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Brecha digital divide a Yucatán: comunidades rurales siguen atrapadas en el rezago

Sin internet estable, miles de jóvenes yucatecos siguen en desventaja educativa en comunidades rurales.

Pese a una cobertura de 82.9% de usuarios de internet en el estado, cientos de comunidades mayas carecen de señal
Pese a una cobertura de 82.9% de usuarios de internet en el estado, cientos de comunidades mayas carecen de señal / Por Esto!

Doña Lucía Canché no sabe cuántos megas tiene su conexión a internet. Lo que sabe es que no tiene acceso a la web. En su comunidad, un ejido de poco más de 800 habitantes en el oriente de Yucatán, la señal de celular llega a ratos –cuando el viento no sopla muy fuerte, dice con una sonrisa– y la escuela secundaria lleva dos años con una tableta descompuesta que nadie fue a reparar. Su nieta, que quiere estudiar medicina, hace la tarea en el teléfono de prepago de su mamá, agotando los pocos megas que compra cada semana.

Esa es la otra cara de Yucatán: la que no aparece en los comunicados de prensa sobre parques tecnológicos, ferias de ciencia y premios de innovación. El estado presume, con razón, haber llegado al 82.9 por ciento de usuarios de internet entre su población total. Pero ese promedio esconde una geografía de desigualdad que parte al estado en dos: el Yucatán conectado y el Yucatán que espera.

El número que engaña

La Encuesta Nacional sobre Disponibilidad de Tecnologías de la Información en Hogares (Endutih) registró esa cifra del 82.9 por ciento como un logro. Pero un diagnóstico de conectividad de la Península de Yucatán elaborado en el 2024 por IXSY y EFTS Group advirtió que basar el análisis únicamente en cobertura poblacional puede llevar a conclusiones sesgadas. La cobertura no es lo mismo que la calidad del servicio, ni que la capacidad real de usarlo.

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El informe, basado en el Score Municipal de Conectividad (SMC), mostró que vastas zonas rurales de la península tienen cobertura nominal –es decir, técnicamente existe una antena cerca– pero la velocidad de conexión es tan baja que no permite cargar un video educativo, hacer una videollamada médica ni descargar un archivo de trabajo. La cobertura existe en el papel; la conectividad real, no.

Los estados con mayor población indígena en México –entre los que Yucatán ocupa el segundo lugar nacional– son precisamente los que registran mayor rezago digital. Y el rezago digital y el rezago educativo se retroalimentan: según datos del Inegi, el promedio de escolaridad de la población indígena en México es de 5.7 años, muy por debajo de los 9.5 años del promedio nacional.

A menor escolaridad, menor capacidad de aprovechar la tecnología. A menor acceso a tecnología, mayor dificultad para seguir estudiando.

El salón de clases partido en dos

La pandemia de COVID-19 puso bajo reflectores una realidad que ya existía pero que nadie quería ver del todo. Cuando la SEP ordenó las clases en línea en 2020, millones de estudiantes rurales e indígenas quedaron excluidos de facto.En Yucatán, las comunidades mayas fueron las más golpeadas. Maestros que imprimían hojas de trabajo y las distribuían. Familias que buscaban zonas para captar señal. Estudiantes que abandonaron la escuela porque no había cómo seguir.

Ese trauma dejó cicatrices que aún no sanan. El 41 por ciento de los jóvenes yucatecos que abandonaron sus estudios reportó causas relacionadas con falta de apoyo emocional, problemas familiares o condiciones psicológicas adversas, según la ENOE 2023. Pero detrás de esas causas hay frecuentemente una causa material: sin internet, sin dispositivos, sin clases presenciales accesibles, la escuela simplemente deja de ser posible.

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El Gobierno del estado ha respondido con programas de inclusión digital, talleres y la estrategia de Triple Hélice que busca articular academia, gobierno y sector productivo. La Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación (Secihti) anunció para el 2026 un enfoque en reducir las brechas de desigualdad en el acceso a los beneficios sociales de la ciencia y la tecnología. Son compromisos reales. Pero en la práctica, los programas han llegado más a las cabeceras municipales que a las comisarías y rancherías.

La trampa del celular

Hay un dato que suele usarse para minimizar el problema: casi todos tienen teléfono celular. Es cierto. Pero tener celular no equivale a tener acceso digital pleno. El celular de prepago con 300 megas semanales no permite tomar un curso en línea. El celular sin plan de datos no permite enviar una solicitud de empleo. El celular con señal inestable no permite hacer una consulta médica por telemedicina.

La brecha digital, explican los investigadores, tiene tres capas: la brecha de acceso –no tener dispositivo ni conexión–, la brecha de uso –no saber cómo aprovechar la tecnología– y la brecha de apropiación –no poder integrarla a la vida productiva y social de manera significativa. En las comunidades mayas de Yucatán, las tres capas coexisten y se refuerzan.

Y hay una dimensión de género que pocas veces se nombra: en América Latina, el 40 por ciento de las mujeres no están conectadas o no pueden pagar el acceso a internet, según Naciones Unidas.

En comunidades indígenas rurales de Yucatán, esa proporción es significativamente mayor. Las mujeres mayas -que además cargan con la mayor parte del trabajo de cuidado- son quizá el grupo más desconectado del estado más conectado del sureste.

Mientras la Secihti celebra ferias de ciencia y premios de innovación en Mérida, doña Lucía espera que alguien repare la tableta de la escuela de su nieta. No es una metáfora. Es una tableta descompuesta. Y en ella, tal vez, estaba el futuro de alguien.