México / Tren Maya

El búho de barro: El Tren Maya saca a la luz una reliquia del periodo Clásico

La urna zoomorfa fue restaurada en Chetumal y convertida en un modelo 3D mediante fotogrametría, asegurando su preservación y acceso digital para futuras generaciones.

Más de 1,987 piezas rescatadas: el legado arqueológico del Tren Maya
Más de 1,987 piezas rescatadas: el legado arqueológico del Tren Maya / Especial

Tenía más de mil años enterrada cuando la tierra volvió a cederla. En algún punto al oeste de la comunidad de Nicolás Bravo, en el municipio quintanarroense de Othón P. Blanco, los trabajos de salvamento arqueológico del tramo 7 del Tren Maya sacaron a la luz una urna funeraria de arcilla que representa un ave nocturna –posiblemente un búho‒ y que los especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) fechan entre los años 600 y 900 de nuestra era, en pleno apogeo del periodo Clásico maya.

La pieza, de apenas 23 centímetros de altura, guarda en su forma cóncava y en los trazos de su tapa modelada siglos de pensamiento, creencia y poder. No es una vasija cualquiera: es el testimonio en barro de cómo los antiguos mayas entendían la frontera entre la vida y la muerte.

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Un ave entre dos mundos

Ramón Carrillo Sánchez, arqueólogo que coordinó el salvamento, explicó que las aves de hábitos nocturnos, como los búhos, no eran figuras decorativas para la civilización maya prehispánica. Eran símbolos cargados de significado: podían aludir a la muerte y la guerra, pero también a las prácticas adivinatorias y al ámbito celestial del inframundo.

El ave representada en la urna no sólo habría funcionado como símbolo de poderío económico y militar, sino también como un animal guía hacia la vida posterior. Esta doble naturaleza –guerrera y espiritual‒ apunta a que el objeto fue creado con un propósito específico: acompañar a alguien de alto rango en su tránsito hacia el más allá.

La teoría del INAH es que la urna pudo haber alojado restos óseos o cenizas de algún personaje de élite. El contexto del hallazgo refuerza la hipótesis: estaba acompañada de materiales culturales cerámicos, líticos y malacológicos, asociados a ofrendas funerarias de alto rango. Sin embargo, al momento de su recuperación, la urna apareció vacía.

La pieza mide 10 centímetros en la base y 23 de altura, elaborada con arcilla mediante técnicas de enrollado, modelado y engobe, propias de los alfareros mayas del Clásico.

Más de 1,987 piezas: el balance del rescate

El hallazgo de esta urna forma parte de uno de los esfuerzos de salvamento arqueológico más amplios en la historia de México. El Tren Maya registra más de 54 mil bienes inmuebles y más de 1,220,000 fragmentos de cerámica, además de 1,900 bienes muebles y más de 640 enterramientos humanos.

En Yucatán, los trabajos continuaron en 2025 con hallazgos como un marcador de piedra caliza en Sierra Papacal y piezas en Chichén Itzá y Ek Balam, incluyendo una canoa prehispánica en San Andrés.

Un ave entre dos mundos: símbolo de poder y espiritualidad maya

Del barro a la pantalla: restauración y vida digital

La urna zoomorfa llegó en estado regular al Museo de la Cultura Maya de Chetumal. Fue restaurada en noviembre de 2024 con limpieza físico-química, unión de fragmentos y reintegración cromática.

Posteriormente, el INAH realizó un modelo tridimensional mediante fotogrametría, garantizando que la información nunca se pierda y permitiendo su divulgación digital.

La secretaria de Cultura, Claudia Curiel de Icaza, destacó que la restauración y digitalización muestran cómo el salvamento arqueológico recupera memoria y abre nuevas formas de acceso al patrimonio.

Hoy, la urna permanece bajo resguardo en Chetumal. En los 1,554 km del Tren Maya se han registrado más de 58,000 monumentos y 1,987 objetos intervenidos en laboratorio. El búho de barro, restaurado y digitalizado, espera su próximo destino: el público que merece conocerlo.