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Yucatán

Rellenos ilegales de la ciénega en Progreso, Yucatán, avanzan y dejan a 50 mil habitantes expuestos a huracanes

El escudo natural de la costa yucateca va desapareciendo ante los rellenos ilegales para construir casas.

Una reserva de 54 mil hectáreas está amenazada por el escombro y la motosierra que devoran los manglares de Progreso
Una reserva de 54 mil hectáreas está amenazada por el escombro y la motosierra que devoran los manglares de Progreso / Por Esto!

El manglar no desaparece de un solo tajo. Primero llega el volquete en la madrugada, cuando la oscuridad encubre la maniobra. Luego viene el escombro, las piedras, la tierra compactada sobre el humedal. Más tarde alguien clava postes y delimita un lote. Y cuando amanece, lo que durante siglos fue ciénega se parece cada vez más a un terreno listo para construir. Así, metro a metro, el ecosistema costero más importante del Norte de Yucatán está siendo devorado.

En las comisarías de Chicxulub Puerto y Chelem, pertenecientes al municipio de Progreso, la presión sobre las ciénagas y manglares ha llegado a un punto de alarma. Vecinos, ambientalistas y las propias autoridades federales coinciden en el diagnóstico: las invasiones de terrenos, los rellenos ilegales con escombro y la quema clandestina de mangle avanzan con una velocidad que supera la capacidad de respuesta institucional. Y el costo, si el proceso no se detiene, podría ser irreversible.

La zona afectada forma parte del área de influencia de la Reserva Estatal Ciénagas y Manglares de la Costa Norte de Yucatán, reconocida como sitio Ramsar desde el 2022 y con una superficie de más de 54 mil hectáreas, además de estar catalogada como Zona Crítica Forestal Costa Norte. Ese reconocimiento internacional no ha bastado para frenar las topadoras.

Escombro hasta la carretera

Un recorrido periodístico por la carretera costera Progreso-Telchac Puerto deja en evidencia la magnitud del problema. Poco antes de llegar a la entrada de Chicxulub, el relleno de la ciénega con escombro casi alcanza el asfalto. Lo que debería ser un corredor de vegetación y agua entre la carretera del libramiento y la costera ha quedado prácticamente unido por toneladas de material de desecho, alterando de manera severa el flujo natural del agua y transformando el ecosistema de la zona.

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Los vecinos de Chicxulub Puerto ya no hablan de puntos aislados. Señalan que los rellenos han avanzado a tal grado que varios sectores del humedal quedaron conectados con las vialidades principales, eliminando la separación natural que durante décadas funcionó como amortiguador entre la comunidad y la ciénega. Las denuncias apuntan a volquetes y maquinaria que ingresan en la madrugada para descargar sobre terrenos inundables con el objetivo de ganar espacio para nuevos asentamientos irregulares.

A la destrucción por escombro se suma una práctica aún más agresiva: la quema de manglar. Según testimonios recabados, grupos de personas ingresan de noche para talar y prender fuego a ejemplares de mangle, buscando eliminar evidencias de la presencia de esta especie protegida y facilitar la ocupación de los terrenos. La señora Graciela Poot, habitante de Chicxulub Puerto, no oculta su angustia: “Están quemando el mangle para seguir rellenando y nadie hace nada. El fuego puede salirse de control y afectar a muchas familias”. Otros vecinos respaldaron la denuncia, aunque pidieron el anonimato por temor a represalias.

Chelem: cuatro especies de mangle en riesgo

En la comisaría de Chelem la situación es igualmente grave. En los operativos más recientes, la Profepa detectó que en el área conocida como Manglar Chelem 1 se violaron sellos de clausura y continuaron obras en más de 10 mil metros cuadrados, por lo que se impuso nuevamente la clausura temporal total y se aseguraron tres equipos: una pipa de agua, una máquina aplanadora y una moto conformadora.

La zona intervenida alberga las cuatro especies de manglar presentes en México: rojo, negro, blanco y botoncillo, además de flora nativa incluida en la NOM-059-SEMARNAT-2025. La alteración de este hábitat provoca desplazamiento de fauna y destrucción de nidos y refugios naturales.

Entre noviembre del 2025 y febrero del 2026, la Profepa documentó ocupaciones, lotificaciones, desmontes y rellenos en humedales con manglar, así como la reposición de sellos de clausura y el aseguramiento de maquinaria. También se identificaron prácticas como desmonte y quema de manglar, lotificación, delimitación con postes, relleno y modificación de humedales, así como la instalación de talleres, corrales y actividades agropecuarias dentro del ecosistema.

El historial de infracciones en la costa Norte es largo. Desde principios del 2025 y hasta octubre, la Profepa inició alrededor de 200 procedimientos administrativos por infracciones ambientales en el estado, una cifra que en el 2024 llegó a 370 casos, incluidos expedientes por cambio de uso de suelo, tala ilegal, relleno de humedales y tráfico de especies. Pese a ello, las clausuras no han bastado: los sellos se violan, las obras se reanudan y el ciclo de impunidad continúa.

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El escudo natural que Progreso está perdiendo

Comprender por qué la destrucción de estos humedales representa una amenaza directa para los habitantes del puerto requiere entender qué hacen exactamente las ciénagas y los manglares. No son simplemente zonas verdes o hábitats de aves exóticas: son la primera línea de defensa de toda la franja costera.

La Reserva Estatal es un importante corredor biológico formado por varios ecosistemas –seibadal, manglar, petén, selva baja inundable, sabana‒ que sustenta a las 50,000 personas que viven en él y que han basado su actividad en sus recursos. Esos recursos incluyen pesca, turismo y, sobre todo, protección frente a los fenómenos meteorológicos que azotan el litoral yucateco con creciente intensidad.

Especialistas del Cinvestav en Mérida han documentado el deterioro del sistema. Yucatán tiene alrededor de 20 mil hectáreas de manglar degradado, lo que representa 20 por ciento del total de la entidad. Las principales acciones que han impactado el mangle son la construcción de carreteras y los asentamientos irregulares, que obstruyen el flujo de agua y ocasionan severos daños al medioambiente y a la pesca.

La ecuación es simple y brutal: si la ciénega de Progreso desaparece unida físicamente a la carretera costera por rellenos e invasiones, las comunidades del puerto quedarán expuestas al embate directo del mar. Las ciénagas funcionan como vasos reguladores que absorben agua de lluvia y mareas; sin ellos, las inundaciones en colonias y vialidades se volverán más frecuentes y severas, especialmente durante huracanes. La costa quedaría igualmente desprotegida frente a la erosión y el avance del mar.

Zona de humedales sin vigilancia permanente

La paradoja es evidente: Yucatán cuenta con una de las reservas de manglar más extensas y ecológicamente valiosas de México, con 54,000 hectáreas de manglares considerados clave para amortiguar huracanes, sostener pesquerías y preservar la biodiversidad a lo largo de más de 275 kilómetros de litoral yucateco.

El estado acaba de lanzar el proyecto “Herencia Maya”, en alianza con WWF México, con una inversión inicial de 12.6 millones de dólares para financiar la conservación de estas áreas durante cinco años. Sin embargo, en el terreno, los volquetes siguen llegando de madrugada y los sellos de clausura siguen siendo violados. El mangle que arde en la madrugada no espera a que las instituciones se pongan de acuerdo.