Con la esperanza puesta en la llegada de las lluvias y la confianza en que Chak, deidad maya de la lluvia, favorecerá las milpas, el campesino Rafael Cauich Dzib, originario de la comunidad de Santa Cruz Pueblo, continúa preservando una práctica agrícola ancestral que ha heredado y perfeccionado durante los últimos 15 años. Su método consiste en sembrar maíz y calabaza utilizando únicamente semillas obtenidas de su propia cosecha, libres de químicos y conservadas de generación en generación.
El productor explicó que las semillas que utiliza son completamente naturales, por lo que dependen totalmente de las precipitaciones para germinar y desarrollarse adecuadamente. A diferencia de las semillas mejoradas o tratadas con productos químicos, las variedades nativas requieren condiciones naturales para ofrecer una buena cosecha. Por ello, manifestó su confianza en que en los próximos días lleguen las lluvias suficientes para garantizar el éxito del ciclo agrícola y mantener viva esta tradición campesina.
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Rafael Cauich señaló que en la zona donde trabaja no existe mecanización agrícola debido a que los terrenos son pedregosos, situación que obliga a los productores a sembrar como lo hacían sus antepasados. Para ello utilizan el tradicional shuul, una herramienta de hierro con punta y mango de madera que sirve para perforar la tierra e introducir las semillas de maíz o calabaza. Afirmó que esta técnica ha permanecido vigente durante décadas y representa parte importante del patrimonio agrícola de las comunidades mayas.
El campesino comentó que, una vez concluida la cosecha, selecciona cuidadosamente las mejores mazorcas para obtener la semilla que utilizará en la siguiente temporada, mientras que el resto de la producción es destinado al consumo familiar y a la venta. Indicó que el kilogramo de semilla nativa tiene un costo aproximado de 60 pesos, debido a que son muy pocos los productores que aún la conservan en la región. Cada año logra apartar entre dos y tres costales de maíz exclusivamente para asegurar la continuidad de su siembra en un terreno de casi una hectárea.
Asimismo, destacó que este maíz criollo ofrece importantes beneficios por sus características naturales y su excelente sabor. Explicó que varios de sus clientes, dedicados a la elaboración de pozole, prefieren adquirir esta producción porque el grano contiene menos bagazo y brinda un sabor más auténtico a esta tradicional bebida y platillo de origen maya, ampliamente consumido por las familias campechanas.
Finalmente, Rafael Cauich Dzib reiteró que continuará preservando esta práctica ancestral mientras tenga la oportunidad de trabajar la tierra, pues considera que conservar las semillas nativas significa proteger parte de la identidad y cultura del pueblo maya. Además, aseguró que el respaldo de sus clientes y el valor de estas variedades tradicionales lo motivan a seguir sembrando de manera natural, con la esperanza de que las nuevas generaciones mantengan viva esta herencia agrícola que durante 15 años le ha permitido salir adelante.