Al menos nueve casos de suicidio de menores de edad se han reportado en Cancún en lo que va de 2026, de acuerdo con fuentes extraoficiales y datos recabados, aunque aún no existe un registro oficial consolidado que confirme la cifra.
Los fallecimientos de menores de edad registrados recientemente en Cancún han puesto sobre la mesa la importancia de investigar la salud mental, los factores de vulnerabilidad y la capacidad de respuesta de las instituciones para atender a personas que atraviesan situaciones emocionales difíciles.
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Entre los casos documentados en reportes periodísticos se encuentran dos menores de 13 años, cuyos fallecimientos fueron reportados el 23 de septiembre; otro menor de 14 años, el 24 de septiembre, y uno de 11 años, el 26 de septiembre. Posteriormente, se reportaron los casos de un menor de 12 años, el 21 de octubre, y de un niño de nueve años, el 28 de octubre.
Este último caso ocurrió en una vivienda del fraccionamiento Villas del Mar 3, en la Supermanzana 248. Aunque trascendió la posibilidad de que se tratara de un suicidio, las circunstancias no han sido confirmadas oficialmente.
La información disponible no permite establecer por sí sola que haya aumentado el número de suicidios entre niñas, niños y adolescentes. Tampoco existe un registro público consolidado que precise el total de casos confirmados en Benito Juárez entre el 1 de enero y el 29 de octubre de 2026.
Por ello, resulta necesario contrastar los reportes periodísticos con los registros de la Fiscalía General del Estado, que no proporcionó información pese a la solicitud realizada, así como con los datos de los servicios de salud y las estadísticas oficiales de mortalidad, en un contexto en el que la información institucional sobre estos hechos ha sido limitada.
Salud mental desde la infancia
Para la psicoterapeuta María Teresa Rishmawi, la prevención comienza en casa y requiere reconocer que niñas y niños también pueden experimentar depresión, ansiedad y sufrimiento emocional intenso.
La especialista subrayó la importancia de que madres, padres y cuidadores estén atentos a cambios persistentes en la conducta, como el aislamiento, la tristeza frecuente, el llanto recurrente o las expresiones de desesperanza. Comentarios como “nadie me quiere” o “no quiero vivir” deben tomarse en serio y motivar una valoración profesional, en lugar de minimizarlos o atribuirlos automáticamente a berrinches.
También destacó la importancia de supervisar los contenidos a los que acceden los menores en redes sociales y de mantener espacios de confianza en los que puedan expresar sus emociones sin temor a ser juzgados.
Rishmawi señaló que escuchar, observar y buscar ayuda a tiempo son acciones fundamentales para la prevención, por lo que llamó a las familias a tomar en serio el sufrimiento emocional de niñas, niños y adolescentes.
Por su parte, la psicóloga Deizi Navarro consideró que el bienestar emocional de la población infantil y adolescente requiere acompañamiento familiar, empatía social y acceso oportuno a atención psicoterapéutica.
La especialista destacó que las emociones y preocupaciones de los menores deben escucharse sin descalificaciones y que es importante reconocer cuándo una situación requiere apoyo profesional. Asimismo, sostuvo que la prevención implica fortalecer las redes de apoyo y evitar que quienes atraviesan dificultades emocionales se sientan solos.
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Un problema de salud pública
A nivel nacional, las cifras reflejan la dimensión del problema. De acuerdo con los datos de 2025 del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), México registró 8 mil 709 defunciones por suicidio; cerca de ocho de cada diez correspondieron a hombres.
En Quintana Roo, la tasa estandarizada reportada fue de 11.8 defunciones por cada 100 mil habitantes, superior a la tasa nacional de 6.7. Estas cifras corresponden a los ámbitos estatal y nacional, respectivamente, y no representan un conteo de casos de menores ocurridos en Cancún durante 2026.
Especialistas señalan que el comportamiento suicida es un fenómeno complejo en el que pueden intervenir distintos factores psicológicos y sociales. Por ello, no es adecuado atribuir un fallecimiento a problemas familiares, acoso escolar u otra circunstancia sin información que lo sustente.