La rápida urbanización de Mérida obliga a replantear el manejo del agua antes de que el sistema natural de infiltración colapse, advirtió el expresidente del Colegio de Arquitectos, Hernán Gómez Amaro, quien llamó a impulsar el tratamiento de aguas residuales para preservar reservas hídricas.
Recordó que décadas atrás los predios contaban con patios amplios y árboles que favorecían la absorción del agua de lluvia. Sin embargo, el crecimiento ha sustituido áreas verdes por terrazas, estacionamientos, pavimentos y edificios verticales, reduciendo la capacidad para infiltrar el agua.
Agregó que la pérdida de cobertura vegetal, sumada a la expansión de desarrollos habitacionales y la destrucción de manglares, altera procesos climáticos y ambientales que inciden directamente en la disponibilidad de agua y en las condiciones térmicas de la región.
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“El comportamiento del viento, lluvia y clima tiene que ver con la presión barométrica, la precipitación pluvial, absorción, áreas boscosas, montes y demás”, explicó.
Gómez Amaro alertó que el modelo actual privilegia la descarga de aguas residuales al subsuelo sin aprovecharlas ni tratarlas, práctica que considera insostenible ante el crecimiento de la ciudad y la presión sobre los recursos hídricos.
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Por ello, propuso que las normas de construcción incluyan criterios vinculados al ciclo del agua y promuevan sistemas de tratamiento para reutilizar las aguas residuales en sanitarios, áreas verdes, e incluso mediante procesos avanzados, para otros usos.
Añadió que el desarrollo debe orientarse a soluciones sustentables, económicamente viables y bajo impacto ambiental, para garantizar el agua en el futuro.