Entre flores, veladoras, oraciones y recuerdos, decenas de familias acudieron este Día de Muertos al antiguo cementerio municipal de Tulum para visitar las tumbas de sus seres queridos. Entre los visitantes se encontraba doña Petra Barrios Santana, quien llegó para recordar a sus padres, Raúl Barrios Britó y Marcelina Santana Pineda, a quienes identifica como parte de las familias fundadoras del pueblo y pioneros del comercio artesanal en la zona arqueológica.
Con nostalgia, doña Petra recordó aquellos años cuando Tulum era una pequeña comunidad rodeada de vegetación, con pocas viviendas y caminos que atravesaban la selva.
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Su familia llegó a vivir en terrenos donde rentaban espacios a los Cahuich y los Cámara, cuando todavía no existía el desarrollo urbano que actualmente caracteriza al destino turístico. Sus recuerdos también están ligados a los primeros comerciantes que encontraron en la zona arqueológica una oportunidad para ganarse la vida mediante la elaboración y venta de artesanías.
“Todo esto era pura selva y la verdad ha cambiado bastante. Me dio mucho gusto que todos ellos alcanzaron a quedarse aquí cerca, en el cementerio”, expresó mientras recordaba a sus familiares.
Relató que durante su juventud tenía un pequeño taller de costura donde confeccionaba sombreros, vestidos y otras prendas que posteriormente transportaba en bicicleta hasta la zona arqueológica para venderlas a los visitantes. Aquella actividad formó parte de los primeros años del comercio turístico en Tulum.
La entrevistada explicó que sus padres participaron en el desarrollo de la actividad artesanal y que, con el paso del tiempo, la familia decidió establecerse definitivamente en el pueblo. Actualmente, doña Petra continúa viviendo en Tulum, cerca de la Paletería Michoacán, y conserva los recuerdos de aquella comunidad donde prácticamente todos se conocían. En el antiguo cementerio descansan sus padres y otros familiares, entre ellos Mario y Francisco Barrios, por quienes acudió a elevar sus oraciones.
Para doña Petra, el 2 de noviembre representa mucho más que una tradición, pues significa reencontrarse con la memoria de quienes contribuyeron a construir el Tulum de antaño.
Mientras otras familias limpiaban sepulturas, colocaban flores y encendían veladoras, ella reflexionó sobre el paso de los años y la importancia de mantener vivo el recuerdo de los difuntos. “Aquí estamos recordándolos, orando por ellos. Es todo lo que tenemos que hacer, pedir por ellos y que Dios los reciba en su santo reino”, manifestó.
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La jornada también dejó ver el contraste entre el Tulum de sus recuerdos y la ciudad actual. El antiguo camposanto, que alguna vez recibió a las primeras generaciones de habitantes, se encuentra prácticamente saturado.
Sin embargo, para familias como la de doña Petra, este lugar conserva un valor sentimental imposible de reemplazar, porque entre sus tumbas descansan quienes fueron testigos del nacimiento y crecimiento de la comunidad. “Es nuestro hogar, aquí, el panteón es donde venimos a terminar, aquí se acaba todo”, concluyó.