La captura de langosta viva, una alternativa impulsada para abastecer mercados internacionales como el de China, aún enfrenta importantes retos técnicos y operativos entre los pescadores de la costa Oriente de Yucatán, quienes reconocen el potencial económico de esta modalidad, pero admiten que mantener frescos los ejemplares durante las jornadas de pesca sigue siendo un desafío.
Buzos de puertos como Río Lagartos, San Felipe, Las Coloradas y El Cuyo señalaron que son pocos los trabajadores del mar que actualmente se dedican a esta actividad, debido a la complejidad que implica extraer y conservar a los crustáceos en óptimas condiciones hasta su entrega en las cooperativas.
El pescador Juan Caamal explicó que la exportación de langosta viva representa una ventaja comercial, ya que permite aprovechar el ejemplar completo, a diferencia del esquema tradicional, en el que únicamente se comercializa la cola.
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“Ahora se obtiene un mejor rendimiento por kilogramo y, además, se evita capturar ejemplares que no cumplen con la talla y el peso requeridos, porque pueden devolverse al mar sin sufrir daños”, comentó.
Para este tipo de pesca, los buzos emplean una técnica especializada que consiste en atrapar la langosta con un lazo para evitar lesionarla. Posteriormente, el ejemplar es colocado en bolsas especiales que permiten trasladarlo hasta la superficie con el menor estrés posible.
Los pescadores consideran que esta modalidad también favorece la conservación de la especie, ya que las langostas juveniles o de talla inferior pueden ser liberadas inmediatamente, reduciendo la presión sobre el recurso.
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Sin embargo, reconocen que las condiciones naturales representan uno de los principales obstáculos. Muchas langostas permanecen ocultas en cuevas profundas o de difícil acceso, lo que complica su extracción sin dañar sus antenas o provocar lesiones que disminuyen su valor comercial.
A ello se suman las altas temperaturas del mar y las prolongadas jornadas de trabajo, factores que han provocado la muerte de numerosos ejemplares antes de llegar a los centros de acopio, reduciendo la rentabilidad de esta modalidad.
Ante estas dificultades, la mayoría de los pescadores ha optado por continuar con la captura tradicional, mientras un reducido grupo sigue perfeccionando las técnicas de manejo con la esperanza de consolidar en el futuro la exportación de langosta viva hacia mercados internacionales.