junto con las madres separadas o viudas, concentra con frecuencia las mayores vulnerabilidades laborales: son jefas de familia de facto, sin una pareja que comparta la carga económica ni la de los cuidados.

Lo que las cifras no dicen pero implican

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El comunicado del Inegi es sobrio, estadístico, sin adjetivos. Pero sus números apuntan a una conclusión que los especialistas llevan años documentando: la brecha laboral de género se amplía tras la llegada del primer hijo, con variaciones sustanciales según el nivel de desarrollo económico; dentro de América Latina, países como México presentan una penalización laboral tras la maternidad que ronda entre el 35 y el 50%.

Para Yucatán, con un mercado laboral que crece, con más mujeres incorporadas que la media nacional y con una generación joven de madres más educada que nunca, el desafío no está ya en lograr que las mujeres entren al mercado de trabajo. La maternidad está asociada con una mayor probabilidad de insertarse en empleos informales, en gran medida por la necesidad de contar con esquemas laborales flexibles que permitan atender las responsabilidades de cuidado, ante un mercado laboral formal que demanda altos niveles de presencialidad y disponibilidad.

Mientras esa estructura no cambie, el 10 de mayo seguirá siendo una fecha de doble filo: homenaje y recordatorio, al mismo tiempo, de una deuda que los números del INEGI cuantifican pero que aún no tiene fecha de vencimiento.