El Partido Revolucionario Institucional (PRI) llega a la antesala del 2027 como una fuerza residual. Mientras Morena concentra la atención con varios perfiles ya en movimiento y el PAN intenta recomponer su estructura, el tricolor no logra colocar nombres con peso ni capitalizar el malestar que existe en sectores de la población por los servicios, seguridad en la zona continental y quejas de opacidad en la administración de Atenea Gómez Ricalde.
Los únicos liderazgos con los que cuenta el partido son de carácter estrictamente partidista e institucional, limitados a su dirigencia local, enfocados únicamente en conservar las siglas y el registro de cara a las elecciones del 2027 sin una base social o civil activa que los respalde públicamente.
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En julio del 2026, el PRI registró a José Manuel López García como presidente del comité municipal y a Rosa Emilia Vélez Reyes como secretaria general, pero más allá de ese anuncio formal, no hay una lista pública de aspirantes con trayectoria o reconocimiento ciudadano que se mueva con fuerza hacia la candidatura a la Alcaldía.
Los corrillos locales no mencionan operadores con estructura propia ni figuras que hayan construido presencia territorial en los últimos años y el partido parece atrapado en la renovación de sus órganos internos sin generar un proyecto electoral creíble.
La administración de Atenea Gómez Ricalde, primero panista y después morenista, ha enfrentado señalamientos por falta de transparencia en contratos de obra pública, el volumen de recursos destinados a ayudas sociales en periodos electorales y el deterioro de la seguridad en colonias de la zona continental. Vecinos y medios han documentado quejas por opacidad y el aumento de incidentes delictivos. Ese desgaste, sin embargo, no se ha traducido en un crecimiento del PRI. El partido no ha logrado articular un discurso opositor que convierta el descontento en intención de voto. Las cifras del 2024 dejaron claro el tamaño del problema: el tricolor quedó reducido a porcentajes marginales mientras Morena arrasó.
Éxodo y debilidad estructural
El PRI en Isla Mujeres ha perdido militantes de manera constante en los últimos años y esa tendencia se refleja en la ausencia de cuadros jóvenes y operadores con capacidad de movilización. Varios perfiles que alguna vez militaron en el tricolor o en el PAN terminaron incorporándose a las filas de Morena o a grupos cercanos al Gobierno municipal.
Históricamente, la fuerza del partido en las colonias populares como Salina Chica, La Gloria o la zona continental dependía de una estructura de “seccionales” y líderes vecinales. Sin embargo, ese tejido social se disolvió por completo. Hoy, esos liderazgos comunitarios que antes ayudaban al PRI a canalizar apoyos sociales operan bajo los comités de la actual administración local o coordinan directamente los programas federales del bienestar. El resultado es que el Revolucionario Institucional se convirtió en un partido que conserva su registro y su local, pero no logra retener ni atraer fuerza territorial suficiente para competir en serio.
No existen mediciones recientes que ubiquen al PRI como una alternativa competitiva en Isla Mujeres, el partido se encuentra en un estado de inactividad territorial en los vecindarios de la isla, por lo que no hay nombres o referentes comunitarios con los cuales la ciudadanía mantenga una vinculación partidista fuera de las oficinas de su directiva formal, por lo que sus únicas cartas visibles son las débiles presencias de José Manuel López García y Rosa Emilia Vélez Reyes.
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La lista nominal del municipio ronda los 27 mil electores, pero la participación y la distribución del voto en el 2024 mostraron que el electorado se concentró de manera abrumadora en la opción que hoy gobierna, mientras que el PRI no aparece en las conversaciones de tendencia ni en los ejercicios informales de preferencia; mientras otros partidos mueven fichas y discuten perfiles, el tricolor permanece en un segundo plano, sin aspirantes visibles y una estrategia que le permita capitalizar el desgaste ajeno.
En un municipio donde los problemas de servicios, seguridad y transparencia están a la vista, el PRI no ha sabido convertir esas demandas en una oferta política concreta. Llegará al 2027 con un comité renovado, pero sin candidatos de peso ni un relato que conecte con la gente, lo que podría provocar que en las elecciones del 2027 sus resultados sean desastrosos y podría no llegar siquiera al 3 por ciento del voto, poniéndolo en riesgo de desaparecer.