Para quienes transitan por las avenidas de Mérida, hay una estructura que durante décadas ha despertado curiosidad, preguntas y hasta teorías entre automovilistas y vecinos: un enorme cohete metálico colocado a un costado de una transitada vialidad.
Aunque muchos lo consideran simplemente una excentricidad urbana, pocos conocen la verdadera historia detrás de este peculiar monumento que se ha convertido en uno de los símbolos más extraños y recordados de la ciudad.
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Un cohete inspirado en la Segunda Guerra Mundial
El famoso cohete de Mérida no fue diseñado al azar. Se trata de una escultura metálica inspirada en los cohetes espaciales V-2 utilizados durante la Segunda Guerra Mundial.
Estas aeronaves fueron consideradas una de las tecnologías militares más avanzadas de su época y marcaron el inicio de la era de los misiles modernos.
Con el paso del tiempo, la réplica instalada en Mérida terminó convirtiéndose en un elemento urbano tan conocido que incluso sirve como referencia para ubicar calles y colonias.
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Cómo llegó el cohete a Mérida
La historia de esta estructura comenzó en la década de los años 80, cuando apareció como parte de una estrategia promocional de la agencia General Motors.
En aquel entonces, el cohete fue colocado inicialmente sobre Paseo de Montejo, llamando de inmediato la atención de los meridanos por su tamaño y diseño poco común.
Posteriormente, el empresario Omar Díaz, propietario de la agencia, decidió trasladar la escultura frente a su propiedad en la Hacienda Petcanché, sitio donde permanece hasta la actualidad y donde se volvió parte del paisaje cotidiano de la ciudad.
Un símbolo extraño que ya forma parte de Mérida
Aunque para algunos pueda parecer solamente una escultura antigua, el cohete terminó convirtiéndose en una pieza de identidad urbana.
Su historia mezcla publicidad, nostalgia, política y cultura popular, elementos que han hecho que varias generaciones de meridanos lo recuerden como uno de los puntos más curiosos de la ciudad.
Hoy, el llamado “cohete de Mérida” continúa siendo uno de esos lugares que llaman la atención de visitantes y locales, demostrando cómo un objeto colocado hace más de 40 años logró transformarse en parte de la memoria colectiva de la capital yucateca.