Entre el rico Patrimonio Cultural de la entidad destacan los antiguos campanarios que miran hacia el Norte y el Sur, construcciones religiosas que forman parte de los primeros templos levantados en la región costera y que, además de su función litúrgica, cumplieron un papel estratégico como puntos de vigilancia ante el constante temor por la llegada de piratas y corsarios que buscaban las riquezas que salían de estos puertos rumbo al Viejo Mundo.
Esta singularidad se conserva en las iglesias de Dzilam González, Temax, Dzidzantún y Yobaín, cuatro pueblos que formaron parte del amplio partido colonial llamado de La costa, y donde los campanarios que miran al Norte se han conservado por más de cuatro centenarios, evidencia a la vez de los primitivos métodos y estrategias de cuidado y prevención en caso de posibles ataques.
Son edificaciones realizadas por trazos y modelos europeos, pero con la participación de manos indígenas que levantaron sus gruesas torres, coronadas por espadañas que funcionaban como campanarios. Estos, con sus repiques bien conocidos por los pobladores, llamaban a toda la comunidad en caso requerido para eventos litúrgicos o ante alguna emergencia.
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Además, estos pueblos contaban con amplios territorios y propiedades cercanas al litoral.
Un pueblo más que fue de la costa es Buctzotz, la primitiva iglesia miraba al Sur, luego su campanario fue ubicado de Norte a Sur.
De los cinco pueblos mencionados, tres tenían puertos bien establecidos para la segunda mitad del siglo XVI. El de Dzilam fue reconocido por los españoles desde el segundo intento de conquista en 1530 y, hasta fue fundado como ciudad real por el Adelantado.
Las siguientes décadas se consolidó como un reconocido puerto por donde desembarcaban y llegaban viajeros del Viejo Mundo. Su territorio se extendía hasta la costa, en la actual jurisdicción municipal de Dzidzantún y Sinanché.
Otro pueblo antiguo, cuya extensión llega hasta las orillas del mar, fue conocido como ríos de Tabuzoz, donde, según el cronista Jesús Sánchez Medrano, existió una primitiva capilla en la cabecera, cuyas ruinas se han perdido probablemente en la actualidad, pero que miraba al frente por el lado Sur.
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Los campanarios costeros se distinguen por su volumen y sobriedad en decoración. Su ubicación parece marcar una línea estratégica de vigilancia ante posibles amenazas provenientes del mar.
El repique de alarma de las campanas era una señal conocida por las comunidades mayas, utilizada para reunir a los habitantes en momentos de peligro.
Por su altura, estas torres pudieron servir como puntos de observación, desde donde algún vecino o encargado permanecía atento a la llegada de embarcaciones sospechosas. Aunque existen otros campanarios orientados hacia el Norte en el interior de Yucatán, como los de Ticul, Ticum, Xayá y Tixcuytún, su ubicación responde a diferentes factores.
Los campanarios que miran hacia la costa Norte son considerados posibles vigías tierra adentro, reflejo de los temores de la administración española ante las incursiones de piratas y corsarios que amenazaban los bienes de la Corona.
Conservados a través del tiempo, estos monumentos forman parte del Patrimonio Cultural Material de Yucatán y muestran que su función trascendió lo religioso, pues también tuvieron un papel social, político y preventivo en las comunidades que los levantaron.