No importa cuántos años pasen, la herida del 2 de octubre de 1968 sigue doliendo, transpirando y removiendo los recuerdos de uno de los episodios más oscuros en la historia de nuestro país.
Este año, la matanza ejecutada por elementos del Ejército Mexicano contra integrantes de un movimiento estudiantil que fue silenciado de la peor manera, cumplió su aniversario número 58.
La Plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco volvió a recibir a estudiantes, colectivos y manifestantes que se congregaron en este sitio, que hace más de cinco décadas fue testigo de la muerte de decenas de jóvenes que no pudieron escapar de las balas o bayonetas que terminaron con su vida y con sus ideales.
Las voces, las consignas y la fuerza de lucha de la emblemática marcha para conmemorar el 2 de octubre, se combinan con el estruendo de los disparos, gritos de sufrimiento y el sonido de los motores de las tanquetas, que al parecer se escucharán por toda la eternidad.
Este viernes 2 de octubre, la cita para comenzar la movilización desde la plaza de las Tres Culturas fue a las 16:00 horas, pero los participantes comenzaron a congregarse alrededor de las 13:00 horas.
Los elementos policiacos de la Secretaría de Seguridad Ciudadana de la capital se desplegaron en el punto de reunión y en las diferentes vías por las que se desplazarían los manifestantes. Como es habitual, el punto final de la movilización fue el Zócalo de la CDMX.
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La CDMX conmemora el 58 aniversario de aquel 2 de octubre de 1968: sigue la MARCHA EN VIVO.
No hubo saldo blanco y la movilización tuvo varios momentos de tensión, de violencia, de enfrentamientos, en los que el recuerdo del 68 y del movimiento estudiantil quedó en el olvido, para dar paso a la barbarie sin sentido que mancha la memoria de los caídos por un ideal.
En diferentes comercios a lo largo de la movilización se registraron saqueos, que fueron realizados por personas con el rostro cubierto, integrantes del bloque negro que dejaron destrozos a su paso y anaqueles vacíos tras robar la mercancía.
Artefactos explosivos fueron lanzados en el Zócalo contra Palacio Nacional, la Catedral y el edificio del antiguo Ayuntamiento. Algunos manifestantes lograron prender fuego a unas barreras de protección frente a la sede presidencial.
Aunque no se han dado a conocer las cifras oficiales, se pudo observar una intensa movilización de paramédicos en las inmediaciones del Zócalo para atender a personas que resultaron lesionadas; a un joven le estalló un petardo en la mano.
El mitin en la Plaza de la Constitución cambió los discursos por violencia, la unidad de un movimiento estudiantil por enfrentamientos con policías, los altavoces para gritar consignas por objetos explosivos, y los sueños de libertad por un andar sin dirección ni sentido.
El 2 de octubre no se olvida y no se debe olvidar nunca, pero menos se debe olvidar el origen del movimiento, lo que sucedió en 1968, y cuál era el objetivo de los estudiantes que estaban convencidos de una lucha auténtica.
Se debe enterrar para siempre la violencia y respetar la memoria de aquellos que no volvieron a las aulas nunca más, por volverse un eco eterno que aún se escucha pidiendo justicia y libertad.