Yucatán

Mayapán, Loltún y Balankanché acumulan años cerrados por conflictos agrarios y secuelas de huracanes

Antiguos sitios arqueológicos y espeleológicos de Yucatán se encuentran cerrados y el INAH no tiene fecha para su reapertura.

Mayapán, Loltún y Balankanché permanecen cerrados por diferentes motivos y sin fecha de reapertura
Mayapán, Loltún y Balankanché permanecen cerrados por diferentes motivos y sin fecha de reapertura / Especial

Tres de los sitios arqueológicos y espeleológicos más visitados de Yucatán permanecen cerrados al público sin que las autoridades puedan precisar cuándo volverán a abrir sus puertas. La zona arqueológica de Mayapán, las Grutas de Loltún y las de Balankanché acumulan entre dos y seis años fuera de operación por causas distintas –un conflicto agrario no resuelto en un caso, daños de infraestructura por fenómenos meteorológicos en los otros dos‒ y, pese a las gestiones en curso, ninguna tiene fecha de reapertura, según reconoció el propio director del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) en Yucatán.

Joel Omar Vázquez Herrera, titular del organismo en el estado, compartió la situación desde Mérida al ser cuestionado sobre el estado que guardan estos recintos. La coincidencia de tres cierres prolongados en sitios de relevancia patrimonial y turística proyecta un panorama que preocupa tanto a investigadores como a los actores económicos vinculados al turismo cultural en la península.

Zona, entre un conflicto agrario

La zona arqueológica de Mayapán, antigua capital política del mundo maya posclásico que gobernó la península entre los siglos XIII y XV, cerró en febrero del 2024 luego de que ejidatarios de la comunidad de Telchaquillo tomaron las instalaciones en demanda de un reconocimiento que, según argumentan, debió haberse dado hace décadas.

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El reclamo tiene fondo legal y moral: durante aproximadamente 40 años, el INAH ocupó las tierras ejidales donde se asienta la zona sin haber solicitado autorización formal a los propietarios ni haberles pagado indemnización o compensación alguna, como lo obliga la legislación agraria. A esto se suma la exigencia de que la comunidad sea incluida en los beneficios económicos generados por el turismo que recibe el sitio, y que se les otorgue participación en la administración del recinto.

Vázquez Herrera reconoció que el diálogo estuvo interrumpido durante un tiempo y que su intervención personal ha sido necesaria para retomarlo. “Tenemos un avance significativo, hacía tiempo que no se retomaba el diálogo con los ejidatarios, yo he estado personalmente atendiendo a los ejidatarios. Quiero decirles que ya llevamos tres pláticas y yo espero que lleguemos a algún acuerdo con ellos para que se reaperture una zona arqueológica tan importante”, declaró el funcionario.

Sin embargo, el avance en el diálogo no se ha traducido aún en acuerdos concretos. Mientras las negociaciones continúan, Mayapán –que en años previos al cierre recibía decenas de miles de visitantes anuales‒ permanece inaccesible para investigadores, turistas y estudiantes.

Grutas con secuelas de los huracanes

El caso de las Grutas de Loltún, en el municipio de Oxkutzcab, y de Balankanché, en las inmediaciones de Chichén Itzá, responde a una historia diferente pero igualmente prolongada. Ambas cerraron en marzo del 2020, en el contexto del confinamiento decretado por la pandemia de Covid-19, y nunca volvieron a operar: los huracanes Cristóbal, Gamma y Delta, que azotaron Yucatán ese mismo año, dejaron daños en su infraestructura que no han sido atendidos en su totalidad.

En Balankanché, las intensas precipitaciones provocaron filtraciones de agua que comprometieron las condiciones del recinto. En Loltún, la situación es más delicada: se reportó la presencia de un hongo tóxico en el interior de las grutas, lo que representa un riesgo sanitario que debe ser evaluado y controlado antes de cualquier reapertura. Ambos recintos llevan más de seis años sin recibir visitantes.

Ante la pregunta de cuándo podrían reabrirse, Vázquez Herrera no ofreció una fecha ni un plazo estimado. “Tenemos que revisarlo en conjunto con el Gobierno del Estado y por supuesto en cuanto tengamos el dato se los ofreceremos. Tendríamos que revisar la infraestructura”, señaló, subrayando que la decisión implica coordinación interinstitucional aún pendiente.

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Una herencia en silencio

La situación de los tres sitios evidencia la intersección de problemas estructurales distintos que el INAH enfrenta para gestionar el patrimonio arqueológico en la entidad: la deuda histórica con las comunidades que habitan y son propietarias de las tierras donde se asientan las zonas, la vulnerabilidad de la infraestructura turística ante fenómenos climáticos cada vez más intensos, y la dependencia de coordinación entre niveles de gobierno para dar respuestas oportunas.

Yucatán posee más de 2,500 sitios arqueológicos registrados, y su turismo cultural es uno de los pilares económicos del estado. El cierre prolongado de recintos de la envergadura de Mayapán, Loltún y Balankanché no solo representa una pérdida de ingresos para comunidades y prestadores de servicios: implica también la interrupción del acceso público a expresiones del patrimonio maya que pertenecen, en sentido amplio, a todos los mexicanos.

Por ahora, la reapertura de los tres depende de procesos que avanzan a ritmos distintos y sin plazos definidos. El diálogo con Telchaquillo parece el más cercano a una resolución, aunque todavía inconcluso. La rehabilitación de las grutas aguarda una revisión técnica y presupuestal que nadie ha fechado. Mientras tanto, las puertas permanecen cerradas.