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Yucatán

Del alivio a la tragedia: lluvias históricas devastan cultivos en municipios de Yucatán

Cultivos de chile habanero, tomate, pepino y calabaza fueron pérdidas tras las lluvias en Yucatán.

Productores de Kopté, Muna y Homún pierden cosechas
Productores de Kopté, Muna y Homún pierden cosechas / Por Esto!

El cielo se desplomó sobre Yucatán. Lo que debía ser el inicio benévolo de la temporada de lluvias –el momento en que los agricultores siembran con esperanza y calculan sus ingresos‒ se convirtió en cuestión de días en una amenaza directa para cientos de familias que dependen de la tierra.

Las precipitaciones intensas registradas desde finales de mayo y hasta los primeros días de junio dejaron al campo yucateco ante uno de los primeros golpes significativos de la temporada, con cultivos sumergidos, caminos rurales intransitables y productores que observan, impotentes, cómo el agua se lleva meses de trabajo.

La magnitud del temporal no fue menor. Desde el viernes 30 de mayo y hasta el martes 3 de junio, el Gobierno del Estado recibió más de dos mil 639 llamadas de emergencia en Mérida y municipios aledaños, relacionadas con los efectos de las intensas precipitaciones. La respuesta institucional fue inédita: el gobernador Joaquín Díaz Mena anunció la suspensión de todas las actividades económicas el martes 2 de junio en toda la entidad, tras una reunión extraordinaria del Comité Estatal de Emergencias. En el Diario Oficial del Gobierno del Estado quedó plasmado el carácter de la emergencia: el decreto señalaba el “alto riesgo generado por las lluvias atípicas y sus posibles afectaciones”.

Mientras la ciudad lidiaba con calles anegadas, el campo pagaba una factura distinta y más duradera.

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Trescientas hectáreas de cultivos anegadas

La Secretaría de Desarrollo Rural (Seder) reportó que al menos 300 hectáreas de cultivos presentan afectaciones en diversos municipios de Yucatán, principalmente por inundaciones y exceso de humedad en los terrenos de siembra. El titular de la dependencia, Edgardo Gilberto Medina Rodríguez, precisó que los daños se concentran en parcelas de maíz y zonas dedicadas a la producción hortícola, cultivos particularmente vulnerables a los encharcamientos prolongados.

Las zonas más afectadas incluyen municipios como Muna, Homún, Tixkokob, Sacamucuy y otras comunidades ubicadas en las zonas Centro y Sur del estado, donde muchas siembras se encontraban en etapas tempranas de desarrollo cuando comenzaron las precipitaciones más fuertes. La vulnerabilidad era especialmente alta: el inicio del ciclo agrícola coincide con el arranque de la temporada de lluvias, lo que dejó a los cultivos jóvenes sin la resistencia para soportar el exceso de agua.

Especialistas agrícolas han advertido que los encharcamientos prolongados pueden provocar la pudrición de raíces en cultivos como chile habanero, tomate, pepino y calabaza, reduciendo el desarrollo de las plantas y ocasionando pérdidas parciales o totales.

Una cosecha perdida en comisaría de Motul

En la comisaría de Kopté, en el municipio de Motul, Fernando Pool Dzib llegó a revisar sus sembradíos y encontró un panorama devastador. El aguacero del martes, que comenzó alrededor de las 14:00 horas y se prolongó por más de siete horas, anegó sus parcelas por completo. Las plantas de chile habanero, que se encontraban en plena etapa de floración, quedaron sumergidas, y con ellas la promesa de una buena cosecha para las semanas siguientes.

“Todo estaba listo para una buena cosecha, pero con tanta agua las raíces terminan dañándose y la planta ya no se recupera. Prácticamente es una pérdida total”, expresó el horticultor.

La situación de Pool Dzib ilustra la vulnerabilidad de decenas de familias que dependen exclusivamente de la agricultura en las comisarías rurales. Además del chile habanero, cultiva papaya maradol y otras hortalizas de temporada, cuya comercialización representa el sustento principal de su hogar. El productor calculaba sus ingresos sobre un precio de mercado de alrededor de 50 pesos por kilogramo de chile, una cotización que hacía viable la temporada. Con la pérdida de los cultivos, esa proyección se esfuma.

Describió también un riesgo adicional que se cierne sobre los sembradíos una vez que bajan las aguas: el exceso de humedad combinado con las altas temperaturas puede provocar que las raíces se “sancochen”, un proceso de descomposición acelerada que elimina cualquier posibilidad de recuperación parcial de las plantas. Es decir, el daño no termina cuando deja de llover.

Pool Dzib recordó que Kopté ya vivió una situación parecida hace cinco años, cuando lluvias persistentes mantuvieron aisladas a numerosas familias durante varios días. En esta ocasión, aunque la duración fue menor, el volumen de agua descargado en pocas horas fue suficiente para inundar parcelas, patios y caminos de acceso a las tierras de cultivo.

El 75% de las siembras depende del cielo

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El caso de los productores afectados no es una anomalía: es la expresión de una fragilidad de fondo. La distribución de la producción agrícola en Yucatán, en lo referente a superficie sembrada, es del 25% bajo el esquema de riego y el 75% de temporal, de manera que la mayoría de las siembras en el estado dependen directamente de las condiciones climáticas. En un contexto de lluvias atípicas e intensas –como las registradas en estos días‒ esa dependencia se convierte en una apuesta de alto riesgo.

El chile habanero es uno de los cultivos más representativos y económicamente relevantes del estado. Yucatán mantiene una producción promedio anual de cinco mil toneladas del picante, con un valor aproximado de 131 millones de pesos, y ocupa el primer lugar como productor nacional de esta especie. Cualquier afectación significativa en la temporada de producción tiene consecuencias que van más allá de las parcelas: repercute en los mercados locales, en la cadena de distribución y en los precios que pagan los consumidores yucatecos.

Los antecedentes recientes confirman el patrón. En el 2024, una combinación de sequía extrema entre marzo y mayo, seguida de lluvias excesivas, desencadenó una crisis en el abasto de productos agrícolas básicos. Limón, cilantro, rábano y chile habanero –esenciales en la gastronomía local– registraron incrementos en sus precios de entre 200% y 300%, según reportaron líderes campesinos. La historia amenaza con repetirse.

El pronóstico meteorológico no ofrece alivio inmediato. De acuerdo con el Servicio Meteorológico Nacional, se prevén lluvias puntuales muy fuertes principalmente en el Norte y Occidente de Yucatán, lo que mantiene en alerta a productores de toda la entidad.

Ante este escenario, Fernando Pool Dzib hizo un llamado que resume el sentir de muchos agricultores de la región: “Contra la naturaleza no se puede luchar. Sólo esperamos que llegue algún apoyo para los productores que hoy estamos perdiendo nuestras cosechas”.

Para las familias rurales de Yucatán, el problema es urgente y concreto: no hay cosecha que vender, los gastos de la siembra ya se hicieron, y la siguiente temporada –si las condiciones mejoran‒ está meses adelante. La tierra puede esperar; las familias, no.