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Yucatán

El Caribe “hirviendo” y el calor extremo: la combinación que provocó lluvias históricas en Yucatán

Expertos de la UNAM y la UADY explican sobre las lluvias históricas que golpearon a Yucatán.

Calor extremo, humedad del Caribe y urbanización sin control causan el fenómeno que rompió récords en mayo
Calor extremo, humedad del Caribe y urbanización sin control causan el fenómeno que rompió récords en mayo / Por Esto!

El cielo sobre Mérida se abrió el 29 de mayo como pocas veces en su historia registrada. Entre las tres de la tarde y la medianoche, la capital yucateca recibió 153.6 milímetros (mm) de lluvia en el Sur –medidos en el Observatorio Meteorológico ubicado en el aeropuerto‒ y 148.8 mm en el Poniente. En apenas horas, cayó el doble de lo que normalmente llueve en todo un mes de mayo. Más de 200 calles quedaron anegadas, 522 colonias reportaron afectaciones y la ciudad se asomó a un escenario que no vivía desde el paso de la tormenta tropical Cristóbal en 2020.

Pero las lluvias del 29 de mayo no fueron un accidente aislado ni una contradicción con el sofocante calor que agobiaba a la región días antes. Por el contrario, son dos caras de la misma moneda: la dinámica atmosférica que impera sobre la Península de Yucatán cuando el Caribe hierve y la humedad no encuentra escape. Así lo explicaron dos especialistas consultados, cuyas palabras arrojan luz sobre un fenómeno que sacudió no sólo a la ciudad grande, sino a comunidades como Dzidzantún, Acanceh, Motul, Progreso y la costa de Las Coloradas.

Un mar como protagonista invisible

El Dr. David Romero, profesor de la Escuela Nacional de Estudios Superiores (ENES) Unidad Mérida de la UNAM, ofrece la explicación técnica con palabras sencillas: el calor acumulado durante los días previos evaporó enormes cantidades de agua, que el Caribe –más cálido que de costumbre‒ no dejó de reponer. Cuando ese aire húmedo y caliente asciende sobre tierra, se enfría y suelta su carga en forma de lluvia intensa.

A eso se sumó una tormenta perfecta de factores: una corriente de chorro caribeña, una onda tropical activa y una zona de baja presión en los niveles medios de la atmósfera. “Tenemos un Caribe que está aportando muchísima humedad a la Península de Yucatán. Es un sistema que se alimenta gracias a la llegada constante de aire húmedo y caliente del Caribe”, señaló Romero.

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El resultado fue una semana en la que el Centro Hidrometeorológico Regional Mérida reportó que en mayo del 2026 llovió 150.5 milímetros en Yucatán –casi el doble del promedio histórico de 78.9 mm para ese mes‒ y en la que la Conagua identificó tres estaciones meteorológicas de la Península entre los cinco sitios de mayor precipitación acumulada en siete días de todo el país.

Los números no dejan lugar a dudas. En la zona Poniente de Mérida –medida en la estación OCPY del fraccionamiento Yucalpetén‒ se acumularon 339.2 mm en siete días: del 25 al 31 de mayo. En el Sur, el Observatorio sumó 304.9 mm en el mismo periodo. Para dimensionarlo: 339 mm equivalen a verter 339 litros de agua sobre cada metro cuadrado, o casi 17 garrafones de 20 litros en el espacio de un tapete de baño.

Marcas que la lluvia borró del mapa

Mayo del 2026 se convirtió en un mes para la historia pluviométrica de Yucatán. El 29, el Observatorio de Mérida superó su propio récord mensual de mayo que databa del 2010 –96.4 mms‒ y ahora posee una nueva marca: 153.6 mm en 24 horas. Ese día entró al cuarto lugar de los días más lluviosos en la historia del observatorio, sólo por debajo de la tormenta Cristóbal (201.2 mm en junio de 2020), de una tormenta de septiembre de 2006 (167.6 mm) y de un aguacero de diciembre de 1991 (162 mm).

El 31 de mayo, dos días después, el Poniente y el Norte de Mérida volvieron a protagonizar el listado nacional: la estación OCPY registró 148.8 mm, la FIUady de la UADY en el Norte sumó 115.1 mm –nuevo récord de mayo‒ y la estación del CICY en Xcumpich alcanzó 112.5 mm, también un récord para el quinto mes del año. En total, cuatro nuevas marcas históricas de lluvia diaria de mayo en Yucatán en apenas 72 horas. La localidad sureña de Abalá también quebró el suyo: 153 milímetros el 29 de mayo, superando una marca que resistía desde 1979.

El suelo que ya no puede absorber más

Juan Vázquez Montalvo, meteorólogo del Comité Institucional para la Atención de Fenómenos Meteorológicos Extremos (Ciafeme) de la Universidad Autónoma de Yucatán, llamó a la calma respecto al acuífero. El manto freático se ubica actualmente a 1.72 metros sobre el nivel medio del mar; para llegar al rebose que ocurrió en 2020 –cuando ciclones Gamma, Delta y Zeta se encadenaron y acumularon cerca de dos mil milímetros‒ necesitaría alcanzar los 5.20 metros. “Eso no va a ocurrir ahora con estas lluvias”, afirmó el experto, aunque advirtió que el suelo ya alcanzó su límite de absorción inmediata tras varios días de precipitaciones, lo que explica por qué calles que antes tardaban en inundarse ahora lo hacen al primer chubasco.

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El Dr. David Romero apunta al otro factor: la impermeabilización acelerada de la ciudad. El suelo kárstico yucateco tiene una capacidad natural sobresaliente para filtrar el agua –gracias a su composición caliza y su red de cavernas‒ pero cada metro de concreto, asfalto o techo que se tiende sobre él reduce esa ventaja. “No es lo mismo querer meter toda el agua por un pozo que dejar que se absorba por todos lados”, explicó el investigador de la ENES Mérida. En una ciudad que ha multiplicado su mancha urbana en las últimas dos décadas, esa diferencia se traduce en calles que se vuelven ríos al primer aguacero intenso.

Ciudad en alerta: daños, rescates y una víctima

Las lluvias de mayo no se limitaron a Mérida. En Dzidzantún, vecinos de las colonias San Diego, San Juan, San Miguel y el Centro reportaron agua dentro de sus viviendas. En Acanceh, los pozos pluviales resultaron insuficientes para drenar el volumen acumulado. En la comisaría de Calcehtok, municipio de Opichén, se produjo un deslave de cerros –fenómeno rarísimo en la planicie yucateca‒ y la costa de Las Coloradas sufrió calles cubiertas por agua, golpeando las actividades turísticas y pesqueras. Municipios como Motul, Dzemul, Cacalchén, Telchac Pueblo y Progreso completaron un mapa de afectaciones que se extendió de costa a costa.

En la colonia Mulsay de Mérida, agentes de la Policía Estatal rescataron a dos adultos mayores –de 92 y 85 años‒ que permanecían atrapados por el nivel del agua en su domicilio. El gobierno estatal decretó la suspensión de labores y clases mientras los encharcamientos cedían. La alcaldesa Cecilia Patrón informó al Consejo Municipal de Protección Civil que se atendieron 522 reportes ciudadanos en 159 colonias, se identificaron 221 calles inundadas y se realizaron 270 acciones de desazolve para restablecer la movilidad.

La emergencia, sin embargo, cobró su precio más alto en el estacionamiento de un centro comercial. Un joven de 21 años, empleado de un restaurante en Plaza Canek, murió tras recibir una descarga eléctrica al caminar sobre una zona inundada. Aunque fue trasladado con vida al Hospital Juárez, falleció minutos después. Personal de la CFE señaló preliminarmente que la falla eléctrica habría surgido en las instalaciones internas del inmueble; la Fiscalía General del Estado abrió investigación para determinar si hubo negligencia. Una tragedia que recuerda que el peligro de una ciudad inundada no es sólo el agua, sino lo que el agua esconde.

Adaptar Mérida o seguir improvisando

Para el Dr. Romero, las lluvias de mayo son también una advertencia que Mérida no puede ignorar. Señala que la ciudad necesita fortalecer su sistema de manejo pluvial, construir infraestructura de regulación hídrica y revisar la dependencia excesiva de los pozos de absorción –que pierden eficacia durante precipitaciones extraordinarias.

En paralelo, destaca el papel de los propios vecinos: mantener árboles, jardines y patios permeables dentro de sus predios no sólo ayuda a filtrar el agua, sino también a reducir las temperaturas urbanas en los días de bochorno que preceden a estas tormentas.

Respecto al cambio climático, Romero llama a evitar las explicaciones simplistas. No es posible atribuir un solo evento a ese fenómeno sin estudios especializados, advierte, aunque reconoce que el calentamiento global y el incremento de la temperatura del Caribe crean condiciones más propicias para lluvias de mayor intensidad.