Ocho. Ese es el número de bebés que nacieron en Yucatán en el 2024 -la estadística más reciente-, con un padre de 14 años o menos. No es una cifra masiva dentro de los 20,816 nacimientos que registró la entidad ese año, pero su peso no se mide en proporción: se mide en lo que representa. Un niño que engendra a otro niño, en un estado donde la paternidad promedio ocurre veinte años después, en la treintena, es una anomalía estadística que encierra una realidad social compleja y, con frecuencia, silenciada.
Con motivo del Día del Padre, que México celebra este domingo 21 de junio, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) publica su panorama más reciente de la paternidad. Las cifras del 2024 permiten radiografiar, con precisión inusual, en qué etapa de la vida decide –o se ve obligado‒ a convertirse en padre el hombre yucateco.
La curva mayoritaria: los veinte y los treinta
La paternidad yucateca tiene un centro de gravedad claro. En el 2024, los hombres de entre 25 y 29 años encabezaron los nacimientos en la entidad con 4,716 bebés, equivalentes al 22.8 por ciento del total. Inmediatamente detrás aparecen los padres de 30 a 34 años, con 4,562 neonatos (21.9%), y los de 20 a 24 años, con 3,978 (19.1%). En conjunto, estos tres grupos de edad –los hombres de segunda y tercera décadas‒ acumulan el 63.8 por ciento de todos los nacimientos registrados en Yucatán ese año.
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El patrón se repite a escala nacional. De los 1,086,087 nacimientos que ocurrieron en México durante 2024, el grupo de padres de 25 a 29 años también lidera con 227,098 bebés (20.9%), seguido por los de 30 a 34 años con 213,220 neonatos (19.6%). México, en términos estadísticos, es un país donde la paternidad se concentra en la tercera década de vida.
Dentro de la Península de Yucatán, sin embargo, el mapa no es uniforme. Mientras que Yucatán y Campeche tienen su pico de paternidad en el grupo de 25 a 29 años –con 4,716 y 1,666 bebés respectivamente‒ en Quintana Roo el grupo dominante es el de 30 a 34 años, con 2,812 nacimientos. La diferencia refleja la composición demográfica de cada entidad: Quintana Roo, con mayor flujo migratorio y una economía turística que atrae población adulta, tiende hacia una paternidad algo más tardía.
1,259 bebés con padres todavía en edad escolar
El dato que abre este reportaje –ocho bebés con padres de menos de 15 años‒ es la punta extrema de una problemática más amplia. En el grupo inmediatamente mayor, el de padres de entre 15 y 19 años, Yucatán registró 1,259 nacimientos en 2024, equivalentes al seis por ciento del total estatal. Son jóvenes que, en la mayoría de los casos, cursaban aún la secundaria o la preparatoria cuando se convirtieron en padres.
En el escalafón nacional, estas cifras ubican a Yucatán en el décimo sexto lugar entre los 32 estados en paternidad adolescente de 15 a 19 años, y en el décimo cuarto en el grupo de menores de 15. El Estado de México encabeza ambas listas, con 8,301 y 39 bebés respectivamente. Campeche cierra la tabla en ambos rubros.
A escala nacional, la cifra es igualmente reveladora: en 2024, 54,562 bebés mexicanos –el cinco por ciento de todos los nacidos ese año‒ tuvieron un padre de entre 15 y 19 años. Y otros 305 tuvieron un padre de 14 años o menos.
Lo que los números no dicen, pero los estudios sí
La paternidad adolescente ha sido históricamente la cara oculta del embarazo temprano. El debate público suele centrarse en las madres jóvenes, pero la contraparte masculina enfrenta consecuencias igualmente documentadas. El Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) y la Organización Panamericana de la Salud (OPS) advierten que ser padre en la adolescencia está asociado a deserción escolar, trayectorias laborales más precarias y dificultades para proveer un entorno estable a los hijos.
En Yucatán, investigaciones recientes arrojan luz sobre el contexto local. Un estudio publicado en 2025 en la Revista Tohil de la Universidad Autónoma de Yucatán (UADY) identificó que entre los factores estructurales asociados al embarazo temprano en comunidades mayas de la península destacan la marginación económica, la deserción escolar previa y modelos de género que equiparan la masculinidad con la paternidad a edades tempranas. El embarazo, en estos contextos, no siempre es un accidente: a veces es una expectativa cultural.
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El costo de esa expectativa es cuantificable. A nivel nacional, el UNFPA estima que el impacto económico del embarazo adolescente supera los 63 mil millones de pesos anuales, al sumar las pérdidas en educación, productividad laboral y gasto público en salud. La paternidad temprana –con frecuencia invisibilizada‒ forma parte de esa ecuación.
La paternidad madura y el vacío estadístico
En el extremo opuesto de la curva, los hombres mayores de 40 años representaron casi el nueve por ciento de los nacimientos yucatecos en 2024: 1,274 bebés de padres de 40 a 44 años (6.1%), 457 de hombres de 45 a 49 años (2.2%), y 171 de padres de 50 años o más (0.8%). En el rubro de paternidad cincuentona, Yucatán ocupa el vigésimo séptimo lugar nacional –es decir, el sexto con menor incidencia‒ muy lejos del Estado de México, que encabeza esa lista con 1,864 casos.
Hay, sin embargo, una sombra en el cuadro: 1,476 nacimientos yucatecos de 2024 –el siete por ciento del total‒ tienen la edad del padre registrada como “no especificada”. A nivel nacional, esa laguna asciende a 170,110 casos, equivalentes al 15.7 por ciento de todos los nacimientos. El dato es relevante porque distorsiona cualquier análisis de tendencias: no se sabe si esa cifra oculta más padres adolescentes, más padres maduros o, simplemente, más ausencias en el acto de registro.
El día del padre, en perspectiva
Las cifras del Inegi no celebran ni lamentan. Registran. Y lo que registran este Día del Padre es una paternidad yucateca que, en su mayoría, llega en el momento que la estadística considera óptimo: entre los 25 y los 34 años, cuando el hombre ya tiene, en promedio, más recursos, más madurez y más posibilidades de acompañar a sus hijos.
Pero los ocho bebés que en 2024 tuvieron un padre menor de 15 años no encajan en esa curva. Ni los 1,259 con padres todavía en la adolescencia. Para ellos, este domingo no es solo una fecha en el calendario: es el recordatorio de que detrás de cada número hay una historia que los datos de nacimiento apenas insinúan, y que las políticas públicas de salud reproductiva, educación sexual y apoyo a la juventud tienen la obligación de atender. La paternidad yucateca, en toda su diversidad estadística, lo exige.