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Sismos en el Sur de Yucatán encienden alertas: expertos advierten riesgos en el subsuelo kárstico

Investigadores han urgido a actualizar los mapas de peligros geológicos e integrar la sismicidad en los atlas de riesgo municipales y estatales.

Temblores en serie ponen bajo la lupa la Falla de Ticul; científicos exigen actualizar Atlas de Riesgo
Temblores en serie ponen bajo la lupa la Falla de Ticul; científicos exigen actualizar Atlas de Riesgo / Especial

El viernes 17 de abril a las 19:00 horas, un sismo de magnitud 3.9 sacudió el Sur de Yucatán. El epicentro se ubicó a 18 kilómetros al noreste de Ticul, a sólo cinco kilómetros de profundidad. El movimiento fue percibido en 11 municipios: Tecoh, Ticul, Chapab, Sacalum, Mama, Dzán, Maní, Chumayel, Tekit y Homún. Un día después, el sábado 18, otro sismo de 3.8 grados golpeó la misma zona. No fue la primera vez en semanas: en diciembre de 2025, tres movimientos –de 3.5, 3.7 y 4.1 grados– también tuvieron epicentro en el área de Ticul y Muna.

La respuesta oficial de la Coordinación Estatal de Protección Civil (Procivy) fue inmediata y tranquilizadora: “Sismos de baja intensidad, sin riesgo para la población ni para la infraestructura”. Ningún daño reportado. El mensaje es correcto para los sismos ocurridos. Pero deja sin responder las preguntas de fondo.

Sistema tectónico: la clave bajo tierra

La Falla de Ticul es la estructura geológica más importante de la península. Se extiende aproximadamente 130 kilómetros –algunas fuentes citan 100, otras hasta 130– con rumbo oeste-noroeste, desde Maxcanú hasta el Sur de Ticul. No es una sola fractura, sino un conjunto de fallas que conforman una zona de deformación activa. A ella se suman la Falla Campeche-Hecelchakán, la Falla de Holbox y la Falla de Río Hondo, que en conjunto forman un amplio sistema tectónico que cruza la Península.

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La doctora Juana Elia Escobar Sánchez, responsable del Laboratorio de Geología de la ENES-UNAM en Mérida, explicó que estos movimientos “son características de una zona pasiva, pero no quiere decir que no haya movimientos”.

La investigadora María Luisa Villarreal Sonora fue más directa: el mito de una península libre de sismos no viene de la geología, sino de la experiencia reciente. La región se formó mediante procesos tectónicos intensos y sus fallas siguen activas.

El Karst y los cenotes

Aquí es donde el análisis se vuelve más complejo y preocupante. Yucatán no es sólo caliza estable: es un sistema kárstico vivo, con cavernas, ductos subterráneos, cenotes interconectados y un acuífero que almacena prácticamente toda el agua dulce del estado. Este subsuelo tiene una dinámica propia que podría interactuar con la actividad sísmica de formas que la ciencia todavía no ha medido en detalle para la región.

El sitio especializado Contrapunto MX publicó un análisis en diciembre de 2025 enumerando hipótesis que la comunidad científica contempla –sin confirmar– como posibles factores de los sismos recientes: variaciones hidrodinámicas del acuífero, fluctuaciones en la presión de poros por extracción intensiva de agua, alteraciones del subsuelo por excavaciones, canteras y urbanización acelerada, y la dinámica propia de sistemas kársticos donde pequeñas variaciones pueden transmitirse kilómetros.

La investigadora Villarreal Sonora añadió que incluso sismos de baja magnitud pueden modificar las cavernas del subsuelo y aumentar el riesgo de colapsos, hundimientos o alteraciones en el flujo del acuífero, especialmente ante el crecimiento urbano y la demanda hídrica. Ninguna autoridad ha respondido públicamente esta hipótesis.

Excavaciones y el boom inmobiliario

El doctor Francisco Bautista Zúñiga, investigador del Centro de Investigaciones en Geografía Ambiental de la UNAM, planteó una hipótesis que las autoridades no han refutado: algunos microsismos podrían originarse en las excavaciones y explosiones en sascaberas utilizadas para la extracción de material pétreo, las cuales en ocasiones se realizan sin la técnica adecuada y pueden provocar vibraciones que afectan viviendas.

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El dato de contexto es relevante: Yucatán vive uno de los booms inmobiliarios y turísticos más intensos de su historia. Las obras de infraestructura –fraccionamientos, hoteles, corredores comerciales, carreteras– implican excavaciones y movimientos de suelo en escala sin precedente para la región. El subsuelo kárstico de la península es particularmente sensible a este tipo de intervenciones.

Lo que no dicen los Atlas de Riesgos

El Atlas de Peligros por Fenómenos Naturales del Estado de Yucatán, en su versión 2024, reconoce que el estado “está prácticamente exento de agentes perturbadores de origen geológico” pero inmediatamente matiza: “La conformación del subsuelo ocasiona eventos como hundimientos, cuando éste sufre fracturas o acomodos, que comprometen la seguridad del entorno”. Es una concesión importante, aunque insuficiente.

Investigadores como Villarreal Sonora han urgido a actualizar los mapas de peligros geológicos e integrar la sismicidad en los atlas de riesgo municipales y estatales. La recomendación concreta: incluir explícitamente la posibilidad de sismos en los protocolos de protección civil y evaluar la vulnerabilidad de las construcciones en las zonas más cercanas a las fallas activas –especialmente el Cono Sur del estado.

El simulacro sin cultura

Cada año se realiza el Simulacro Nacional, y se espera que en Yucatán suene la Alerta Sísmica en los celulares. Procivy informó que la alerta sólo se activaría ante sismos de magnitud superior a 5 en un radio de 170 kilómetros. Pero el problema es otro: para la mayoría de los yucatecos, ese sonido será completamente desconocido.

La cultura de prevención sísmica no se construye con un simulacro al año. Se construye con educación continua en escuelas, protocolos claros en edificios públicos y privados, señalización de rutas de evacuación y evaluaciones periódicas de infraestructura. Nada de esto existe de manera sistemática en Yucatán, porque hasta hace muy poco el argumento era: Aquí no tiembla.