Yucatán libró una de las temporadas de incendios forestales menos severas de los últimos años, aunque la península cerró el periodo del 2026 con más de 13 mil hectáreas de vegetación consumidas por el fuego, superficie superior a la del municipio de Isla Mujeres y equivalente a más de 18 mil 600 campos de futbol profesional.
El contraste entre los tres estados fue marcado. Mientras Yucatán y Quintana Roo lograron reducir tanto el número de incendios como la superficie afectada respecto al año anterior, Campeche concentró prácticamente toda la devastación registrada durante la temporada, especialmente en el municipio de Carmen y en el entorno de la Laguna de Términos.
Entre marzo y junio se contabilizaron 51 incendios forestales en la Península de Yucatán, con un saldo de 13 mil 322.6 hectáreas dañadas por las llamas. De ese total, Campeche registró 38 siniestros que arrasaron con 12 mil 389.77 hectáreas, es decir, cerca del 93% de toda la superficie afectada en la región.
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En contraste, Quintana Roo reportó 10 incendios forestales con 597 hectáreas dañadas, mientras que Yucatán cerró la temporada con apenas tres que afectaron de manera conjunta 335.83 hectáreas.
Comportamiento desigual
Las cifras muestran que, pese a compartir condiciones climáticas similares, el comportamiento del fuego fue muy diferente en cada entidad. El calor extremo, la vegetación seca y los periodos prolongados sin lluvia estuvieron presentes en los tres estados, pero el impacto fue considerablemente menor en territorio yucateco.
La Comisión Nacional Forestal (Conafor) señala que la temporada de incendios forestales en el Sureste coincide con los meses de mayor sequía, que generalmente abarcan de enero a junio. Durante ese periodo, la combinación de temperaturas elevadas, baja humedad, escasez de lluvias y rachas de viento favorece que cualquier fuente de ignición se propague rápidamente sobre la vegetación seca.
De hecho, los reportes climáticos del organismo advirtieron que durante mayo del 2026 la Península de Yucatán registró temperaturas superiores al promedio histórico, condición que incrementó la inflamabilidad de los combustibles forestales. Posteriormente, el establecimiento de la temporada de lluvias ayudó a disminuir gradualmente el riesgo de nuevos incendios.
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Efectos a largo plazo
Aunque los incendios concluyen cuando las brigadas logran extinguir las llamas, sus efectos permanecen durante mucho más tiempo. La pérdida de cobertura vegetal deja el suelo expuesto a la erosión, reduce su capacidad para conservar humedad y altera los procesos naturales de recuperación de los ecosistemas.
Además, numerosas especies de fauna pierden refugios y fuentes de alimento, mientras que el humo deteriora temporalmente la calidad del aire y afecta a las poblaciones cercanas.
La experiencia del 2026 también confirma que la prevención sigue siendo el principal reto. La propia Conafor estima que alrededor del 98 por ciento de los incendios forestales en México tienen origen humano, ya sea por actividades agropecuarias, quemas mal controladas o acciones intencionales, por lo que el manejo responsable del fuego continúa siendo una de las herramientas más importantes para reducir estos desastres ambientales.