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Yucatán

La selva maya se extingue: Yucatán perdió 580 mil hectáreas desde el año 2000

La selva de Yucatán se desploma y Tizimín lidera la devastación forestal.

Ganadería y agroindustria arrasan con el Sur y el Oriente
Ganadería y agroindustria arrasan con el Sur y el Oriente / Especial

En 25 años, Yucatán perdió el equivalente a 19 de cada 100 árboles que existían en el año 2000. Eso, traducido en superficie, son 580 mil hectáreas de cobertura arbórea que desaparecieron entre el 2000 y el 2025, según los datos satelitales más recientes del organismo internacional Global Forest Watch. Para dimensionarlo: si esa superficie se distribuyera sobre el suelo del municipio de Mérida, lo cubriría más de cuatro veces.

La pérdida no ha ocurrido de forma lineal ni homogénea. Los datos muestran ciclos de destrucción asociados a eventos económicos, climáticos e institucionales. El año más devastador del registro fue el 2009, cuando se perdieron 56 mil hectáreas en un solo año, una cifra que contrasta con el mínimo histórico de 12 mil hectáreas alcanzado en el 2022, periodo en que la parálisis productiva derivada de la pandemia de COVID-19 frenó temporalmente la presión sobre el territorio forestal. Sin embargo, ese respiro fue breve: en el 2024 la selva maya sufrió un nuevo repunte, con 20 mil hectáreas desaparecidas, revertiendo la tendencia positiva de los tres años anteriores.

Tizimín, la zona en crisis

El análisis satelital con corte al 2024 identifica con precisión los epicentros de la crisis. Tizimín encabeza el ranking con 128 mil hectáreas deforestadas, impulsadas principalmente por la ganadería extensiva que avanza sobre la selva del oriente del estado. Le sigue Tekax, con 49 mil 500 hectáreas afectadas por la expansión de la frontera agrícola del sur de Yucatán, y Tzucacab, con 37 mil hectáreas cedidas a la agricultura comercial y tradicional.

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El municipio de Chemax perdió 34 mil 200 hectáreas como consecuencia directa de desarrollos inmobiliarios y la apertura de vías de comunicación hacia Quintana Roo, mientras que Yaxcabá reporta 26 mil 100 hectáreas consumidas por una combinación de agricultura de subsistencia e incendios forestales. Estos cinco municipios concentran más de la mitad de toda la deforestación registrada en el estado en el periodo analizado.

Motores de la destrucción

El Consejo Civil Mexicano para la Silvicultura Sostenible (CCMSS) ha documentado que los principales motores de la pérdida forestal en la Península de Yucatán son estructurales: la agroindustria, la ganadería extensiva, las granjas intensivas de cerdos y aves, la expansión inmobiliaria y turística, y los megaproyectos de infraestructura. La tasa anual de deforestación peninsular registrada entre el 2019 y el 2023 fue de 71 mil 395 hectáreas, equivalente a 196 hectáreas eliminadas cada día –cuatro veces por encima de la media nacional, que se ubica en 0.1 por ciento.

El caso de Mérida ilustra con claridad cómo la deforestación deja de ser un problema exclusivo del campo. La capital perdió 5 mil 490 hectáreas de cobertura arbórea, apenas el 4.2% de lo perdido en Tizimín. Sin embargo, su impacto sobre la calidad de vida urbana es desproporcionado: la pérdida de vegetación alimenta directamente el fenómeno de isla de calor urbana que ya convierte a Mérida en una de las ciudades más calurosas del país.

Temperaturas que se disparan

Investigadores de la UNAM y de la UADY documentaron que la ciudad de Mérida pasó de ocupar apenas siete kilómetros cuadrados en el siglo XIX a extenderse sobre 800 kilómetros cuadrados en la actualidad, proceso que ha sustituido vegetación por concreto y asfalto. El resultado: en mayo del 2024 se registró un nuevo récord histórico de temperatura máxima en la ciudad, con 43.7 grados Celsius, y para el 2026 las estaciones meteorológicas en zonas más urbanizadas han reportado sensaciones térmicas superiores a 45 grados.

 La doctora Ruth Cerezo-Mota, investigadora con doctorado en Oceanografía, advierte que si la tendencia no se revierte, hacia el 2050 las temperaturas extremas que hoy ocurren en mayo y junio serán la norma durante todo el año.

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La degradación forestal no sólo modifica el clima local: compromete los servicios ecosistémicos que sostienen la vida en Yucatán. La selva es el principal mecanismo de captación de agua del acuífero kárstico –única fuente de agua potable del estado, sin ríos superficiales de abastecimiento‒ regula el microclima, protege la biodiversidad y actúa como sumidero de carbono. Según la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales de México, el 95.61% de las selvas yucatecas presenta signos de degradación ecológica severa.

El monte en extinción

Ante este escenario, Global Forest Watch y el Ccmss coinciden en que la recuperación de la cobertura forestal debe constituir un eje prioritario de la agenda pública estatal. Las herramientas institucionales disponibles –ordenamiento territorial, fortalecimiento de la vigilancia ambiental y aplicación estricta de las normas sobre uso de suelo‒ existen, pero han operado con presupuesto recortado y estructuras debilitadas.

El seguimiento preciso de los indicadores satelitales no solo permite localizar las zonas críticas, sino que provee la base técnica indispensable para diseñar políticas públicas orientadas a garantizar la sostenibilidad ambiental y la resiliencia climática de Yucatán. La selva maya no se recupera sola; tampoco esperará indefinidamente.