Yucatán se posicionó como el estado con mayor cantidad de mercados notorios de piratería en México, de acuerdo con un estudio elaborado por el Instituto Mexicano de la Propiedad Intelectual (IMPI).
El informe identificó 148 puntos de venta de productos apócrifos en 30 entidades del país, de los cuales 29 se encuentran en Yucatán: 27 en Mérida y dos más en Progreso. El segundo lugar lo ocupa Tamaulipas con apenas 11 puntos detectados, lo que ilustra la enorme brecha entre la entidad peninsular y el resto del país.
El documento “Estudio sobre mercados notorios de piratería en México: Identificación e impacto en las entidades federativas” es la primera radiografía de este tipo elaborada en México.
La metodología se basó en la recopilación de información directa proporcionada por las autoridades estatales de las 32 entidades federativas, a través de cuestionarios estructurados que abordaron características, operación e impacto de estos mercados. El levantamiento de datos se realizó entre julio y agosto de 2025 mediante una plataforma digital. Los estados de Sonora y Veracruz no participaron.
Tiendas de origen asiático: el corazón del problema
La característica que distingue a Yucatán de otras entidades no es la presencia de tianguis callejeros ni bodegas clandestinas, sino algo más visible y aparentemente formal: establecimientos comerciales de origen asiático que operan en locales fijos pero que, según el estudio, comercializan una proporción mayoritaria de productos falsificados.
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Lejos de la idea de comercio ambulante aislado, el estudio muestra que la piratería en México funciona bajo esquemas estructurados: el 68% de los mercados opera en establecimientos fijos. En el caso yucateco, el IMPI identificó establecimientos como Bazar Chino, Bodega de Productos Chinos, Bolsísima, Casa China Norte, Casa Gutza, China Market Yucatán, Family City (dos sucursales), La Casa del Panda, La Vida Feliz, Mei An, Mid Shop, Mini Shop, Miniso, Mumuso, OI Technology Mayoreo, Plaza Super One, Shangai Import, Simer, Sun Sj, Wang Ching Gong, Xiny Mini Shop, Yad May, Yang & Yang y Zen Li.
En Progreso, los puntos son Mei Hao y Chan Kiwic. El informe señala que en el 46% de los mercados, más de la mitad de los productos comercializados son pirata. En muchos casos, la proporción oscila entre el 51% y el 75% del total de mercancía.
Entre los mercados detectados destaca el Mercado de San Benito, considerado uno de los cuatro mercados “muy grandes” del país, con más de 2 mil locales o espacios comerciales. Su presencia en esta categoría lo coloca al lado de íconos nacionales del comercio informal como Tepito, la Central de Abasto y el Bazar Pericoapa en Ciudad de México.
Una economía sombra que vale 63 mil millones de pesos
El problema tiene dimensiones que van mucho más allá del comercio local. En el 2015 se estimaba en 43 mil millones de pesos anuales el consumo de productos pirata en México, pero actualizado al 2025 la cifra asciende a 63 mil 262 millones de pesos. Este fenómeno tiene un impacto directo en alrededor de 70 mil empleos formales, afectando de manera particular al sector textil, uno de los más golpeados por la competencia desleal.
El estudio del IMPI advierte que la piratería tiene efectos directos en la economía formal: el 67% de los mercados reporta disminución de ventas en el comercio formal. En total, el 75% de los mercados reconoce impactos económicos negativos.
Riesgos para la seguridad pública y la salud
Más allá del impacto económico, el informe también identifica riesgos en materia de seguridad pública. El 15% de los mercados reporta relación con delitos como robos, riñas, fraude y corrupción. Además, en el 4% de los mercados se identificaron redes delictivas, lo que sugiere que en ciertos puntos la piratería puede estar vinculada a estructuras de crimen organizado.
“No en pocas ocasiones, estos grupos sustentan sus operaciones a partir de otros actos ilícitos, como son la corrupción y la extorsión”, señala Santiago Nieto, titular del IMPI. A ello se suman los riesgos sanitarios derivados del consumo de cosméticos falsificados, alimentos sin trazabilidad y electrónicos sin certificación.
El comprador que no se ve a sí mismo como cómplice
La mayoría de las personas que compran piratería en México no son turistas ni compradores ocasionales, sino consumidores locales que participan de manera regular en estos mercados. El 66% de los consumidores en mercados notorios son de origen estatal, es decir, viven en la misma entidad donde compran.
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El IMPI advierte que muchas personas consumidoras no perciben el impacto negativo de la piratería, lo que contribuye a su permanencia. El consumo de productos falsificados es común en todos los estratos socioeconómicos: se percibe como una alternativa accesible y se ha integrado a la vida cotidiana.
Convenios, pero sin resultados visibles
Yucatán es una de las ocho entidades del país que tiene convenios con alguna autoridad federal donde se consideran acciones de combate a la piratería. El IMPI recuerda que la atención a la piratería es una responsabilidad compartida entre todos los órdenes de gobierno, y por lo tanto deben reforzarse las estrategias tanto a nivel federal como local.
La paradoja es evidente: la entidad que más coopera institucionalmente es también la que encabeza el listado. Eso apunta a que los convenios, sin acciones concretas de inspección, decomiso y cierre de establecimientos, resultan insuficientes frente a un fenómeno que ya tiene raíces profundas en la economía cotidiana de Mérida.