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Yucatán

La hallaron con una grave lesión y un año después volvió al océano: la historia de Verdín, tortuga rescatada en Celestún

La titular de la SDS, Neyra Silva, considera que el rescate de Verdín demuestra la importancia de mantener centros especializados.

Verdín venció a la muerte tras múltiples cirugias
Verdín venció a la muerte tras múltiples cirugias / Especial

Durante un año, la vida de Verdín dependió de una cadena de esfuerzos que comenzó con un rescate de emergencia en Celestún y terminó frente a las aguas del Golfo de México. Entre ambos momentos hubo tres cirugías, tratamientos veterinarios, largas jornadas de vigilancia y el trabajo conjunto de estudiantes, profesores, biólogos y autoridades ambientales que se negaron a aceptar que aquella tortuga verde estaba condenada.

Hace unos días, en su liberación, apenas cien metros separaban a Verdín de recuperar la libertad. Sin embargo, detrás de ese breve recorrido existía una historia de supervivencia que resume los desafíos que enfrentan las tortugas marinas en las costas de Yucatán.

El ejemplar fue encontrado el 25 de junio de 2024 en Celestún con una grave lesión en la cabeza. El impacto, presuntamente provocado por una embarcación, destruyó parte de su cráneo y dejó un pronóstico poco alentador. La tortuga fue trasladada al Centro de Estudios Tecnológicos del Mar (Cetmar) de Progreso, donde comenzó un proceso de recuperación que se extendería durante doce meses.

El saqueo de nidos y los atropellamientos son las principales amenazas para las especies.

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La veterinaria Maribel Escobedo Mondragón recuerda que el caso de Verdín representa uno de los riesgos más frecuentes para estos animales: las colisiones con lanchas y embarcaciones que navegan cerca de zonas de alimentación y tránsito de tortugas marinas.

Ocho bajo tratamiento

La situación no es aislada. En las instalaciones del Cetmar permanecen actualmente ocho ejemplares bajo tratamiento por diferentes causas, entre ellas enfermedades infecciosas, ataques de animales domésticos y lesiones asociadas a actividades humanas.

Uno de los casos más complejos es el de Perla, una tortuga carey atacada por perros. A pesar de múltiples intervenciones quirúrgicas, una de sus aletas no pudo salvarse. Otros ejemplares presentan fibropapilomatosis, una enfermedad que provoca tumores y debilita considerablemente a los organismos afectados.

Historias como estas muestran una realidad poco visible para quienes disfrutan de las playas yucatecas. Aunque las tortugas marinas han logrado una recuperación importante en los años recientes, continúan enfrentando amenazas constantes derivadas de la actividad humana.

La liberación de Verdín coincidió con una temporada particularmente activa para la conservación de estas especies. De acuerdo con datos oficiales, Yucatán inició la temporada de anidación 2026 con una red de protección que cubre 279 kilómetros de litoral y opera mediante doce campamentos tortugueros distribuidos a lo largo de la costa.

Zona de conservación

Durante el 2025 se registraron más de 11 mil 700 nidos, alrededor de 1.2 millones de huevos protegidos y más de 724 mil crías liberadas, cifras que colocan al estado entre las principales regiones de conservación de tortugas marinas en México.

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Los resultados son producto de décadas de trabajo coordinado entre instituciones académicas, organizaciones civiles, dependencias gubernamentales y comunidades costeras. Gracias a estos esfuerzos, la tortuga verde ha mostrado una recuperación poblacional significativa a nivel internacional. Incluso, especialistas han destacado que su estado de conservación mejoró recientemente después de años de programas de protección, monitoreo y rescate.

Amenazas directas

Sin embargo, la recuperación no significa que el peligro haya desaparecido. Carlos León Alemán, biólogo y docente del Cetmar, explica que buena parte del trabajo de conservación consiste en proteger nidos que se encuentran en riesgo. Muchos deben ser trasladados debido a inundaciones, erosión costera o actividades humanas que amenazan directamente la supervivencia de los huevos.

En Progreso, por ejemplo, actualmente se han identificado 93 nidos distribuidos en una franja de 30 kilómetros de playa, además de otros 46 resguardados dentro del corral tortuguero del Cetmar. La vigilancia se mantiene durante toda la temporada de anidación, que se extiende hasta noviembre.

Las cifras de supervivencia son alentadoras. Entre el 72 y el 88 por ciento de las crías logra eclosionar en condiciones normales, aunque fenómenos naturales o alteraciones humanas pueden reducir considerablemente esos porcentajes. La presión sobre las playas es uno de los principales problemas.

Especialistas consultados coinciden en que la pérdida de arenales causada por fenómenos costeros y modificaciones humanas está reduciendo gradualmente los espacios disponibles para la anidación.

A ello se suma una práctica que continúa registrándose pese a las prohibiciones: el ingreso de motocicletas, automóviles y vehículos recreativos a zonas donde las tortugas depositan sus huevos.

Las llantas compactan la arena, destruyen nidos y alteran un proceso biológico que se ha repetido durante millones de años. Autoridades ambientales han insistido en la necesidad de respetar las áreas protegidas, evitar el uso de luces intensas durante la noche y abstenerse de circular con vehículos sobre las playas durante la temporada reproductiva.

Historias de supervivencia

La titular de la Secretaría de Desarrollo Sustentable de Yucatán, Neyra Silva Rosado, considera que el rescate de Verdín demuestra la importancia de mantener centros especializados capaces de atender fauna silvestre lesionada. Sin instalaciones adecuadas, recursos médicos y personal capacitado, muchos ejemplares no tendrían posibilidad alguna de regresar a su hábitat natural.

Por ello, la participación estudiantil se ha convertido en una pieza fundamental de la estrategia de conservación. En el caso de Verdín, jóvenes del Cetmar acompañaron durante meses las labores de monitoreo, alimentación y rehabilitación.

Para Yael Capu Valle, uno de los estudiantes involucrados, la experiencia trascendió lo académico. La convivencia diaria generó un vínculo emocional con una tortuga que pasó de ser un paciente crítico a convertirse en símbolo de perseverancia.

Cuando finalmente llegó el día de la liberación, Verdín pesaba cerca de 100 kilogramos y su caparazón alcanzaba aproximadamente un metro de longitud. Tras ser trasladada hasta la orilla, permaneció unos instantes inmóvil frente al agua. Después comenzó a nadar lentamente hasta desaparecer entre las olas.

La escena duró apenas unos minutos, pero resumió un año completo de trabajo. También dejó una enseñanza para Yucatán.Las tortugas marinas continúan regresando cada temporada a las costas del estado porque encuentran playas donde aún es posible anidar. Pero su permanencia dependerá de que las amenazas disminuyan y de que la conservación siga siendo una prioridad.

Verdín volvió al mar. No todas tienen la misma suerte. Cada embarcación que reduce la velocidad cerca de las zonas de alimentación, cada conductor que evita ingresar a una playa protegida y cada ciudadano que respeta los campamentos tortugueros contribuye a que historias como ésta puedan repetirse.

En un estado cuya identidad está profundamente ligada al mar, proteger a las tortugas no es solamente una tarea ambiental. Es también una forma de preservar una parte esencial del patrimonio natural de Yucatán.