En Oxkutzcab, Tekax, Peto y decenas de comunidades del interior de Yucatán, hay familias que viven –literalmente– de lo que llega cada mes desde California, Oregon o Texas. No es una ayuda complementaria. Para muchos hogares es el ingreso principal, el que paga la comida, la escuela, el médico y las mejoras a la casa. Por eso, cuando Donald Trump intensificó las redadas contra migrantes indocumentados, el nerviosismo llegó también a Yucatán: cerca de 350,000 yucatecos viven y trabajan en Estados Unidos, y nueve de cada diez están sin documentos.
Los números del Banco de México (Banxico) correspondientes al primer trimestre del 2026 ofrecen, por ahora, un respiro. Entre enero y marzo, Yucatán captó 108 millones 963 mil dólares en remesas, una cifra que supera lo registrado en el mismo período del año anterior y que mantiene al estado como el principal receptor de la región peninsular. Pero ese dato optimista coexiste con una advertencia que los meses anteriores dejaron muy clara: el impacto de las políticas migratorias de Trump ya se sintió en Yucatán, y podría profundizarse.
Un arranque sólido, pero con antecedentes preocupantes
El primer trimestre del 2026 arroja un incremento modesto pero real respecto a los 107 millones de dólares captados en el mismo período del 2025, y una diferencia más amplia frente a los 104.3 millones recibidos en enero-marzo del 2024. La tendencia de corto plazo apunta hacia arriba. El problema es que el contexto de mediano plazo dice otra cosa.
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Al cierre del 2025, Yucatán reportó remesas por alrededor de 7,000 millones de pesos, frente a los 8,500 millones recibidos en el 2024, una caída de 1,500 millones de pesos en un solo año.
La asociación Poder Migrante Yucatán atribuyó esa reducción directamente al endurecimiento de las políticas migratorias en Estados Unidos: el clima de incertidumbre obligó a los migrantes a reducir o suspender temporalmente el envío de dinero a sus familias, ante el riesgo de detenciones, deportaciones o pérdida de empleo.
El contraste entre ese cierre del 2025 y el arranque del 2026 genera una pregunta legítima: ¿los datos del primer trimestre reflejan una recuperación real, o se trata de un rezago estadístico antes de que el impacto más profundo de las deportaciones se haga sentir?
Una década de crecimiento ininterrumpido
Para entender el peso de lo que está en juego, conviene ver el panorama completo. En el 2024, Yucatán cerró con cifras históricas en materia de remesas: 454 millones de dólares, un crecimiento de 4.3 por ciento respecto a los 434 millones recibidos en el 2023. Ese récord se enmarca en una tendencia nacional sostenida: México recibió 64,745 millones de dólares en remesas en 2024, acumulando once años consecutivos de crecimiento desde el 2014.
El comportamiento trimestral en Yucatán sigue un patrón estacional bien documentado. Históricamente varía el trimestre con mayor captación: en el 2021 y el 2022 fue octubre-diciembre, con 96.3 y 107.5 millones de dólares respectivamente, mientras que en el 2023 y el 2024 fue julio-septiembre, con 117.2 y 118.2 millones. Esto explica por qué los primeros meses del año suelen mostrar cifras más conservadoras: la segunda mitad del año concentra los mayores flujos.
Mérida recibe más que Cancún; Oxkutzcab supera a ciudades enteras
La distribución municipal de las remesas revela desigualdades que van más allá de lo económico. Mérida encabeza la captación estatal con 37 millones 156 mil dólares en el primer trimestre del 2026 –más de un tercio del total estatal– seguida de Oxkutzcab con 22 millones 244 mil y Tekax con 13 millones 665 mil dólares. En cuarto lugar aparece Ticul con 8 millones 664 mil, a una distancia considerable del tercer lugar.
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Yucatán se convierte en el principal receptor de remesas en la Península
El dato que más llama la atención en la comparativa regional: Mérida, por sí sola, superó lo captado por Benito Juárez –el municipio de Cancún– en Quintana Roo, que acumuló 31 millones de dólares en el mismo período. Y Oxkutzcab, un municipio de menos de 50,000 habitantes en el sur de la entidad, recibió casi tres veces más que la capital de Campeche.
En el conjunto peninsular, Yucatán mantuvo su liderazgo al superar los 88 millones 331 mil dólares de Quintana Roo y los 40 millones 361 mil de Campeche. La región peninsular recibió en total más de 1,018 millones de dólares en remesas durante el 2024, flujo que representa una fuente vital de ingreso para miles de familias que dependen del apoyo económico de sus familiares en Estados Unidos.
El mapa de la vulnerabilidad: 52 municipios en la cuerda floja
La concentración geográfica de las remesas tiene una contraparte inquietante: los municipios que más dependen de ese dinero son también los más expuestos si los envíos caen. La asociación Poder Migrante en Yucatán ha señalado que al menos 52 municipios dependen significativamente de las remesas, y que ciudades como Oxkutzcab, Tekax y Peto son particularmente vulnerables ante una disminución en estos ingresos.
Se identificaron más de 30 municipios expulsores de migrantes, entre los que destacan Oxkutzcab, Peto, Muna, Cenotillo, Tekax, Dzan, Maní, Santa Elena, Tunkás y Motul. Los principales destinos de los migrantes yucatecos son California, Oregón, Washington, Texas y Colorado.
Son comunidades donde la economía local no funciona sin el dólar que llega cada quincena desde el otro lado de la frontera. Si el flujo se interrumpe –por deportaciones, pérdida de empleo o por el impuesto que Trump ha amenazado con imponer a las transferencias internacionales– el impacto no sería sólo financiero. Expertos advierten que la caída de remesas podría generar una crisis humanitaria en Yucatán, con reducción del consumo, aumento de la pobreza y conflictos sociales.
La amenaza del impuesto: lo que Yucatán podría perder
Sobre ese escenario ya frágil pesa una amenaza adicional. La administración Trump ha explorado gravar con un porcentaje los envíos de dinero al exterior. Si entrara en vigor un impuesto del 5% a las remesas, Yucatán dejaría de recibir al menos 22.7 millones de dólares al año, equivalentes a 429 millones de pesos. Para ponerlo en perspectiva, esa cifra representaría casi el 7% del presupuesto anual del Ayuntamiento de Mérida.
El efecto más duro, sin embargo, no lo sentiría la capital sino los municipios del interior. Oxkutzcab, Tekax y Peto –donde las remesas no complementan sino que sostienen la economía familiar– serían los primeros en resentir cualquier reducción, sea por impuestos, por deportaciones o por el simple miedo que ya lleva meses paralizando a miles de trabajadores indocumentados en Estados Unidos.
La resiliencia que sorprende
Que Yucatán abra el 2026 con casi 109 millones de dólares en remesas –más que en el mismo período de los dos años anteriores– cuando todo apuntaba a una caída pronunciada, es un dato que merece atención. El gobernador Joaquín Díaz Mena reconoció que en el 2025 los migrantes yucatecos enviaron más de 343 millones de dólares en remesas, recursos que fortalecen la economía local, sostienen comunidades enteras y permiten que miles de hogares salgan adelante.
La resiliencia del flujo, por ahora, se mantiene. Pero el margen de maniobra es estrecho y las variables externas –política migratoria, mercado laboral en Estados Unidos, tipo de cambio– están completamente fuera del control de quienes esperan cada mes en Oxkutzcab, en Tekax, en Peto, que se les avise que el dinero ya llegó.