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Manglar de Yucatán pierde terreno: 2 mil 725 hectáreas desaparecieron en cinco años y otras 3 mil 303 presentan árboles muertos

Yucatán pierde más de 2 mil hectáreas y la Península concentra la mitad del daño cualitativo, según la Conabio.

Yucatán perdió 2 mil 725 hectáreas de manglar entre el 2020 y el 2025.
Yucatán perdió 2 mil 725 hectáreas de manglar entre el 2020 y el 2025. / Especial

Yucatán perdió 2 mil 725 hectáreas de manglar entre el 2020 y el 2025. A simple vista, la cifra -apenas 2.8 por ciento de lo que tenía el estado hace un lustro- podría leerse como una pérdida controlada, casi menor, frente a lo que ocurre en otras costas del país. Pero la sexta actualización del Inventario de Manglares de México, elaborada por la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (Conabio) con imágenes satelitales, fotografía de alta resolución y trabajo de campo, advierte que el verdadero problema no está en cuánto manglar desapareció del mapa, sino en cómo se está deteriorando el que sigue ahí.

Jorge López-Portillo, investigador del Instituto de Ecología (Inecol), lo resumió durante la presentación del estudio: aunque la pérdida neta a nivel nacional es moderada, los datos revelan un deterioro cualitativo mucho más preocupante que la simple reducción de superficie. Es decir, buena parte del manglar que técnicamente “sigue en pie” ya no funciona como debería.

Una cifra que se multiplicó por cinco

El indicador que enciende las alarmas no es la superficie perdida, sino la que Conabio clasifica como “manglar perturbado”: parches de árboles muertos o en proceso de regeneración, resultado de fenómenos naturales o de actividad humana. En Yucatán, esa categoría alcanzó las 3 mil 303 hectáreas en 2025, cifra que coloca al estado en el quinto lugar nacional por superficie deteriorada, detrás de Nayarit, Campeche, Quintana Roo y Sinaloa.

A escala del país, el fenómeno es todavía más brusco: la superficie perturbada pasó de 9 mil 680 hectáreas en 2020 a 52 mil 130 en 2025, un incremento de 538.53 por ciento en apenas un quinquenio. Y de acuerdo con López-Portillo, ese deterioro no se distribuyó parejo por el territorio: se concentró sobre todo en dos regiones del país, la Península de Yucatán, con 23 mil hectáreas afectadas, y el Pacífico Norte, con 20 mil. La Península, lejos de ser un observador externo del problema, es uno de sus dos epicentros.

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Raúl Jiménez Rosenberg, secretario ejecutivo de Conabio, explicó que la reducción de hectáreas no significa necesariamente que el manglar haya desaparecido, sino que los resultados incorporan una nueva clasificación de manglares perturbados y de manglares que están migrando hacia zonas más altas por el incremento del nivel del mar. Es un dato que cambia la manera de leer las cifras: parte de lo que antes se contaba simplemente como “hectáreas perdidas” hoy se entiende como un ecosistema que se mueve, se debilita o pierde altura y densidad ante presiones que antes no se medían con este detalle.

La Península, corazón del manglar y también de su desgaste

El peso de Yucatán, Campeche y Quintana Roo en el mapa nacional de manglares es difícil de exagerar: los tres estados concentran 537 mil 623 hectáreas, el 61.3 por ciento de las 877 mil 464 que tiene todo el país. Quintana Roo encabeza la región con 250 mil 294 hectáreas; le sigue Campeche, con 193 mil 181, y Yucatán cierra el podio regional con 94 mil 148.

Esa misma concentración explica por qué la Península también aparece entre las zonas con mayores pérdidas del quinquenio: entre los tres estados desaparecieron 29 mil 288 hectáreas entre 2020 y 2025. Campeche fue el que más superficie cedió, con 13 mil 636 hectáreas menos; Quintana Roo perdió 12 mil 927, y Yucatán, 2 mil 725. En el contexto nacional, sin embargo, ningún estado peninsular encabeza la lista de pérdida absoluta: ese lugar lo ocupa Nayarit, en el Pacífico, con 19 mil 310 hectáreas menos, seguido justamente por Campeche y Quintana Roo.

Las causas que documenta Conabio no son un misterio ni exclusivas de Yucatán: el desarrollo inmobiliario, los desmontes irregulares y actividades como la agricultura y la acuacultura aparecen como los principales motores detrás del retroceso, tanto en la Península como en el resto del país.

Un ecosistema que México no puede perder

A pesar del deterioro, México conserva el cuarto lugar del mundo en superficie de manglar, con cerca de 6 por ciento de la cobertura global, solo por debajo de Indonesia, Australia y Brasil. Los manglares ocupan apenas 0.4 por ciento del territorio nacional, repartidos en los 17 estados costeros del país, pero su función ecológica es desproporcionadamente grande frente a su tamaño: actúan como barrera natural contra huracanes, marejadas e inundaciones, y sostienen zonas de refugio, alimentación y reproducción para un número amplio de especies marinas y terrestres.

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Para Yucatán, esa función de escudo costero no es un dato abstracto de manual de biología. Es la diferencia entre una franja litoral que amortigua el oleaje de un huracán y una que queda expuesta directamente a él. Cada hectárea que pasa de “manglar sano” a “manglar perturbado” es, en los hechos, un tramo de esa barrera que empieza a perder capacidad de respuesta, justo en una entidad donde la costa concentra población, actividad turística y pesquera, y presión inmobiliaria creciente.

Conabio no ofrece un diagnóstico cerrado sobre las causas puntuales de cada hectárea perturbada en Yucatán –la propia comisión reconoce que en la mayoría de los casos aún no se han identificado con precisión los factores detrás del deterioro‒ pero sí es clara en su recomendación: mantener monitoreos anuales que permitan detectar oportunamente las zonas dañadas y actuar antes de que el deterioro se vuelva irreversible. En un ecosistema donde la restauración, cuando es posible, puede tomar años o décadas, la ventana para intervenir a tiempo es, según los propios especialistas, la variable que más está en juego.