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Yucatán ensaya por primera vez una respuesta masiva ante un sismo de magnitud 7.0; 2 mil 500 instituciones y empresas participan en el simulacro

La hipótesis establecida por la Coordinación Nacional de Protección Civil planteó un sismo de magnitud 7.0 con epicentro en Cabo Catoche, Quintana Roo.

Yucatán practicó de forma masiva cómo responder ante un sismo; la costa, amenaza de tsunami
Yucatán practicó de forma masiva cómo responder ante un sismo; la costa, amenaza de tsunami / Por Esto!

A las 12:00 en punto, Yucatán sonó distinto. En oficinas, hospitales, hoteles, supermercados, plazas comerciales y casas, miles de teléfonos celulares vibraron y emitieron al mismo tiempo una alarma que para muchos resultaba extraña. No anunciaba un huracán acercándose al Caribe ni advertía sobre lluvias intensas. En las pantallas apareció un mensaje inequívoco: era un simulacro de sismo.

Durante unos minutos, una entidad acostumbrada a mirar el cielo durante la temporada ciclónica tuvo que ensayar otra amenaza.

Trabajadores dejaron sus puestos. Brigadistas tomaron posiciones. En algunos edificios comenzó la evacuación; en otros, como el nuevo Hospital Dr. Agustín O’Horán, la instrucción fue exactamente la contraria: no salir, sino proteger a pacientes, familiares y personal dentro del inmueble.

La escena se repitió en distintos puntos del estado como parte del Segundo Simulacro Nacional 2026. Pero en Yucatán el ejercicio tuvo una particularidad: por primera vez se utilizó de manera generalizada una hipótesis de terremoto para poner a prueba los protocolos locales.

No fue una elección casual. Yucatán continúa siendo una región de baja sismicidad, muy alejada de las condiciones tectónicas del Pacífico mexicano. Sin embargo, los movimientos percibidos en los últimos años han dejado de ser excepciones separadas por largos periodos. Un protocolo elaborado este año por Protección Civil estatal contabiliza 17 sismos percibidos en Yucatán entre 1977 y 2026; 12 ocurrieron entre el 2022 y el 2026, incluidos siete durante el 2025 y cuatro en lo que va del 2026. La propia autoridad advierte que ese aumento en los registros no significa que haya crecido en la misma proporción el peligro sísmico.

Eso explica por qué el ejercicio de este sábado tuvo un significado distinto.

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La hipótesis establecida por la Coordinación Nacional de Protección Civil planteó un sismo de magnitud 7.0 con epicentro en Cabo Catoche, Quintana Roo. Fue uno de cinco escenarios regionales utilizados simultáneamente en el país.

En el estado, Protección Civil de Yucatán (Procivy) añadió otra posibilidad para los municipios costeros: después del movimiento vendría una hipótesis de tsunami, en coordinación con la Secretaría de Marina.

“Tenemos un sismo de 7 grados de intensidad que será en Cabo Catoche y nosotros estaremos participando con la Marina para después atender una hipótesis de tsunami”, explicó el titular de Procivy, Hernán Hernández Rodríguez.

El funcionario reconoció que los ejercicios estatales habían estado históricamente mucho más asociados con incendios y huracanes, amenazas conocidas por generaciones de yucatecos.

Esta vez tocaba mirar hacia el suelo. De los huracanes a los sismos. La geología de Yucatán no cambió de repente.

La entidad permanece clasificada como una zona de baja actividad sísmica. Protección Civil identifica la Falla de Ticul como una de las principales discontinuidades geológicas de la Península, pero precisa que no se trata de una falla activa comparable con las existentes en las zonas mexicanas donde interactúan directamente las placas tectónicas. Los movimientos registrados en la región suelen ser de baja magnitud y están vinculados con ajustes locales del subsuelo.

Lo que sí cambió fue la frecuencia con la que algunos de esos movimientos comenzaron a hacerse perceptibles.

En octubre del 2025, por ejemplo, un sismo de magnitud 3.8, localizado 13 km al noreste de Ticul, hizo vibrar ligeramente puertas, ventanas y láminas en Ticul, Muna, Oxkutzcab, Santa Elena y Dzan. No causó daños. Dos meses después, el 5 de diciembre, se registraron tres movimientos en la zona: uno de magnitud 4.1 cerca de Ticul y otros dos, de 3.5 y 3.7, al Sur de Muna.

En abril de este año, nuevos reportes en el sur obligaron a Protección Civil a insistir en que se trataba de eventos de baja magnitud y que no existía evidencia de un riesgo sísmico mayor.

Y en junio ocurrió algo diferente: un terremoto de magnitud 6.1 frente al occidente de Cuba llegó a percibirse en algunas zonas de Yucatán. Tampoco ocasionó daños ni generó alerta de tsunami.

Ninguno de esos episodios convierte a Yucatán en una región altamente sísmica. Pero sí colocaron el tema sobre la mesa.

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El propio protocolo estatal resume la situación con cautela: los registros recientes muestran un aumento en la percepción de movimientos, no necesariamente un incremento en su peligrosidad.

Ese matiz resulta fundamental para no convertir prevención en alarma.

2 mil 500 participantes institucionales

Hernández Rodríguez informó que alrededor de 2 mil 500 instituciones y empresas participaron en las actividades organizadas en el Estado, cifra que calificó como un récord para Yucatán.

Sólo en Mérida, según los datos municipales proporcionados durante la jornada, se inscribieron 500 establecimientos, con aproximadamente 59 mil personas involucradas.

El sábado ayudó a cambiar también el escenario habitual de los simulacros. El ejercicio nacional fue programado deliberadamente en fin de semana para obligar a pensar qué hacer cuando las personas no están necesariamente en oficinas o escuelas. La convocatoria federal incluyó hogares, negocios, centros comerciales y espacios recreativos.

En una plaza comercial del Norte de Mérida, por ejemplo, 37 brigadistas coordinaron el repliegue y posterior evacuación de 300 personas. El procedimiento tomó un minuto con 55 segundos.

En otros puntos, compradores interrumpieron sus recorridos por supermercados; trabajadores de hoteles cercanos a Paseo de Montejo siguieron indicaciones de brigadistas, y universidades y planteles con actividades sabatinas aplicaron sus propios procedimientos.

En el Hospital Dr. Agustín O’Horán, el simulacro tuvo otra lógica. A las 12:00, cuando sonó la alerta, aproximadamente 350 trabajadores que estaban de guardia, además de pacientes y familiares, comenzaron el protocolo sin abandonar inmediatamente el edificio.

Personal y acompañantes se colocaron en cuclillas en zonas consideradas de menor riesgo, cubrieron sus cabezas y simularon resguardarse frente a la posible caída de plafones u otros elementos.

Glendy León, subdirectora médica del hospital, explicó que esa primera respuesta duró alrededor de seis minutos. Después vino una fase menos visible, pero más importante para un hospital: revisar posibles daños, identificar afectaciones secundarias y valorar si las condiciones hipotéticas obligaban a realizar una evacuación parcial, temporal o completa.

En un inmueble donde trasladar personas enfermas también entraña riesgos, evacuar por reflejo no necesariamente constituye la respuesta correcta. Eso es precisamente lo que busca medir un simulacro.

Al terminar el simulacro, las personas regresaron a las cajas de los supermercados, a las habitaciones de los hoteles, a las camas de hospital y a las actividades de un sábado cualquiera.