Cada Día de Muertos, Teodora Kahuil y Silvino Kumul visitan la tumba de José Odon Romeo Kumul Kahuil, su hijo de 12 años, quien fue víctima del asesino serial de niños Héctor González en 1981. Aunque han transcurrido 45 años, el dolor por su pérdida permanece intacto, mientras el recuerdo del pequeño sigue vivo en el corazón de sus padres.
La historia de José representa una de las tragedias que marcaron a Tizimín durante 1981, cuando la desaparición y asesinato de menores conmocionaron a la comunidad. Para sus padres, cada visita al sepulcro significa un reencuentro espiritual con el hijo que les fue arrebatado de manera cruel.
Teodora Kahuil y Huchim y su esposo Silvino Kumul Miss relataron el sufrimiento que enfrentaron cuando un joven de aproximadamente 18 años se llevó a José, quien entonces tenía 12, mediante engaños, con el pretexto de tomarle fotografías.
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Cinco días después de su desaparición, el menor fue encontrado enterrado en una cueva de un terreno cercano a las catacumbas. El hallazgo confirmó el desenlace que sus familiares temían y dejó una herida que, hasta ahora, no ha podido sanar.
Los padres recordaron que Héctor González fue detenido y encarcelado por los crímenes, aunque, según versiones que circulan entre vecinos, recuperó su libertad tras permanecer aproximadamente 17 años en prisión. Actualmente desconocen su paradero, pero aseguran que les han comentado que trabaja en Mérida.
Ante esta situación, Teodora y Silvino expresaron su preocupación por la seguridad de los niños y exhortaron a las familias a mantenerse alertas, pues desconocen si el hombre superó las condiciones que, según se dijo en su momento, lo llevaron a cometer aquellos asesinatos. Recordaron que, tras su captura, habría revelado que sentía deseos de matar infantes.
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La tragedia, afirmaron, dejó una huella profunda entre los habitantes de Tizimín, donde el temor persiste pese al paso de los años y al tiempo transcurrido desde aquellos acontecimientos.
Sin embargo, más allá del dolor y la impotencia, los padres sostienen que el vínculo con José permanece intacto. Aseguran que su hijo continúa presente en sus recuerdos y corazones, y que ni siquiera la muerte ha podido romper el amor que sienten por él.
Este 2 de noviembre, entre flores, velas y recuerdos, Teodora y Silvino vuelven a encontrarse espiritualmente con su pequeño. La visita a su lápida les provoca sentimientos encontrados: la alegría de mantener vivo ese lazo afectivo y la tristeza de no poder abrazarlo nuevamente.
Para ellos, José sigue siendo aquel niño inocente al que le arrebataron la vida, pero también el hijo que permanece presente todos los días, mucho más allá de una fecha dedicada a recordar a quienes ya partieron.